Opinión

  • | 1998/03/30 00:00

    A recuperar el rumbo

    Las enseñanzas de tres grandes colombianos fallecidos recientemente pueden ayudar a encontrar el rumbo del país.

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Tras la muerte de Francisco Posada de la Peña me di cuenta de que, en las últimas semanas, se han ido tres personas que conocí en tiempos recientes y que merecen unas palabras no de despedida, sino de gratitud por todo lo que podemos recuperar de su historia personal.



A Francisco Posada de la Peña lo conocí cuando el presidente Gaviria lo nombró en su gabinete. Pacho, como lo llamaba todo el mundo, era una columna a prueba de balas, un hombre recto, decente, con un poderoso sentido del humor. Combinaba un buen sentido político, fuertes dosis de seriedad de la buena y un interés sincero por lo que ocurre más allá de la parroquia.



No sé mucho de Enrique Peñalosa. Pero lo poco que sé lo aprendí muy rápido, cuando fue embajador de Colombia ante las Naciones Unidas y líder del esfuerzo verdaderamente no alineado de Colombia hasta el extremo de ser el fundador de la temible Banda de los Cuatro ­integrada por Colombia, Cuba, Yemen y Malasia­. Enrique era amable y franco. Decía lo que pensaba sin temor alguno, aun a riesgo de molestar a los poderosos. Y apoyaba, con una notable capacidad de trabajo, su visión de largo plazo evidente en los sueños que se le ocurrían a él y que sólo alguien como él ­que se atrevía a pensar en grande y a tomar los riesgos que esto entraña­ podía sacar adelante.



Eduardo Alvarez-Correa nos marcó profundamente a quienes estudiamos Derecho en la Universidad de los Andes. Era un hombre ilustrado y cultísimo, hablaba varias lenguas y recitaba por igual leyes romanas y párrafos de los Upanishads. Era también un gran ser humano. Pero sobre todo era un maestro ­en el sentido integral de la palabra­, uno de esos seres superiores que genera en los demás un deseo inagotable de aprender, de ser mejor, de ir un poco más allá, de evitar a toda costa la mediocridad.



¿Por qué me refiero a estos tres hombres cuyas vidas conocí de cerca? Porque creo que en la visión amplia del mundo, la rectitud, la decencia y el buen carácter de Pacho Posada; en la irreverencia, la visión de largo plazo y la capacidad de trabajo de Peñalosa; en las cualidades humanas y el amor por el conocimiento y la enseñanza de Eduardo Alvarez-Correa; pero ante todo, en la independencia de criterio que los caracterizó a los tres, quizás podamos encontrar el rumbo que perdimos cuando quedamos en las manos de los que nunca podrán ser como ellos.
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