Opinión

  • | 2004/09/17 00:00

    ¿A quién le interesa la historia del empresariado?

    La investigación rigurosa sobre el pasado empresarial permite identificar las características de los empresarios y los gerentes colombianos. ¿Cuáles son esos rasgos?

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"El que no conoce su propia historia está condenado a repetirla". La sabiduría de esta idea también se relaciona con la actividad empresarial y la ocasión de una entrega de Dinero dedicada a la historia empresarial del país es propicia para traerla a consideración de los lectores. En estos últimos 150 años, hay un arsenal de lecciones que le permiten al empresariado aprender de su propia experiencia. Es una mirada al pasado que resulta al menos tan sugestiva como la idea de planear estrategias para el futuro, que seduce a diario a tantos empresarios y gerentes.

La materia prima para estudiar la historia del empresariado está, por supuesto, en los archivos públicos nacionales y locales, en los registros de las notarías, los periódicos y revistas. Sin embargo, también está bien cerca de la vida cotidiana y los afectos de los empresarios, en los archivos privados de las empresas, de sus dueños, de los gremios y en la memoria viva de los mayores en las organizaciones, los grupos económicos y las familias. También se encuentra en la correspondencia de los negocios, en las actas de las juntas directivas y los informes periódicos de la administración a los accionistas. La historia convive con nosotros y marca profundamente el destino de nuestras organizaciones.

¿Para qué preguntarse sobre el pasado empresarial del país? Con agendas nacionales tan urgentes como las que se derivan de un TLC con Estados Unidos; o frente a agendas personales sin respiro, como las cotidianas de los empresarios y sus gerentes asalariados, vale la pena preguntarse sobre el sentido que puede tener para los empresarios, los grupos económicos y los gremios indagar por su trayectoria y vicisitudes en décadas pasadas. No hay una respuesta única. El conocimiento sobre el pasado permite examinar cómo se manejaron situaciones similares a las enfrentadas hoy, pero también deja claro que no hay soluciones mágicas. Quizá la mayor contribución de la historia es ayudarnos a entender que los problemas empresariales tienen una complejidad que se escapa a los diagnósticos simples. Esa gran lección debería ayudarnos a hacer una pausa y ponderar con mayor cuidado distintas perspectivas antes de tomar decisiones que pueden afectar la vida de centenares o miles de personas.

En otras sociedades, como Gran Bretaña, Estados Unidos, Japón y Alemania, estas temáticas son la esencia de un área académica conocida de tiempo atrás como la business history, la historia empresarial. En la Harvard Business School, pionera en este campo, existe desde mediados de la década de 1920; en Gran Bretaña desde comienzos de los 50. Hay una tradición de preservar los archivos empresariales, que las empresas abren a los investigadores académicos, y una larga trayectoria de publicaciones que contribuyen a explicitar la memoria empresarial y a ponerla a disposición de un amplio público. Las universidades de esos países valoran altamente a los investigadores, la sociedad cree que tienen algo qué decir y las empresas se dejan estudiar. Hay un entendimiento tácito en el sentido de que reconstruir con criterio crítico y riguroso aspectos de la trayectoria histórica del empresariado de un país contribuye a su acervo e identidad cultural, de la misma manera en que lo hace el análisis de las manifestaciones culturales, de los movimientos populares o de los grandes conflictos sociales.

Hoy en Colombia la historia empresarial es tema de estudio en cerca de veinte universidades, públicas y privadas, de Bogotá, Medellín, Cali, Barraquilla, Bucaramanga, Pereira, Cartagena y otras ciudades, en donde existen cursos de historia empresarial de Colombia y una naciente actividad de investigación en varias de ellas. Ya se cuenta con una bibliografía especializada que ha crecido gradualmente desde comienzos de la década del 90, producto del trabajo de investigadores colombianos e historiadores extranjeros. La temática se introdujo en la Facultad de Administración de la Universidad de los Andes hace 30 años y desde entonces es un curso básico para sus estudiantes. No se trata de "historia patria" de fechas a memorizar, héroes a entronizar y malvados a satanizar, sino de la reconstrucción y análisis crítico de procesos, estructuras, actores, estrategias y resultados relacionados con la actividad empresarial en períodos, unidades productivas, sectores y regiones específicas. La historia empresarial está fundamentada en la historia económica y social, pero se mueve en el nivel micro, no de los grandes agregados ni de los ejercicios econométricos; por demás útiles para otros fines, como lo demostró un seminario internacional sobre avances recientes en la historia económica "cliométrica" colombiana que organizó el Banco de la República el mes pasado.

¿Cuáles son algunos rasgos del empresariado colombiano que comienzan a insinuarse, gracias a la historiografía empresarial y cuyo estudio más a fondo puede orientar futuras investigaciones sobre historias de empresas colombianas, biografías de empresarios, historias de negocios y sectores específicos así como de asociaciones (gremios) de la producción y los servicios? Entendiendo que el empresariado colombiano conforma una galaxia antes que un sector homogéneo, a continuación se esbozan unos pocos de esos rasgos:

- Desde sus orígenes, el empresariado colombiano ha sido altamente diversificado en sus negocios e inversiones. No tener "todos los huevos en la misma canasta", diversificar el riesgo, incursionar en múltiples negocios con miras a integrarlos vertical y horizontalmente, hacia adelante y hacia atrás. Estrategia y lógica que la globalización ha desafiado, como lo muestran los grandes grupos económicos: de la euforia diversificadora de hace diez años todos se han movido a redescubrir su core business. Interesante: Santiago Eder, el fundador de La Manuelita, hizo algo semejante cuando fundó en 1901 el primer ingenio moderno, luego de 40 años de ser el "campeón de la diversificación". ¿Habrá algo cíclico en la diversificación?

- Aunque se registran cambios en las últimas décadas en la estructura familiar, la familia ha sido esencial en la vida empresarial del país. Esta no se comprendería sin referirse a las redes familiares, los linajes y las empresas familiares, así como a las redes de amistad. La familia no es solo una unidad de producción (y reproducción), sino que se fundamenta en la confianza (trust) y las solidaridades propias de la consaguinidad. Por ello, las alianzas familiares por medio de las redes de casamientos para preservar el parentesco, y el capital, y la práctica premoderna de "hacer negocios con gente conocida: gente como uno". Seguimos en la etapa del "capitalismo familiar", que hace cien años en Estados Unidos ya había cedido al "capitalismo gerencial". De los cuatro más grandes grupos económicos (los "cacaos"), tres son familiares. Una curiosidad: los bancos antioqueños de la segunda mitad del siglo XIX eran familiares; y esas familias fueron luego pioneras de la industrialización. Surgieron alrededor de las casas de comercio: "Hijos de . y Cía." (Restrepos, Villas, Santamarías, etc.). ¿Se sigue reflejando la jerarquía de la familia en la estructura de la empresa familiar?

- En el país, el "capital político" ha sido un factor importante en el proceso de acumulación de capital, función distintiva del empresariado. Décadas de proteccionismo le dejaron la herencia de "jugar al sistema" en vez de "jugar al mercado" como verdaderos capitalistas: el monopolio y la sombra protectora de las rentas y del Estado son más cómodas que la competencia y la globalización. No ha sido extraño que los empresarios colombianos hayan estado cerca de la política y el Estado, una estrategia para propender por sus intereses frente a las políticas públicas y disminuir la incertidumbre institucional en un mercado altamente politizado. ¿Es tan diferente -como algunos dicen- el sector público del privado, en un país con larga experiencia en que lo público sea un "asunto privado"?

- Los conflictos partidistas (y su máxima expresión en las numerosas guerras civiles del siglo XIX) tuvieron costos y beneficios para los empresarios, dependiendo de su filiación política: algunos prosperaban con las guerras. Las formas de participación de los empresarios en la política han sido múltiples, incluyendo desde la financiación de campañas políticas, el desempeño de cargos públicos de elección popular así como de nombramiento, el monopolio de rentas (aguardiente, sal, degüello de ganado) cuando el Estado era aún más débil que ahora, e incluso, hasta la financiación del Estado. Los Montoya Sáenz en la década de 1830 y Pepe Sierra en los albores del siglo XX fueron prestamistas del gobierno que atravesaba penurias fiscales. Hernando Caicedo, el dirigente conservador de los años 1950, fue a su vez un capitán de industria en el sector azucarero y promotor de Asocaña. En sus años de gloria, hace apenas dos decenios, Jaime Michelsen, cabeza del grupo Grancolombiano, hacía "temblar al país": tanto a la Comisión de Valores que intentó controlarlo, como a la Superintendencia Bancaria que fue solícita en complacerlo. Algo que sorprende al observador extranjero: miembros de conocidas familias de empresarios han sido presidentes del país durante varias generaciones: Carlos E. Restrepo, Alfonso López Pumarejo, Pedro Nel Ospina Vásquez, Mariano Ospina Pérez, entre otros. Por ello, no hay que sorprenderse si un presidente del gremio de los comerciantes llega a ser ministro de Estado o si un ministro saliente pasa a presidir una empresa. ¿Será que después del Frente Nacional aumentó el expertise nacional para "capturar el Estado" por parte de sectores empresariales y de otros sectores (maestros, burocracia sindical)?

- En un "país de regiones", fragmentadas e incomunicadas hasta hoy por la geografía, con mercados regionales y con bases económicas diferentes, la Nación como tal tardó mucho en constituirse. El empresariado se formó con raíces, culturas e identidades locales y regionales. Y empresarios e iniciativa empresarial se dieron en varias regiones del país. A medida que ha aumentado el conocimiento del pasado empresarial, el "mito paisa" que pregonaba que Antioquia era la única región en que florecían la ética, el entrepreneurship o espíritu (y cuerpo) empresarial, se han ido quedando sin pie. Hoy se sabe que en Santander de fines del siglo XIX los comerciantes de la "calle del comercio" de Bucaramanga que negociaban importando mercancías extranjeras y exportando "frutos del país" (tabaco, quina, añil, luego café), aunque no gozaban de la abundancia de oro de los antioqueños, poco tenían para envidiarles en cuanto a habilidades en los negocios. Por otra parte, los prejuicios cachacos sobre los costeños se han ido desmoronando al descubrirse -gracias al empeño de un grupo de historiadores de primera línea de esa región- el papel del tabaco de Carmen de Bolívar; el complejo know how para articularse en el comercio internacional que manejaron inicialmente los comerciantes de Santa Marta y desde finales del siglo XIX los empresarios cosmopolitas de Barranquilla y Cartagena, que tenían filiales de sus casas de comercio en el exterior y que luego se embarcaron en proyectos industriales (industria metalmecánica, ingenios azucareros, petróleo, frigoríficos) con variadas experiencias de éxito y fracaso, modernizaron los puertos, se destacaron en la navegación fluvial y se asociaron con inmigrantes extranjeros. Desde la Costa, tuvieron una visión más global que aún ahora es difícil de lograr desde las montañas del interior del país.

- A diferencia de otros países latinoamericanos, Colombia no fue un país de inmigrantes; los pocos centenares que llegaron no se comparan con los siete millones de europeos que poblaron Argentina y Brasil entre 1870 y 1940. Los extranjeros que se aventuraron en la "tierra de El Dorado" fueron inicialmente ingenieros y técnicos de minas que se asentaron en Antioquia a mediados del siglo XIX, seguidos por comerciantes alemanes que llegaron a Santander. Luego, en la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo XX, capitanes de barco ingleses, algunos italianos y franceses y comerciantes de Curazao que se quedaron en los puertos de la Costa Caribe; en las primeras décadas del siglo XX llegaron al interior de la Costa los siriolibaneses; y en los años 30 del siglo XX, inmigrantes japoneses se localizaron en el Valle del Cauca. Lo interesante es que esos contados inmigrantes en su mayoría se distinguieron como empresarios, gozaron de aceptación (hoy sigue siendo así), se casaron y se integraron a la sociedad local, trajeron una visión del mundo industrializado, estaban familiarizados con la tecnología y tenían conocimiento del comercio internacional, contactos e información que les dieron ventajas que aprovecharon con criterio empresarial. Es decir, desplegando afán de lucro, innovación, capacidad de detectar las oportunidades, toma de riesgos, evitando el despilfarro, adaptándose a la inestabilidad jurídica e institucional, al vaivén incesante de las reglas de juego. Lo interesante es que -con matices entre regiones del país- los colombianos que no tenían esas ventajas comparativas desarrollaron esas mismas capacidades empresariales, poniendo una certera estocada sobre el lomo de las teorías que afirmaban, y que se reviven periódicamente en algunos cocteles bogotanos, una supuesta falta de espíritu empresarial, por razones culturales, en estas tierras del trópico.



* Profesor Titular de la Universidad de los Andes.
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