Opinión

  • | 2010/04/30 12:00

    Análisis de la campaña

    A seis semanas de la primera vuelta de la elección presidencial, el tema de la guerrilla y la 'seguridad democrática' ya no es el único factor para la decisión de los votantes. En parte porque los mismos resultados -sea su fracaso o su éxito- ya están descontados; y en parte porque otros temas le compiten como prioridad.

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En toda campaña política las encuestas muestran una foto del momento -que por sí sola no es muy significativa-, y, si se toman en serie, lo que se ve es el equivalente a una película que uno supone cómo va a terminar.

En la actual, lo característico es que los cambios son tan drásticos y vertiginosos que, como foto, ha sido más lo que engañan que lo que muestran, y, como serie, la rapidez de los cambios hace que se pueda especular sobre escenarios pero que una proyección a más de tres semanas sea como jugar a la lotería.

A seis semanas de la primera vuelta el tema de la guerrilla y la 'seguridad democrática' ya no es el único factor para la decisión de los votantes. En parte, porque los mismos resultados -sea su fracaso o su éxito- ya están descontados; y en parte porque otros temas le compiten como prioridad.

El gobierno Uribe al tiempo que se identificó con la guerra contra las Farc, deja dos efectos laterales que hoy le pueden ganar en importancia: uno, el fracaso en los temas económicos y sociales, en particular el empleo y la salud; y el otro, los métodos usados bajo el principio del 'todo se vale', donde la politiquería, la falta de ética y la corrupción en todas sus formas -y principalmente de la política- rompieron todo límite anterior.

Al día de hoy, en la primera vuelta parece inevitable que aún quede el tema de la guerra, con la competencia entre la 'U' con Santos y el Partido Conservador con Noemí, definida a favor del más respaldado por Uribe.

Por el otro lado están los que buscan jugar en los otros dos escenarios: con el de la Justicia Social, el Partido Liberal; y con el de la ética y la 'Cultura Ciudadana', el Partido Verde.

El Partido amarillo o Polo y Cambio Radical parecen haber desaparecido como opción, justamente por no tener como marco de acción una lucha de escenarios sino solo una administración de campaña alrededor de perseguir votantes.

Así las cosas, lo más probable (reiterando que es a seis semanas de la primera vuelta) es que con Santos pase Mockus a segunda vuelta en base a lo hastiada que está la gente de sufrir decepción tras decepción, y vote emocionalmente (y claro, impulsada mediáticamente) por 'algo diferente'. La fuerza no es de 'los verdes' sino de la imagen personal de Mockus, con su actitud 'pedagógica', sus extravagancias y su promoción de unos 'valores', entendidos estos como lo contrario de lo malo que caracteriza a nuestros gobiernos y a nuestra ciudadanía.

Se produciría entonces una competencia no solo entre los imaginarios que cada cual vende, sino entre las estrategias que diseñen y los métodos de campaña que usarán -y que ya están usando-. A Santos, ubicado en la derecha, le queda difícil pescar votos en el centro y en la izquierda. Como los votos los captan los candidatos pero no los manejan ni dependen de ellos, los del PIN le llegan por afinidad ideológica; por lo mismo, los 'duros' o los que siguen a los símbolos del Partido Conservador -'los delfines de 80 años'- están con él; y por eso, al decir Vargas Lleras que votará por él en segunda vuelta, se abrió la puerta para que los realmente radicales de su partido lo apoyen desde la primera vuelta. Y como Noemí le quita votos en el nicho uribista, su opción de ganar en primera vuelta depende de que Mockus ayude a 'desaparecerla'.

Eso en la medida que no sería raro que fracase en el momento de la movilización una campaña presidencial sin ninguna organización, sin experiencia gerencial política, sin recursos económicos, ni desearlos, ni saber cómo usarlos. Y como mal que bien su crecimiento algo desaforado depende del rechazo a 'lo mismo de siempre' pero también de las expectativas que alimente, es posible que la falta de respuestas y propuestas concretas genere un desencanto tan rápido como el que lo hizo subir en las encuestas.

Sin embargo, en este primer escenario con Santos y Mockus en segunda vuelta, Mockus podría tener las de ganar: en parte porque la 'marea verde' tendría efecto de bola de nieve en la franja que algunos llaman 'voto de opinión'; en parte porque alrededor de esa candidatura se unirían todas las vertientes que no quieren más uribismo; y en parte porque en un país acostumbrado a votar en contra no son pocos los uribistas que desconfían de Santos.

El segundo escenario más probable sería el de Noemí vs. Santos. En este parece evidente que ella no tiene opción. Su desplome muestra lo débil de su candidatura; aún si queda de segunda no cuenta con el Partido Conservador sino solo con los seguidores de Pastrana -lo cual puede ser tanto lo que aporta como lo que perjudica-; y justo o injusto ha quedado la imagen mediática de que es muy mala en sus presentaciones.

Un tercer escenario, menos probable pero no imposible y en todo caso mucho más deseable, es que el eventual desplome de Mockus (en tanto más 'celebrity mediática' que político) coincidiera con una alta votación liberal.

Es posible porque en todas las encuestas sobre filiación partidista el respaldo mayoritario lo tiene el Partido Liberal. Por eso en las elecciones estuvo de tercero; sí, después del Partido Conservador, pero muy por encima de las otras agrupaciones. Confundidos en uno el conservatismo y la 'U', el liberalismo como partido debería tener la mejor opción.

Lamentablemente, su estrategia pareciera dirigida al fracaso. El liberalismo en su dirigencia se volvió el Gavirismo o el ala de centro, extraña al sentimiento del pueblo liberal; extraña también a lo que proclaman sus estatutos, su definición ideológica y su historia; y lo que es igualmente grave, alejada de sus bases y de sus cuadros tradicionales. Como si fuera poco, en un acto de deslealtad escandaloso, el ex presidente asumió por adelantado la derrota, achacó la culpa a las características del candidato Pardo y planteó la posibilidad de alianzas con el eventual gobierno de Santos.

Pero no sería raro que los que simplemente votan porque 'soy del Partido Liberal' así lo hagan; no el voto calificado o crítico sino el de la afiliación de familia.

Y nunca es tarde para cambiar de estrategia. Llamar a votar por el partido, más que por el candidato. Con seguridad atrae más votos 'Liberal vota Liberal' que 'Pardo Presidente'. Y contrariamente a lo hecho por Gaviria, mostrar que para gobernante Pardo es el mejor candidato: que sus propuestas no son improvisaciones de campaña sino programas de un partido que corresponden a una ideología y una tradición en la cual se cuentan la educación obligatoria, el voto de la mujer, las leyes sindicales, etc., todas en defensa de una sociedad más justa; que él no es un candidato 'verde' en el sentido de que lo que Mockus ofrece como promesas Pardo lo tiene como historial, puesto que ha tenido tanta trayectoria como Santos o Noemí, pero sin buscar nombramientos o embajadas mediante adhesiones oportunas u oportunistas a los ganadores; por el contrario, ha sido elegido y ha seguido su conciencia en respaldo de lo que cree, al punto de volverse contra Uribe cuando este, además de dejar ver su poco talante liberal, se reconoció prácticamente como identificado con la causa paramilitar; que no es candidato promovido por los medios porque no se dedica a cautivarlos para que lo vendan como una pasta de dientes, sino que ofrece seriedad y responsabilidad.

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