Opinión

  • | 2006/09/29 00:00

    Al César lo que es del César

    Dentro de los márgenes de error inevitables en este tipo de cosas creo que el PIB creció como dice el Dane.

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Como a todos, la cifra de un crecimiento del Producto Interno Bruto, PIB, de 6% anual en el segundo trimestre me sorprendió. No solo es una de las mayores tasas de los últimos años, sino que esta vez no se explica por comparación con un mal desempeño previo pues la mejora siguió un primer trimestre realmente bueno.

Veo mucho escepticismo, y no solo del lado de la oposición al Gobierno, para la cual la noticia de una aceleración del PIB cayó como una ducha de agua helada. Lo primero que los medios les preguntan a los entrevistados sobre el asunto es si creen que las cifras de la producción que divulgó el Dane son correctas o hay gato encerrado. También percibo una tendencia a atribuir la aceleración exclusivamente a las obras públicas, lo que les resta protagonismo a la demanda agregada y a la política económica.

Puesto que otros reportes oficiales sobre positivos de la Fuerza Pública y cosas así, afectaron la confianza de la gente, muchos recibieron con incredulidad las cifras del Dane. Pero después de haber discutido las cifras con técnicos a cargo de los cálculos, que me ayudaron a aclarar algunos aspectos de la estimación del valor agregado de la edificación y de los servicios financieros medidos en forma indirecta, me parece que no se justifica poner en tela de juicio el reporte oficial del crecimiento del segundo trimestre. Dentro de los márgenes de error inevitables en este tipo de cosas creo que el PIB creció como dice el Dane.

Respecto a las causas de la aceleración hay que comenzar reconociendo que el auge es muy general y que ello no podría ser explicado por la dinámica de un sector. Es cierto que en el segundo trimestre la agricultura legal no creció y que la producción minera y petrolera cayó, pero un montón de sectores (comercio, hoteles y restaurantes, industria, transporte, comunicaciones, diversiones) crecieron por encima del 5% anual. La causa inmediata del auge fue un aumento fenomenal de la demanda interna, que entre el primero y el segundo trimestre de este año creció a un ritmo "anualizado" de 20% anual, que no creo que registrara ni China.

Las autoridades tienen pleno derecho a reclamar reconocimiento por lo ocurrido. Para comenzar, desde hace rato venimos disfrutando de gran liquidez, gracias a un aumento de la emisión primaria de más de 24% anual. Del crédito ni hablar: la suma de cartera y leasing crece 31% anual y la cartera de consumo crece 47% anual. Ni en los 90, cuando Colombia tenía inflación de dos dígitos solían verse aumentos semejantes del dinero y el crédito. Me parece injusto que no se reconozca que la Junta Directiva del Banco de la República jugó un papel central en la expansión de la demanda y, por ende, en la aceleración del crecimiento.

Pero acepto que el mérito no debe ir solo al Banco de la República pues el gobierno puso mucho más que su granito de arena. El Confis dice que en el primer semestre los aumentos anuales del gasto del Gobierno Nacional fueron 16,8% en servicios personales, 52,2% en gastos generales y 99,0% en inversión. Inversión, ya se sabe, es virtualmente cualquier cosa que en el Presupuesto Nacional se decida llamar así. Además el fisco incurrió en un gran costo, del orden de $850.000 millones, por concepto de los nuevos estímulos tributarios a la inversión.

Para callarles la boca a los criticones, entre los cuales veo a varios ex directores del Banco de la República, hasta ahora esas políticas expansivas no han tenido costo perceptible en inflación, deterioro de la balanza de pagos o alarma de los inversionistas o prestamistas externos. La inflación para consumidores se mantiene en el rango meta de 4% a 5%, y el Banco de la República dice que es nula la probabilidad de que en el futuro exceda 5%. El mismo banco Emisor acaba de proyectar para 2006 un déficit de la balanza de pagos en cuenta corriente de US$1.589 millones, casi US$500 millones menos que el registrado en 2005. Los inversionistas externos "se rapan" los bonos colombianos y ya se habla con insistencia de una inminente mejora en la calificación de riesgo del país.

Salta a la vista que estamos ante un manejo macroeconómico imaginativo y superior, que parece a punto de demostrar, con hechos y no con los disparatados argumentos "académicos" que, en defensa de políticas parecidas usó hace 20 años el régimen peruano de Alan García, antes de que la realidad le diera un garrotazo, que la liquidez y el crédito no tienen nada qué ver con la inflación, que la balanza corriente es insensible al crecimiento del PIB y al tipo de cambio real y que la expansión deficitaria de gasto público no tiene sino consecuencias positivas.

Debe ser por eso que esas políticas colombianas, y su principal gestor, el Ministro de Hacienda, recibieron en estos días un merecido reconocimiento internacional, en Singapur.
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