Opinión

  • | 2005/08/05 00:00

    A la mitad del período

    Las consecuencias de las acciones y omisiones del primer período del gobierno Uribe se verán en los próximos cuatro años. Y no todas serán agradables.

COMPARTIR

Como la mayoría de los colombianos, aunque por razones diferentes o, quizá, adicionales, hago votos por que la Corte Constitucional declare exequible la reelección presidencial inmediata, de modo que el presidente Álvaro Uribe pueda presentar su nombre para un segundo período. En ese caso, según todas las encuestas, obtendrá un triunfo arrollador en las urnas. Siempre lamenté que Gaviria no pudiera continuar cuatro años más, hasta 1998, en parte porque el cambio de gobierno creó confusión, desde luego interesada, sobre las relaciones de causa y efecto de los fenómenos "macroeconómicos". Pero, sobre todo, porque creo que, después de haber recibido el mérito y cosechado los beneficios de las muchas cosas buenas del "revolcón", y con innegable capacidad de previsión a largo plazo, Gaviria habría estado más dispuesto y en mejores condiciones que su sucesor para introducir las modificaciones requeridas para evitar la crisis de 1998-1999, que se llevó más de un lustro de desarrollo.

Samper no lo estaba y, en verdad, se habría requerido un desinterés sobrehumano para dedicar los primeros años de su administración a medidas tan desagradables como el recorte del gasto, el aumento de los impuestos, la corrección de la sobrevaluación del peso y la disciplina monetaria que su antecesor había pospuesto por aquello de que, aunque no haya almuerzos gratuitos, en macroeconomía sí suele haberlos a crédito. No opino nada bien del gobierno Samper pero tengo la convicción de que, si al final de su período estalló una crisis financiera, fiscal y cambiaria, no fue, como dice el mito, porque el gobierno del elefante hubiera modificado en forma radical el manejo económico previo sino, precisamente, porque trató de seguir aumentando el déficit fiscal, la deuda, la revaluación y la emisión de dinero para estirar la cuerda y dejarle la papa caliente al siguiente. Sin éxito, como sabemos, pues la crisis económica estalló en los últimos meses de su gobierno.

Pero no menciono lo anterior para hacer precisiones históricas, que a nadie le importan, sino porque las circunstancias económicas que encontrará Uribe en su segundo período (o Serpa, o Mockus, o Peñalosa, si ocurre lo que hoy parece imposible y alguno de ellos se gana la rifa del tigre) serán muy parecidas a las que encontró Samper. Pero ahora con la carga y el beneficio de la experiencia que demuestra que, en semejantes circunstancias, sería iluso esperar que los costos puedan seguirse posponiendo durante todo un segundo gobierno.

La más obvia de esas semejanzas es la revaluación del peso. Samper encontró en agosto de 1994 un dólar muy barato, tras varios años en que la revaluación venía utilizándose, como quien no quiere la cosa, para bajar la inflación pese a contar con una demanda interna real disparada y en medio de una verdadera orgía de dinero y crédito. Y hoy, sobre todo después de la indiscutible muestra de confianza en el país de la familia Santo Domingo al decidir vender Bavaria, hay una posibilidad de que el Presidente Uribe inicie su segundo período con un peso aún más revaluado en términos reales, respecto a 4 años antes, que el que en su momento encontró Samper.

Otra semejanza es la fragilidad tributaria y fiscal. Cuando inició Samper el principal problema era la dinámica de las transferencias regionales atadas a los ingresos corrientes y, oh sorpresa, esa será una de las mayores amenazas fiscales para el próximo gobierno pues el freno constitucional transitorio al crecimiento de las transferencias regionales está próximo a desaparecer. Pero no será el único problema: muchas de las normas tributarias que elevaron los ingresos durante el primer período de Uribe son transitorias, hasta 2006 ó 2007. El próximo gobierno enfrentará el reto de reformar a fondo la estructura tributaria y efectuar una verdadera limpieza de Augías de los establos fiscales, inundados de exenciones, privilegios y otras porquerías.

Por razones de espacio solo voy a mencionar otra semejanza entre esos dos momentos históricos. La oferta monetaria y el crédito, que hace 4 años estaban por el suelo, tras una crisis financiera (algo así como la situación de endeudamiento mínimo que en su momento heredó Gaviria de Barco) van disparados para apoyar la demanda agregada y compensar los efectos depresivos de la inundación de importaciones.

Buen viento y buena mar, Presidente Uribe. Da mucha tranquilidad saber que seguiremos contando con un timonel y capitán de calidades excepcionales.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?