Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    América Latina y Colombia, oportunidades y riesgos

    La cuestión de fondo será si es posible una mayor cooperación entre clases sociales, entre partidos políticos y entre empresarios y sindicatos.

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La próxima década puede ser un período de grandes transformaciones en toda América Latina. Puede también, sin embargo, agudizar los conflictos en muchos países. El resultado final dependerá de cómo se definan algunas incógnitas tanto en lo doméstico regional, como en el ámbito internacional. En lo regional, la clave estará en si se obtienen consensos para combinar políticas eficientes de mercado con una acción social fuerte y efectiva que reduzca las actuales inequidades. El éxito que obtenga Lula en Brasil con este modelo puede catalizar experimentos similares en el resto de la región. Asimismo, tendrá gran importancia que se consiga reducir los niveles de violencia y criminalidad en la región. Cuánto logre avanzar Colombia en solucionar sus problemas de violencia y narcotráfico y en la medida en que se evite que el conflicto colombiano se expanda allende sus fronteras, será crítico a este respecto. En lo externo, las áreas clave serán el producto de las negociaciones comerciales en curso, y si el unilateralismo continúa dominando al multilateralismo después de la crisis de Iraq. Los temas regionales y externos estarán, por supuesto, íntimamente vinculados.

La cuestión de fondo será si es posible una mayor cooperación entre clases sociales, entre partidos de izquierda y centro y entre empresarios y sindicatos en América Latina. Solo así sería posible avanzar en la construcción de instituciones más eficientes y equitativas, que son un requisito para un crecimiento económico alto y sostenido. Si Lula tiene éxito en convertir a Brasil en una economía de mercado dinámica y en una sociedad más justa, su ejemplo cundirá en la región. Brasil es el país más grande y una de las sociedades más injustas de la región. Además, ha atravesado una crisis de crecimiento económico en las últimas dos décadas. Un cambio en estas tendencias bajo Lula consolidaría su prestigio internacional y conduciría a un significativo consenso regional alrededor de su "modelo". Por el contrario, un eventual fracaso probablemente agudizará la confrontación entre modelos globalizadores y "neoliberales", de una parte, y proteccionistas y "populistas", de otra. En este último escenario, América Latina continuaría con un crecimiento económico bajo, desigual y volátil.

Por su parte, las negociaciones comerciales de la ronda Doha pueden terminar en grandes ganancias para nuestros países, o en una enorme frustración. Los países industrializados se han comprometido, en principio, con una "ronda para el desarrollo", en la cual se avance en las áreas de mayor interés para los países emergentes. Sin embargo, sus propuestas iniciales en el tema más crítico, agricultura, han sido muy decepcionantes. Si no se logra un avance importante en estos temas, el desarrollo de las negociaciones hemisféricas será más difícil, aunque podría suceder que la frustración con la ronda Doha llevara a que tanto Estados Unidos como Brasil estuvieran dispuestos a mayores compromisos hemisféricos. En fin, bien podría ser que a finales de la década viviéramos en un entorno económico muy dinámico, jalonado por las exportaciones e inversiones domésticas y extranjeras que buscan aprovechar los nuevos espacios creados por el mayor acceso a mercados en el hemisferio y en Europa. Pero también podría suceder que la ronda Doha y el ALCA fracasen y que algunos países de la región, en particular Brasil y Argentina, se refugien en esquemas proteccionistas de lento crecimiento a largo plazo. En ese caso, para Colombia sería particularmente importante suscribir acuerdos comerciales bilaterales con Estados Unidos, Canadá y Europa. Obviamente, la suerte del "modelo Lula" y de la integración hemisférica irán muy de la mano.



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