Juan Manuel López Caballero

| 4/11/2003 12:00:00 AM

Ajuste fiscal y ajuste estructural

Valdría la pena retomar la insinuación del profesor Stiglitz y preguntarnos por qué solo el sector productivo (el empresarial pero sobre todo el laboral) sufre con el ajuste y el sector rentista, no.

por Juan Manuel López Caballero

El doctor Antonio Hernández Gamarra, hoy Contralor General de la República, ha defendido la tesis de que el problema de la deuda y del déficit fiscal no es un problema de ajuste coyuntural, sino un desequilibrio estructural. Desde el Banco de la República, desde la cátedra y hoy como responsable del control de las finanzas públicas ha propuesto lo que llama 'Gran acuerdo para la responsabilidad fiscal'.

En el más reciente número de la Revista de la Contraloría (diciembre 2002) se encuentra una especie de exposición de motivos que sustentaría el proyecto que, por estar hoy incluido en el proyecto de Acto Legislativo o reforma política, amerita su estudio.

La propuesta se basa en dos pilares, a saber: la flexibilización del 'chaleco constitucional' que determina previamente el destino de los recursos (transferencias y asignaciones sociales), y una norma que garantice la 'sostenibilidad fiscal' al obligar al gobierno a presentar una meta de balance primario en el presupuesto (o sea, sin incluir el costo de la deuda) dentro de determinadas condiciones que impidan el desbordamiento de la deuda.

Creo que el análisis y las medidas presentadas serán aceptados unánimemente: el primero porque además de la lógica argumental está acompañado de las proyecciones (ver cuadro) que muestran la falta de resultados a mediano y largo plazo de las soluciones que hoy se plantean (referendo, reforma tributaria, ajustes laborales, etc.); y lo segundo porque la necesidad de tales medidas es condición indispensable en cualquier opción que se tome para sanear las finanzas públicas.



El tercer elemento, el central a la propuesta, es la repartición del ajuste entre las regiones y el gobierno central, vía reducción de las transferencias. En el citado artículo se plantea como un acuerdo voluntario pero evidentemente requeriría alguna forma de regulación. Aunque parece haber dificultades jurídicas y políticas para plasmar las correspondientes reformas, lo interesante de estudiar es el aspecto económico.

El contralor contempla 4 escenarios (el de referencia, tal como está actualmente; el del desarrollo previsto de ser aprobado el referendo; el que resultaría con las reformas propuestas aplicando todo el ajuste al gobierno central; y el que resultaría compartiendo el ajuste con las regiones) que se resumirían en el cuadro anexo (la información no necesariamente es válida en cuanto a los resultados -puesto que tanto la fórmulas como las variables son a gusto del autor y están sujetas a debate-, pero sí la tendencia comparativa, es decir, en que sentido producen efectos los cambios):



Repitiendo lo inobjetable de las medidas parecería que son insuficientes por varias razones:



? El proyecto no explica cómo se deben establecer las metas del balance primario.

? El resultado final no se logra en términos de la mayor discrecionalidad y mayor disponibilidad de los recursos del gobierno central: la primera se reduce de 54% a 33% del presupuesto y además, respecto a la segunda, se aplica a un presupuesto menor.

? El ajuste se hace por cuenta de los sectores sociales: la disminución de las transferencias es necesariamente reducción de las partidas de educación y saneamiento básico puesto que a ello las destina la ley.

? El ajuste se adapta a condiciones de crecimiento insuficientes (promedio 3%), orientándose a la reducción del gasto cuando la base tanto del ajuste como del bienestar ciudadano debe ser salir del estancamiento actual.





Evidentemente, algo falta como complemento puesto que a las objeciones anteriores se suma que no se adicionan medidas de coyuntura que reconozcan algo crítico en la situación presente. ¿Dónde podría estar ese complemento?

El quid de la cosa (es decir, donde están el problema y la solución) es la deuda: ¿por qué su carácter de intocable? Valdría la pena retomar la insinuación del profesor Joseph Stiglitz y preguntarnos por qué solo el sector productivo (el empresarial pero sobre todo el laboral) sufre con el ajuste y el sector rentista, no. ¿Por qué una renegociación es imposible? ¿Por qué no readquirir parte de la propia deuda en vez de pagar con tasas altas un exceso de divisas cuando la ortodoxia sugiere el equivalente a un semestre de importaciones (del orden de US$6.000 millones) y tenemos US$10.300 millones de reservas? Si no se quiere confrontar al FMI, ¿por qué no reducir un par de puntos de los TES? ¿Por qué la especulación sería sagrada y el trabajo lo contrario?

Hay diversas formas de compartir las cargas, pero aceptemos el principio de que debemos compartirlas entre todos.

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