Opinión

  • | 2010/08/20 00:00

    Al oído de la Ministra de Educación, del Presidente y de Shakira

    No existe nada más importante para el crecimiento económico, la equidad social y la profundización de la democracia que hacer más generalizado y equitativo el acceso a educación de calidad. ¿Cuáles son los principales retos?

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María Fernanda Campo está llamada a consolidar y continuar la impresionante tarea que hizo Cecilia María Vélez al frente de la cartera de Educación. No sobra recalcar que no existe nada más importante para el crecimiento económico, la equidad social y la profundización de la democracia que hacer más generalizado y equitativo el acceso a educación de calidad. Tienen (ella y la administración Santos) varios retos importantes: poner en práctica programas para el desarrollo cognitivo en la primera infancia, conseguir que todos los muchachos terminen secundaria, aumentar la cobertura en educación terciaria y mejorar la calidad en todas las etapas del sistema educativo y de la formación técnica. Se debe subrayar que estas tareas no las puede hacer solo el Ministerio de Educación.

 

Requiere la cooperación activa del ICBF, del Ministerio de Salud, de Colciencias y del Sena, instituto que se ha convertido en una rueda suelta en el proceso de formación de capital humano. Por eso el Presidente, Hernando José Gómez y el resto del Gabinete tienen que asumir el reto de la formación de capital humano como una obligación compartida con la Ministra de Educación. Si no se asume como tarea central del Gobierno en su conjunto, no hay ninguna posibilidad de lograr un avance fundamental en materia de calidad (vale decir, en verdadera formación de capital humano) que es la prioridad expresa del Gobierno en el campo de la educación.

Los pedagogos y psicólogos han llegado a la conclusión de que lo fundamental del desarrollo cognitivo en los humanos sucede en los primeros cinco años de vida: vale decir, antes de entrar al sistema educativo formal. Por esa razón, los programas de atención a la primera infancia constituyen hoy en día el foco principal de atención de la política social en los países desarrollados y, crecientemente, en los países más dinámicos del mundo en desarrollo. Instituciones multilaterales de desarrollo, como el Banco Mundial, han comenzado en los últimos años a focalizar esfuerzos en esta área.

Como de costumbre, los gobiernos en América Latina y, en particular, en Colombia, están llegando tarde a este cambio fundamental de visión de la política social y, en forma más general, de la política de desarrollo económico. Ningún candidato en la pasada campaña puso la atención a la primera infancia como la prioridad central de su gobierno. Mientras el sector público apenas ofrece a una fracción de los hijos de familias de ingresos bajos la opción de hogares comunitarios, guarderías y pre-escolar de baja calidad, los padres pudientes no ahorramos esfuerzos para que nuestros hijos tengan acceso, desde el primer año de vida, a los mejores jardines infantiles y programas especiales de estimulación temprana.

 

Esta situación conduce a que la diferencia en capacidad de aprendizaje de los niños se ha ampliado tanto antes de entrar a la escuela, que así la escuela pública fuese de mejor calidad que la de los colegios privados de clase alta, no se lograría compensar esa diferencia. Como ocurre lo contrario, las diferencias se acentúan aún más a lo largo de toda la vida escolar. Esta situación nos condena a continuar siendo uno de los países más desiguales del mundo y con menor movilidad social y, además, garantiza que la calidad promedio de la educación sea baja y que el país no pueda alcanzar niveles de competitividad y crecimiento económico que reduzcan la brecha con los países ricos.

 

El diseño y ejecución de programas efectivos de atención a la primera infancia requieren una estrecha cooperación entre el ICBF, el Ministerio de Educación, el de Protección Social, los programas de Acción Social (Red Juntos y Familias en Acción) y la sociedad civil. Como una gran colombiana, la compositora y cantante Shakira se ha convertido en eficaz promotora de los programas de primera infancia a nivel global -hasta el punto que el Presidente del Banco Mundial la invitó al lanzamiento de estos programas por parte de esa institución y ha sido convocada a hablar sobre el tema en una reunión de Presidentes de Iberoamérica- me permito sugerirle a Santos que la coopte a dedicar los próximos años a dar un impulso definitivo a estos programas en Colombia.

En lo que hace a la educación básica, se requiere consolidar el gran avance que logró Cecilia María Vélez, asegurando que todos los niños terminen la secundaria (lo que requiere mejorar el diseño de Familias en Acción) y, sobre todo, que se utilicen efectivamente los exámenes de Estado para alumnos y maestros como base para una política de estímulos de mejora a la calidad. Mejorar calidad en el sistema educativo público no es tarea fácil. Se requiere, además de información e incentivos, programas efectivos de formación y actualización de los maestros y de dotación de ayudas educativas modernas. Para eso se necesita, entre otras cosas, una revolución cultural en el seno de Fecode y de la mayoría de las secretarías de Educación Departamentales. Recomiendo a la Ministra conseguir el concurso del experto latinoamericano que más conoce estos temas: el ex ministro chileno José Joaquín Brunner.

Un tema igualmente importante es el de la formación técnica. Se necesita que el Sena se concentre en lo que sabe hacer bien (la formación de competencias y destrezas básicas) y les permita a las empresas utilizar parte de los recursos parafiscales en escoger libremente a dónde acudir para la formación de competencias y destrezas especializadas. Es imposible que una sola institución logre impartir con calidad la enorme variedad de especializaciones que hoy requiere nuestra crecientemente compleja economía. Menos aún, si se dedica, como ocurrió en los últimos años, a aumentar exponencialmente el número de atendidos mediante el expediente fácil pero inconveniente de reducir drásticamente el tiempo promedio de los cursos de capacitación. En lugar de volver a dividir el Ministerio de Protección Social en Ministerio del Trabajo y de la Salud (lo cual, a mi juicio, tiene poco sentido) recomendaría al presidente Santos que, para lograr un avance importante en formación del capital humano, traslade el Sena a la órbita del Ministerio de Educación. Así se lograría que el Instituto se maneje con un verdadero criterio de formación de capital humano y sea coherente con el resto de la política educativa.

La educación terciaria requiere una ampliación considerable del crédito educativo y programas focalizados de becas. Y requiere que las universidades públicas tengan que competir, con mejoras de calidad y eficiencia, por los recursos presupuestales que reciben, en particular los que reciben para investigación. La acreditación y los exámenes de Estado a graduados deberían ser la base de los cambios en la asignación de presupuesto para la docencia. Y Colciencias debería administrar mediante concursos los recursos del presupuesto para investigación. Sugiero examinar lo que está haciendo Chile en esta materia con los concursos multianuales para el programa de centros de excelencia.

El Gobierno Santos está dando tantas sorpresas buenas que, de pronto, nos da otra, quizás la más importante, en estas materias.

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