Opinión

  • | 1999/12/03 00:00

    Adiós a la clase media

    La clase media está desapareciendo rápidamente, presa del desempleo o de la caída estrepitosa de sus ingresos.

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La profunda crisis económica que atravesamos ha conseguido en poco tiempo deshacer algo que el país (como el resto de América Latina) trató de forjar durante mucho tiempo: la clase media. Esto amenaza con desequilibrar aún más la precaria estabilidad social y política del país.

La clase media compuesta por campesinos medios, oficinistas, empleados y profesionales, muchos de ellos urbanos y rurales, está desapareciendo rápidamente presa del desempleo o de la caída estrepitosa de sus ingresos. Muchos de ellos han perdido sus casas y otros bienes inmuebles y muebles, resultado de la pérdida de capacidad de pago y de los altísimos intereses que ha tenido este país en los últimos años (cerca del 15% en términos reales, frente al 4 ó 5% en Estados Unidos). Esta situación es grave socialmente porque es difícil, es decir, muy costoso, establecer programas efectivos para ayudar a la clase media. La clase media se beneficia principalmente por el crecimiento económico y los beneficios que él genera (más empleo, aumento en los ingresos). Programas sociales de empleo, tales como Trabajar que se ha utilizado con éxito en Argentina o los programas de empleo mínimo para jefes de hogar como los implantados en Chile en los 80's, son ideales para resolver temporalmente los programas de ingreso y empleo de los más pobres en economías, como la nuestra, que presentan aumentos espectaculares en el desempleo. Esto porque los salarios que se pagan en dichos programas son mínimos, precisamente para reducir los costos y para no atraer a grupos medios de la población. Lo mismo ocurre con otros programas de subsidios directos que normalmente se focalizan en los estratos más pobres de la población.

El sufrimiento de la clase media es, sin embargo, fuente de frustración y desestabilización social. También tiende a agravar los problemas de los estratos más pobres de la población por cuanto la clase media se verá obligada a usarlos servicios públicos que antes no usaba en detrimento de la calidad y los espacios para los más pobres. Este es el caso de la educación pues, a falta de ingresos, las clases medias trasladaron sus niños al sistema público educativo ocupando plazas que deberían ser para los grupos más pobres. Lo mismo ocurre con las demandas por servicios de salud y cuidado de los niños. Esto hace imperativa la reactivación económica, que permita un resurgimiento rápido del empleo y así obtener menos presión sobre la demanda por servicios públicos y el consecuente aumento en gasto público.
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