Opinión

  • | 2007/01/19 00:00

    A ritmo chino?

    Los ingresos y las condiciones de vida de los latinoamericanos están mucho mejor de lo que sugieren las estadísticas de crecimiento.

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Con un crecimiento sostenido de 10% anual, China es la envidia de América Latina. Pero los ingresos de los latinoamericanos están mejorando más rápido que los de los chinos. ¿Cómo es posible?

Ocurre que aunque producto e ingreso en principio son lo mismo, lo que importa es la capacidad de compra del ingreso, y esta puede crecer más rápido que el producto, si mejoran los precios de venta de los productos del país. Eso es lo que ha venido sucediendo en América Latina, pues los precios del petróleo, el cobre, el azúcar, el níquel y muchos otros productos de exportación han aumentado fuertemente (más que los de las importaciones). Esta "ganancia de los términos de intercambio" significa que, aunque el crecimiento del producto fue de apenas 5,3% en 2006, el crecimiento del ingreso de la región fue 7,2%.

En China está ocurriendo lo contrario: los precios de las materias primas que los chinos están importando en volúmenes crecientes aumentan mucho más que los precios de sus exportaciones de manufacturas, con las cuales están invadiendo el mundo. Las estadísticas chinas son bastante defectuosas y no permiten hacer un cálculo preciso del efecto de los términos de intercambio, pero estimo que en 2006 el ingreso real de China creció 9%.

Pero hay más. Los ingresos disponibles de los latinoamericanos han estado aumentando, gracias a las cuantiosas remesas que están recibiendo de sus familiares en el exterior, y que en 2006 llegaron a representar 2% del producto de la región, y cifras mucho mayores en algunos países: 4% del PIB en Colombia, 7% en Bolivia, y 10% o más en Ecuador y varios países centroamericanos.

Puesto todo junto, los ingresos disponibles de los peruanos, chilenos, bolivianos y venezolanos aumentaron en 2006 entre 10% y 16%, y en otros cuatro países hubo aumentos entre 8% y 10% (en orden ascendente Colombia, Honduras, República Dominicana, Argentina y Ecuador).

En síntesis: en la mayoría de los países latinoamericanos, los ingresos están creciendo a ritmo chino. La mayor excepción es Brasil, que no se ha beneficiado de ganancias importantes de intercambio ni de ingresos por remesas. El producto en Brasil creció apenas 2,8% en 2006, y los ingresos reales 3,9%.

Pero si se trata de hacer comparaciones internacionales, ¿por qué no más bien fijarse en otros aspectos de la calidad de vida, y no solo en los ingresos? Más allá del bienestar material, las condiciones de vida pueden verse afectadas por la inseguridad en el empleo, por la inestabilidad política o por la pérdida de valores familiares y comunitarios. Todos estos problemas son a menudo el costo del progreso económico.

En este caso, resulta que la situación latinoamericana está aún mejor de lo que sugieren los indicadores de ingreso. Según una encuesta reciente que calculó índices de calidad de vida para 111 países (incorporaba no solo niveles de ingreso, sino indicadores de salud, estabilidad política y seguridad, vida familiar, etc.), los países latinoamericanos quedaron en promedio 17 puestos por encima de lo que correspondería al ranking por su nivel de ingreso. China, en cambio, quedó por debajo de la mayoría de los países latinoamericanos y 14 puestos más abajo del lugar que debería ocupar para su nivel de ingreso.

Aunque quede mucho por hacer, América Latina no lo ha hecho mal en los últimos años. En lugar de lamentarnos por la falta de crecimiento y por las deficiencias del "modelo" económico, político o social, los latinoamericanos deberíamos convencernos de que es posible construir un futuro mejor a partir de lo que ya tenemos hoy.



Nota: El autor está vinculado al BID, pero se expresa aquí a título personal.
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