Opinión

  • | 1999/02/12 00:00

    ¿Apocalipsis de la ciencia?

    El Plan de Desarrollo sólo dedica dos páginas y media a la ciencia y la tecnología.

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En el viaje a Cuba, el mejor regalo que el Presidente Pastrana recibió del Comandante Castro fue una fórmula para la vida: paciencia y persistencia. No parece una receta muy original, los asiáticos la conocen desde antes de Confucio y, con seguridad, está en los textos básicos de la Escuela de Negocios de Harvard. Lo nuevo está en que esas virtudes no forman parte de nuestra cultura.



Una excepción notable es un proceso que empezó hace treinta años y que, en esta década, con la llegada de la sociedad de la Información y el Conocimiento, adquirió una mayor relevancia: la conformación y consolidación de la comunidad científico-tecnológica nacional.



No ha sido fácil. Pasamos, sin escalas, del Sabio Caldas a Patarroyo y Llinás. La apoteosis vino con la Misión de Sabios de Gaviria. El mensaje: educación, ciencia y tecnología son la llave del futuro y nos propusimos invertir en ello el 1,0% del PIB.



Después de la euforia, estamos al borde del apocalipsis. Dos páginas y media, perdidas en el capítulo sobre las exportaciones, muestran la poca importancia que el Plan de Desarrollo le concede a la ciencia y la tecnología. Las cifras son dramáticas. La propuesta para el presupuesto del 99 era $163.000 millones, pero la apropiación inicial pasó a $69.000 millones. Actualmente, se ha reducido a $38.000 millones, de los cuales están congelados $10.000 millones, y otros $10.000 millones están comprometidos para pagar gastos de estudiantes becados en el exterior.



La construcción de una comunidad científico-tecnológica es un proceso de largo plazo. El Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología lleva 8 años de labores con logros importantes y deficiencias visibles. Sin duda, requiere una revisión seria y realista.



La articulación con otros sectores del Estado, que para su desarrollo se deben apoyar en avances científico-tecnológicos, es ínfima y en varios casos nula. La distancia con el Mineducación es gigantesca. Este es un error. La ciencia y la tecnología se fundamentan en la Educación Superior y deben ser parte del proyecto educativo del país.



Estamos en las primeras etapas en la construcción del Sistema Nacional de Innovación. Están apareciendo centros de desarrollo tecnológico, incubadoras de empresas de base tecnológica y parques tecnológicos, que sirven para propiciar la interacción entre sector productivo, academia y gobierno. Pero el acercamiento entre estos sectores es incipiente y complicado. Una falla notable es la ausencia de la ingeniería en el Proyecto Nacional de Ciencia y Tecnología.



Estamos a tiempo para evitar el colapso, en pocos meses, del trabajo de tantos años, pero necesitamos acciones de urgencia y una revisión del compromiso gubernamental. Detrás de este panorama hay una gran ironía: las Farc, en la agenda de negociación, plantean que el 10% del presupuesto nacional se debe dedicar a investigación científica. Un científico mordaz decía: "Ojalá que se descongelen rápido las negociaciones".
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