Opinión

  • | 2006/02/16 00:00

    Ahorro para el futuro

    Una de las reformas prometidas por la administración Bush fue la del sistema de Seguridad Social y de sanidad. Después de casi seis años en el cargo, aún no lo ha hecho.

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Las más recientes noticias que hemos escuchado de las reestructuraciones de empresas tradicionales en Estados Unidos son altamente preocupantes. Varias de las industrias del sector automotor, aviación e industria pesada han pasado por procesos de suspensión de pagos o podrían estar camino de hacerlo. Entre las diferentes razones que explican su situación, hay una que es común denominador: falta de dotación de los planes de pensiones de sus empleados y costes astronómicos de los seguros médicos.

En los años 50 y 60, las grandes corporaciones aseguraban a sus trabajadores unas pensiones mensuales vitalicias a partir del momento de su jubilación (cuando cumplían los 60 ó 65 años de edad o un número determinado de años trabajados). Eran los llamados "planes de pensiones definidos". Las compañías debían dotar unos fondos, que debidamente invertidos, y según los cálculos actuariales pertinentes, lograsen el flujo de caja necesario para hacer frente a esos pasivos. Lamentablemente, gran número de compañías no los dotó suficientemente, al tiempo que las inversiones existentes no rindieron lo que estaba planeado.

Con la finalidad de reducir ese compromiso futuro con sus trabajadores, corporaciones como IBM, Hewlett Packard o Verizon, que están en una situación financiera saludable, han anunciado que no ofrecerán esos beneficios a sus nuevos trabajadores. A cambio, les ofrecen ayudarles a dotar un fondo de pensiones externo individual (401K en USA) para cada uno de ellos, con ventajas como aportar hasta un 6% de su salario, siempre y cuando el empleado también aporte. En realidad, es una forma de sacarse la responsabilidad del manejo de los activos (no es el negocio de estas compañías industriales) y cederlo a gestores profesionales. El problema es que tampoco los trabajadores tienen los conocimientos, ni la información, para poder tomar sus decisiones de inversión, ni para hacer la diversificación de activos correcta que les ayude a asegurarse un buen retiro.

Si hemos visto que empresas saludables están tomando esta dirección, en las compañías con problemas la situación es mucho más grave. Varias de las aerolíneas como United o Northwest Airlines, o automotrices como General Motors y Ford están negociando con sus empleados para reducir sus pagos futuros al no poder hacerles frente. Esto implicará recortes sustanciales de sus beneficios, que en algunos casos podrían llegar a menos de la mitad de lo prometido.

Estamos viendo una crisis del sistema de pensiones estadounidense que antes o después se tendrá que afrontar. De las 500 compañías que componen el índice Standard and Poor's, hay una falta de dotación a sus fondos de pensiones y de salud superior a los US$292.000 millones (más del doble de lo aportado). El 45% de los empleados privados no tiene ningún plan de retiro, y para la tercera parte de los jubilados actuales su única fuente de ingresos es el cheque de la seguridad social. La situación se puede agravar en los próximos años al ir alcanzando la edad de jubilación las generaciones de la posguerra o "baby boomers" a partir de 2010.

Entre las soluciones planteadas están varias, desde seguir trabajando durante más años y de esa forma seguir aportando hasta los 75 u 80. Hasta ir obligando a que cada empleado aporte una parte sustancial de su salario a unos fondos de pensiones externos que, eficientemente manejados, puedan responder en el futuro. Este último modelo se implantó en Chile a principios de la década del 80 y ha sido un éxito. La mayor parte de los países de la región está aplicándolo, lo cual está ayudando a crear una conciencia de ahorro, al tiempo que ha sido un excelente instrumento para el desarrollo de los mercados de capitales locales. En mi opinión, se queda un poco corto al limitar el porcentaje de inversión en el extranjero, reduciendo el horizonte de inversión a pocos instrumentos, algunos ilíquidos y actualmente sobrevalorados.

Una de las reformas prometidas por la administración Bush fue la del sistema de Seguridad Social y de sanidad. Después de casi seis años en el cargo, aún no lo ha hecho. Posiblemente sea la más importante para la futura salud financiera de la nación. En cualquier caso, y ante la falta de seguridad de que nuestros países se vayan a hacer cargo de nuestro futuro en la tercera edad, no nos queda otro remedio que ahorrar, hacernos un presupuesto claro de nuestras necesidades y vivir dentro de nuestras posibilidades ya que nadie lo va a hacer por nosotros.

Santiago Ulloa, CEO, TBK Investments, Inc. sulloa@tbkinvestments.com
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