Opinión

  • | 1995/08/01 00:00

    Anales de incompetencia

    El sistema vial colombiano es peor que el de cualquier país africano.

COMPARTIR

El único camino viable para salir de nuestra pobreza es el comercio, tanto nacional como internacional, ya que la autarquía conduce exclusivamente a la asfixia económica. Es también obvio que para lograr impulsar el desarrollo del comercio es indispensable contar con una infraestructura adecuada. Así ocurrió en todas las naciones que a través de la historia se han enriquecido con el comercio, desde los fenicios hasta la Gran Bretaña y los Tigres del Pacífico.

Ni aun los más acérrimos defensores de los últimos gobiernos pueden negar que la infraestructura del país, principalmente en redes viales y férreas, no se ha acondicionado aún en el más mínimo grado para responder a los procesos de integración comercial.

Pero tan evidente realidad parece haberles pasado por alto a nuestros gobernantes, ya que los indicadores de las deficiencias de la infraestructura vial ratifican en forma contundente, según reciente estudio de "El Espectador", que Colombia anda peor que los países más atrasados del planeta. Aunque el lector no lo crea, Bangladesh cuenta con cinco veces el número de kilómetros de carreteras pavimentadas por miles de kilómetros cuadrados de superficie nacional respecto a Colombia. Somalia, Uganda, Etiopía, Guinea, Senegal, Ruanda, Zimbabwe, Ghana y Burundi, nos llevan considerable ventaja. Por cada millón de habitantes, Colombia sólo tiene 309 kilómetros de carreteras pavimentadas y en países que están en similar grado de desarrollo el promedio llega a 683 kilómetros. Respecto a ellos estamos por debajo de la mitad y 33 veces más lejos que nuestros vecinos de Venezuela. Más que una vergüenza, es un escándalo.

Nadie pone en tela de juicio que una de las principales causas de la baja competitividad del país es el lastimoso estado de nuestras vías. Según expertos, parte de los problemas estructurales se debe a que durante los últimos diez años Colombia se ha dedicado a rehabilitar exclusivamente las vías cuando están casi intransitables, en lugar de mantener preventivamente la red vial y evitar su deterioro. Por ello hoy se requieren $818.000 millones para modernizar las vías, diez veces más que si se hubiera realizado un mantenimiento adecuado cada cuatro años.

El gigantesco hueco negro de nuestra infraestructura vial le genera a la economía colombiana sobrecostos estimados en US$280 millones anuales que, según Analdex, se traducen en un arancel adicional del 12% para las importaciones y del 18% sobre las exportaciones.

El plan de desarrollo presentado al Congreso por el actual gobierno aspira que el sector privado financie el 33% del sector transporte. Pero la realidad es que atraer estas cifras no es tan sencillo, en buena parte por la incapacidad del Estado de definir unas reglas claras de juego, que son en últimas las que atraen o ahuyentan a los inversionistas nacionales y extranjeros. Problemas como la carencia, tardanza e indefinición en lo que se refiere a las licencias ambientales, a la disponibilidad de predios y a diseños precarios e imprecisiones jurídicas en los contratos, hacen que se desvirtúe la esencia misma de las licitaciones con participación del sector privado, que le huye más que al riesgo, a la incertidumbre.

La solución integral sin duda alguna no es nada fácil. Las concesiones, siempre y cuando se solucionen los problemas anteriormente enumerados, pueden llegar a ser la opción ideal para las vías de alto tráfico. Sin embargo, para las vías de baja circulación, el Estado, ya sea a través del Ministerio de Transporte o a través de los departamentos y de los municipios, necesariamente tendrá que intervenir. La administración Gaviria hizo un plan vial muy bien concebido, pero en el cual los resultados no pueden ser peores. En términos presupuestales, el plan vial de la anterior administración se ejecutó en un 91%, pero en obras apenas en 12%. El resultado final del anterior despropósito de desviar recursos para favorecer los proyectos predilectos de los politicastros y manzanillos de turno, fue el empeoramiento de la malla vial y la condecoración del anterior ministro de Transporte por parte del Congreso.

El gobierno actual tiene un novedoso programa que arrancó el primero de julio que contempla una inversión de $6.000 millones y dentro del cual 75 administradores viales trabajarán como gerentes de carreteras. Cada uno de estos administradores, trabajando a través de 400 microempresas, agrupan a 5.000 empleados que se responsabilizan por el mantenimiento de 150 kilómetros de carretera.

Sólo cabe desearle al Ministerio de Transporte el mayor éxito en este programa, ya que el problema de la infraestructura en Colombia no resiste más demoras. O el gobierno se da cuenta que éste es uno de los problemas más graves para poder aspirar a salir del subdesarrollo o simplemente nos resignamos a continuar hundiéndonos en la miseria.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?