A recuperar el algodón

| 2/25/2000 12:00:00 AM

A recuperar el algodón

Además de mantener el incentivo de capitalización y de garantizar que el negocio sea sostenible, se necesitan bancos de maquinaria.

por Alvaro Uribe Vélez

Plausible es la decisión del Gobierno de reactivar el cultivo de algodón, que se redujo a 40.000 hectáreas cuando podría utilizar 140.000. Recuperarlo producirá enorme beneficio en la generación de empleo campesino y de profesionales del agro. Dará seguridad a la cadena de textiles y confecciones, que al contar con trayectoria, vocación empresarial y prestigio mundial, ha avanzado en la construcción de una ventaja competitiva. La devaluación facilita mejor precio interno sin deteriorar la competitividad de la industria ni depender de un elevado subsidio estatal. Lo importante es no permitir un nuevo rezago cambiario y acelerar la importación de agroquímicos genéricos, por intermedio de agremiaciones, cooperativas y particulares, para evitar que el precio sea devorado por el efecto de la devaluación en los insumos de origen externo. Para esto se requiere iniciativa de quienes administran las líneas de crédito oficial. De darse una política equitativa y estable, la productividad de nuestro algodón puede ser plenamente competitiva. Empresarios y campesinos son abnegados y tienen talento para el tema, no obstante que los primeros han vivido embargados y los segundos con hambre.

Han debido trabajar con deficiencias en infraestructura, crédito, precios y tecnología. Reanimar el sector jalona la investigación, necesaria para avanzar en controles biológicos o en prácticas como la siembra en eras, que poco se realiza por temor a la adecuación de suelos o al control del agua, en un país donde abunda pero cuyos sistemas de riego son de mucho costo e incluso inaccesibles cuando obliga el bombeo. La escasez de maquinaria es un obstáculo a la vista. Para remontarlo no basta con esperar que los particulares vuelvan a adquirir tractores e implementos. Además de mantener el incentivo de capitalización y de garantizar que el negocio sea sostenible, se necesitan bancos de maquinaria. Algunos municipios los han ensayado pero ha aparecido la interferencia politiquera. En cabeza de asociaciones privadas deberían arrojar un mejor resultado, siempre que la demanda permita por lo menos pagarlos. El buen propósito gubernamental necesita credibilidad y para ello no puede continuar la mora de girar los $2.500 millones que restan del subsidio ofrecido en la cosecha anterior. La estacionalidad y la inestabilidad del cultivo no han creado un marco adecuado para reivindicar el nivel de ingreso de los labriegos algodoneros. Inicialmente, todos deberían ser atendidos por el Fondo de Solidaridad del Régimen Subsidiado de Salud. El empleo algodonero es paz o si no veamos en un libro de Juan Manuel López Caballero (La violencia de los 90), la relación entre el desempleo agrícola y el crecimiento de frentes de las Farc.
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