Opinión

  • | 2007/07/19 00:00

    Alfonso López Michelsen

    La suma de las minorías, son la mayoría del Partido Liberal.

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Estuve observando, hablando y escuchando durante las honras fúnebres del Presidente López en el Capitolio Nacional, en la calle, en la Catedral y en el cementerio y eran las mujeres, los universitarios, los humildes, los profesionales, los judíos, los afrodescendientes, los mulatos, los mestizos, los campesinos, los ex-militares, los discapacitados, los homosexuales, los protestantes, los ancianos, los ex-guerrilleros y los indígenas quienes se acercaban al cadáver del Compañero Jefe para despedirse y pareciera querían decirle algo. Algunas mujeres de edad rezaban y le daban la bendición. Inclusive fue necesario apelar a una protección especial porque varias veces trataron de sacarlo del ataúd.

Comprobé que eran las minorías que él siempre defendió, las que estaban rindiéndole homenaje. Durante su gobierno y sus campañas no solamente habló de ellas sino actuó sobre ellas. La reforma tributaria del gobierno del Mandato Claro era la manera de buscar la equidad, el equilibrio entre los pobres que nada tenían y los que tenían todo.

Sus preocupaciones fueron visionarias: el desarrollo de la agricultura lo llevo a crear el DRI, una institución especializada en garantizar tierra para los campesinos, crédito para los agricultores y mercados para los productos. La necesidad nacional de encontrar una solución al problema de los hidrocarburos, la difícil situación de Ecopetrol en ese entonces y la falta de inversión extranjera para la exploración y explotación del petróleo y del gas, llevo a que la legislación sustituyera los contratos de concesión por los de asociación, que han servido para mantener el abastecimiento de los colombianos durante estos últimos treinta años.

El conocimiento que López tenía de la riqueza carbonífera de los departamentos del Cesar y la Guajira lo indujo a crear con socios extranjeros El Cerrejón, que en los próximos dos años será el primer renglón de las divisas del país. La situación de las mujeres, a las que vinculó sin necesidad de cuotas a los Ministerios y Gobernaciones, demandaba de modificaciones importantes. Con los cambios realizados al código civil les garantizó el patrimonio y la estabilidad conyugal y amplió los derechos y deberes del Estado para promover la igualdad salarial al olvidado, nada menos, cincuenta por ciento de la población que hasta ese momento carecía de lo más elemental. Posteriormente, presentó el proyecto de Ley reglamentando el divorcio civil que le trajo tantos problemas con la Iglesia. Vale la pena recordar la anécdota de un grupo de señoras de Medellín que vinieron a visitarlo y a comunicarle que esa Ley acabaría con la institución de la familia, y que era una ofensa para las antioqueñas. Con mucho respeto y admiración les dijo: "Señoras, esto es una necesidad nacional pero lo importante de la Ley es que no es obligatoria".

Promovió por todos los medios garantizarles la educación gratuita y obligatoria a todos los colombianos. Fomentó la financiación para que los humildes tuvieran derecho de asistir a las universidades públicas y privadas y aspiró a que la investigación en la educación superior se desarrollara. En realidad era el complemento de la política que su padre había iniciado en el gobierno del 1934-38 con la construcción de la Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional en Bogotá, después de treinta años de pausa inexplicables, de algo que él considero en su calidad de intelectual, jurista y académico como vital para Colombia.

La gente no tiene presente que todas sus políticas eran el desarrollo de los postulados del MRL. El famoso y criticado SETTT —Salud, Educación, Techo, Tierra y Trabajo— gracias a lo que hoy se puede afirmar que la Nación tuvo el promedio del desempleo mas bajo en los últimos 50 años: en 1978 era de 8,3% y el PIB nacional era del 8,9%. Todo esto se pudo hacer gracias a una política de austeridad en el gasto público y reducción de la deuda externa.

Podemos decir que el Presidente López vivió y murió cumpliendo la consigna de uno de sus grandes referentes, Franklin D. Roosevelt: "incluyó a los excluidos".

En términos colombianos, buscó la manera de cerrar la brecha entre los que todo lo tienen y los que no tienen nada como el campo y la ciudad. Tal vez por ello me afectó tanto que el día de su sepelio no permitieran al pueblo llegar a la Plaza de Bolívar y que aislaran a las gentes a tres y cuarto cuadras de la Catedral. Como lo dijo Gabriel Turbay lo que vivimos era una "alambrada de garantías hostiles".

En la última campaña electoral de 2006, López les dijo a los colombianos que iba a visitar todos los rincones del país para alertarlos sobre la necesidad de que los ciudadanos tuvieran fe en el partido Liberal y en sus dirigentes. Me correspondió acompañarlo junto con el Presidente Gaviria a los lugares mas insólitos: por ejemplo, estuvimos en Valencia Córdoba rodeada de paramilitares, al igual que en La Jagua de Ibirico en el Cesar, en Tumaco e Ipiales, Pereira, Manizales y Armenia, Cartagena y Barranquilla. Es decir a los 92 años, con su trapo rojo, es decir la bandera del partido, y su ideario liberal puso a vibrar de nuevo la colectividad. Los resultados electorales fueron inferiores a las expectativas, pero ya todos sabemos por qué.

Recuerdo una anécdota muy especial cuando comenzábamos en el MRL y teníamos en Antioquia a nuestros jefes Jaime Isaza Cadavid, Carlos Restrepo Arbeláez, Estanislao Posada, Jaime Henríquez,

Carlos Mauro Hoyos, Armando Estrada y otros y nos aventuramos a hacer una manifestación en la Plaza de Berrío. En la tribuna, López empezó el discurso diciendo que estaba asombrado de la presencia de tantos liberales amigos, que en realidad estaba confundido porque nunca esperaba ni aspiraba ver una plaza llena en la capital de la montaña. Pero cuando le explicaron que el vocero godo de Medellín, El Colombiano, había tratado de asustar a la gente para que no saliera, al tildarnos como comunistas amigos de la revolución cubana; paradójicamente eso fue lo que fomentó a sus seguidores a salir a la plaza y acompañarnos con más fervor. El pueblo lo reconocía como un liberal de tiempo completo. Recordemos que, para López la calle es la casa del pueblo y del Partido Liberal y que él fue el personero de los humildes, los desposeídos, los necesitados, los analfabetas.

López se fue sin culminar la aspiración nacional de encontrar una solución adecuada a las familias de los secuestrados. No vaciló en demostrar que esta era una obligación que el Estado Colombiano había adquirido en la Comisión de Ginebra; es decir, el derecho internacional humanitario como única formula para encontrar una salida. Tal vez por ello vimos el día del sepelio a las victimas de los secuestradores que vinieron desde Pasto, Cali, Neiva, Ibagué, Florencia, Mitú, Mocoa, etc.; representantes de las minorías que no alcanzan todavía a recibir la solución a su legítimo derecho.

El legado para el Partido Liberal es hacer cumplir esta consigna: estar siempre al lado de las causas humanitarias.
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