Opinión

  • | 2003/08/22 00:00

    Al año de gobierno

    Pocas veces se ha visto una diferencia de apreciación de la realidad colombiana tan marcada como al completar el primer año de gobierno.

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Unanimidad existe respecto a que gobierno sí hay. A diferencia de su antecesor, cuando se decía que 'gobierno de Pastrana' ilustraba la figura gramática del oxímoron (conjunto de palabras contradictorias como 'subir para abajo'), nadie niega la capacidad del actual mandatario para movilizar al país y sacar adelante sus proyectos.

En la percepción de los resultados es donde sorprende la diferencia.

Los funcionarios del Ejecutivo y quienes les han 'apostado todo' a las políticas presidenciales ('seguridad democrática', aval del FMI, 'entrega total' a todo lo que sea Estados Unidos, etc.) hablan de un panorama de éxitos y una perspectiva de bonanzas que ameritan la devoción y el culto a la personalidad que gira alrededor del doctor Alvaro Uribe.

Infortunadamente, su argumentación no permite establecer qué tan cerca de la realidad está esta visión. El punto central de defensa de las estrategias no es su lógica, ni depende de una evaluación de los resultados, sino que gira en forma monotemática alrededor de la crítica a lo que con o sin fundamento se ataca. Lo malo de lo que se cuestiona sería prueba de lo bueno de lo que se propone.

La 'guerra total' sería bienvenida porque 'acuérdese lo que nos dejó el Caguán de Pastrana'; el aumento del gasto sería aceptable porque 'imagínese cómo hubiera sido con el populismo de Serpa'; las pasadas andanzas de Londoño y la ambivalencia inaceptable de Hommes fungiendo al mismo tiempo como parte y contraparte del Estado no serían nada 'comparado con lo que fue tener a Samper de Presidente'; y así sucesivamente.

En cambio, las entidades que por su naturaleza tienen la responsabilidad de hacer evaluaciones parecen ser menos optimistas:

- El Contralor advierte un desbordado crecimiento de 20% en la deuda pública y previene sobre una inminente saturación de la capacidad crediticia de la Nación y un posible descalabro en este aspecto.

- El Gerente del Banco de la República destaca el aumento del desfase fiscal que saltó a $14 billones, y señala que el famoso 'hueco' de $2,5 billones (¿o 3,7?) no ha sido subsanado ya que la posible negociación con el FMI para que permita un mayor déficit no es fuente de financiación.

- La Corte Constitucional considera que las propuestas de reforma presentadas acaban con el 'Estado de Derecho' (ya se da por sentado que lo que se refería a 'Estado Social' desapareció) y que nos acercamos a una dictadura del Ejecutivo.

- El Congreso de la República devuelve el presupuesto presentado por el gobierno por considerar que es 'basado en el deseo' pero sin fundamento consistente y confiable.

- Quienes cuestionan la 'paz' con el paramilitarismo se preguntan qué conciliación puede haber con quien no se ha tenido confrontación y lo ven como un mecanismo para legalizar la guerra sucia, mientras quienes contaban con la 'seguridad' que brindaban estos grupos se preguntan qué pasará cuando abandonen las armas; para ambos, y más para aquellos a quienes les toca vivir bajo el control de dichas agrupaciones, la nueva confrontación nacida de la división de estos aparece hoy como un nuevo 'proceso de guerra' más que como un proceso de paz.

- Las ONG denuncian medidas y propuestas de reforma violatorias de los tratados internacionales, deterioro de la institucionalidad en relación con los derechos humanos, y perspectivas peligrosas y cuestionables por el enfoque con el cual se están manejando las políticas de orden público.

- El Ministerio de Minas y Energía avisó ya que el fin del autoabastecimiento de petróleo es inminente y el Ministro de Comercio Exterior previno que, además del hueco fiscal que se produce, más grave aún es el efecto cambiario por la desaparición del 30% de las divisas que ingresan al país.

- La alta jerarquía de la Iglesia Católica colombiana -el Consejo Episcopal- recuerda la situación crítica del campo en lo económico, lo social, lo político y en el orden público, para enfatizar que no solo hace mal el gobierno al ser indiferente tratando el tema bajo la única óptica de la racionalidad económica, sino que también ese enfoque, por su indiferencia con la suerte de los campesinos, es eminentemente censurable por razones éticas.

- Hasta la mal llamada 'opinión pública', es decir, la de quienes escriben los editoriales de los grandes medios, destaca la existencia de un 'hueco social' más grave que el 'hueco fiscal', con un promedio general de 67% de tasa de pobreza y algo más de 80% en el campo (El Tiempo, agosto 7).



Ese mismo fenómeno se ve en las encuestas, con una clase alta sumamente satisfecha con la gestión gubernamental -58% la aprueba y 24% inconforme-, en contraste con la visión mayoritariamente pesimista de la clase baja -38% la considera buena contra 41% que ve lo contrario-.

O también en las presentaciones cuando el Director de Planeación hace énfasis en una disminución de la pobreza del 59,8% al 58,8% de la población, es decir, 440.000 personas, minimizando que eso implica 26 millones de pobres y, lo peor, que durante el mismo período cayeron a la categoría de indigentes 2'330.000 colombianos (dato del mismo informe pero sobre el cual nada se dice).

Infortunadamente, el estudio -como forma compartida de diálogo entre analistas de diferentes enfoques- desapareció. Los gobiernistas tienen oídos sordos a lo que sea diferente de sus propias expectativas y los escépticos no encuentran interlocutores ni siquiera para que les expongan argumentos contrarios que puedan llevarlos a revisar su mala opinión sobre el camino que ha tomado el país.

Nos la jugamos toda a que los resultados y no la reflexión serán la última y única palabra para la toma de decisiones. Tal vez sea pertinente sugerir al Presidente que, si se confirman las inquietudes de quienes ven con escepticismo el entusiasmo oficial, recuerde que no basta un cambio de protagonistas: ya se dijo que la falla no está en los gestores (eficientes y bien intencionados en general, aunque algunos sujetos a cuestionamientos), sino en los modelos y en las teorías que pretenden aplicar.
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