Ajuste necesario

| 4/28/2000 12:00:00 AM

Ajuste necesario

El FMI y el Banco Mundial tendrán que revisar su excesivo y arrogante poder.

por Jeffrey Sachs

Durante las últimas semanas, el debate sobre el futuro del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial ha ocupado los titulares de la prensa internacional. Una comisión de expertos del Congreso de Estados Unidos, de la que yo mismo formé parte, publicó un informe (el informe Meltzer por el presidente de la comisión Allan Meltzer), en el que se piden reformas dramáticas para las dos instituciones. Al mismo tiempo se produjo una disputa mundial por la selección del nuevo director ejecutivo del FMI. El proceso de escogencia no fue agradable (los países en desarrollo no tuvieron nada qué decir), pero al final surgió la excelente decisión por Horst Kohler, el oficial de finanzas alemán. Del mismo modo, Larry Summers, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, lanzó sus propias propuestas de reforma para las dos instituciones.El verdadero debate se refiere al alcance de las dos instituciones. Durante los últimos veinte años, el FMI y el Banco Mundial jugaron un papel protagonista en los países en fase de desarrollo y en la transición poscomunista. Los países ricos, en especial Estados Unidos, utilizaron las dos entidades como instrumentos de diplomacia financiera. Tanto Estados Unidos como Europa se han valido de ellas para conseguir dinero para sus países favorecidos como México, Rusia y Asia Oriental. Y las dos instituciones se han encargado de imponer fuertes condiciones de ajuste económico a las naciones beneficiadas con su ayuda.Los críticos del FMI y el Banco Mundial, incluyendo los miembros de la Comisión Meltzer, piensan que las dos instituciones son demasiado grandes, poderosas y sobredimensionadas en su alcance. El FMI trata de manejar las operaciones económicas de más de 50 países. En muchos casos, el FMI impone sus programas por años y hasta décadas después de que las emergencias económicas terminan. Mantiene su influencia porque Estados Unidos ha insistido en que los países más pobres deben someterse a los programas del FMI si quieren recibir el alivio financiero de deuda o cualquier clase de ayuda económica de la institución.El Banco Mundial, por su parte, les presta dinero a docenas de países en cientos de programas. Muchos de los beneficiados, irónicamente, tienen acceso normal a los mercados de capitales, y lo que el Banco Mundial les presta es solo una pequeña parte de todo el financiamiento que obtienen del resto del mundo por mecanismos normales.La Comisión Meltzer anotó que el FMI, con solo unas mil personas en su staff profesional, no puede pretender regir los programas económicos de docenas de países. El resultado es superficialidad, arbitrariedad e intromisión excesiva en la soberanía de las naciones. El resultado de todo esto es claro: mediocridad. La Comisión también cuestionó el hecho de que las dos instituciones se cruzan en sus funciones lo que les resta credibilidad. Si algo falla, el FMI puede responsabilizar al Banco Mundial y viceversa.La Comisión recomendó reducir el tamaño de las dos instituciones y que cada una se focalice en sus tareas críticas y así mejorar el desempeño. Para el FMI, la recomendación es que vuelva a su responsabilidad original: preservar la estabilidad macroeconómica de corto plazo en la economía mundial mediante préstamos de corto plazo para los países miembros que enfrenten emergencias. Para lograr este reenfoque de actividades, el FMI tendría que dejar de imponerse sobre docenas de países pobres en todo el mundo.Para el Banco Mundial, la Comisión recomendó frenar sus actividades crediticias en los países en desarrollo más solventes y enfocar sus esfuerzos en los realmente necesitados. Esto implica eliminar todas las operaciones del banco en países que tienen grado de inversión y pueden acceder a los mercados de capitales. En general, los países con un ingreso per cápita superior a los US$4.000 anuales perderían acceso al Banco Mundial. Así, miles de millones de personas pobres en el mundo serían el verdadero foco.Para ayudar a que los países más pobres recobren su independencia del FMI, la Comisión sugirió la condonación de las obligaciones de los países más pobres y endeudados. Parte de la razón por la cual muchos países han tenido que acudir al FMI es justamente por el sobreendeudamiento de los gobiernos en moneda extranjera. Si se cancelan las deudas, los países podrían recobrar su salud financiera sin la continua "asistencia" del FMI.Como era predecible, el gobierno de Estados Unidos y los directivos del FMI y del Banco Mundial reaccionaron en contra de las polémicas recomendaciones de la Comisión Meltzer. En su arrogancia, estas instituciones creen que deben continuar señalando los destinos del mundo en desarrollo. Ni el FMI ni el Banco Mundial están dispuestos a ceder poder o responsabilidad ni siquiera por el hecho de que sus programas están fracasando. Tristemente, muchos gobiernos de países en desarrollo han crecido tan dependientes que tienen miedo de perder esa mano dominante, aunque los programas que se les imponen les causen más daño que bienestar.El debate continúa y me atrevo a predecir que, muy pronto, tanto el FMI como el Banco Mundial tendrán que cortar su excesivo y arrogante poder. Lo tendrán que hacer porque sus políticas no serán lo suficientemente exitosas como para justificar su autoridad.



Project Syndicate, marzo 2000.
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