| 5/5/2006 12:00:00 AM

TLC: ninguno de los dos bandos tiene la razón

Ricardo Torres, lector de Dinero.com, critica las posiciones de los defensores y detractores del Tratado de Libre Comercio.

Flaco favor le hacen a la democracia de este país, tanto los defensores acérrimos como los detractores fanáticos del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos.
Los primeros pecan por el exceso de triunfalismo para tratar de convencer hasta con argumentos aventureros que rayan en lo más improbable e irreal sobre que esto es la panacea.
 
Tratar de creer a estas alturas del Siglo XXI, que la primera potencia mundial del momento, está dispuesta a ceder terreno económico frente a una nación que lucha desesperadamente por salir del subdesarrollo, es lo más fantasioso.
 
Tan fantasioso es el episodio, que olvidan nuestros negociadores del tratado como los gobernantes y partidarios del gobierno de turno, que la potencia mundial que hoy alaban y defienden como nuestro aliado incondicional, es la misma que ha endiosado en el pasado reciente a personajes de la talla de Noriega, Husein y Osama Bin Laden, a los cuales finalmente ha perseguido y difamado cuando ya no les sirven a sus propósitos.
 
Tan fantasioso como creer que esa misma potencia está dispuesta a sacrificar su economía interna, a perder el nivel y calidad de vida de sus coterráneos, a incrementar el nivel de desempleo y especialmente a crear el precedente de entregar más de lo necesario cuando todavía le quedan pendientes muchos tratados por firmar con otros naciones que en verdad si son mucho más poderosas que la nuestra.
 
Igual de fantasioso como creer que el gobierno del actual presidente del país del norte esté dispuesto a dilapidar su hoy alicaído capital político frente a sus eternos rivales cuando están en juego próximamente las elecciones del congreso.
 
Pero si estos defensores a ultranza de algo que no tiene defensa son fantasiosos, entonces que podemos decir de los que niegan en el tratado, ya acordado, una forma de solución de los problemas de nuestro país.

Por su puesto que también los detractores no saben en que mundo habitan o consideran que están hablando a un país de sordos, necios e ignorantes.
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