| 3/25/2008 12:00:00 AM

Parqueaderos y economía

La polémica que se formó hace un año atrás con motivo de los excesivos cobros en los parqueaderos de algunos sectores de Bogotá, finalizó parcialmente con la entrada en vigencia, desde abril de 2007, del decreto firmado por el exalcalde Luís Eduardo Garzón y el firmado por el Alcalde Moreno el pasado 31 de enero de 2008. En esta polémica, que se ha vuelto a reavivar, hay varios factores económicos que hay que considerar en el análisis.

En primer lugar, la oferta y la demanda. En Economía se dice que cuando hay escasez los precios tienden a subir y viceversa. No puede negarse que en Bogotá, una ciudad en la que los sitios públicos para estacionar son cada vez menores y en la que cada vez se encuentran menos parqueaderos, es lógico que los precios de este servicio tiendan a subir. Incluso me atrevo a decir que el decreto del exalcalde Garzón fue un mecanismo insuficiente para controlar la presión sobre el alza de los precios, pues desde la edad media hasta nuestros días, las estrategias de control de esta variable por parte de las autoridades han demostrado ser una medida que muchos no acatan a pesar de las sanciones de que pueden ser objeto. En igual sentido, el nuevo decreto por sí solo será una medida limitada para controlar el precio que se cobra en los estacionamientos.

Podría pensarse que una forma para disminuir la demanda del servicio de estacionamiento es el aumento de su precio. La teoría dice que si sube el precio la demanda baja. En este caso lo más probable es que esto no se cumpla (al igual que muchas otras cosas de la teoría económica), pues es muy probable que las personas que tienen su vehículo propio no van a preferir utilizar el transporte público con todos los sacrificios, incomodidades y riesgos que ello implica (las leyes naturales son superiores a las leyes económicas). Para estas personas será más “útil” transportarse en su propio vehículo que ahorrarse lo del parqueadero. La demanda de estacionamiento seguirá siendo la misma a pesar del precio o incluso podría crecer ante los resultados en ventas de vehículos nuevos que han mostrado los concesionarios en los últimos meses (muy a pesar del aumento de la tasa de interés).

¿Cuál podría ser la solución para bajar el precio? El exalcalde Garzón pensó, erróneamente, que en el corto y mediano plazo el decreto lo haría. En el largo plazo lo más probable es que el nuevo decreto firmado por el Alcalde Moreno, que congela las tarifas hasta enero de 2009, tampoco funcione. Por ejemplo, podría pensarse en promover una política para fomentar la construcción de parqueaderos de varios pisos con lo que probablemente se incremente la oferta y los precios bajen. No es una solución fácil, pues ello implicaría que los dueños de los actuales parqueaderos piensen en establecerse casi “de por vida” en este negocio y pierdan parte de la liquidez que representa tener un lote bien ubicado (en general, es más fácil vender un lote bien ubicado que un edificio de parqueaderos).

El segundo factor, la renta de la tierra. Sobre este tema es obligatorio citar a David Ricardo, quien supuso que las tierras poseían distintos grados de fertilidad, distinguió tierras de primera, segunda y tercera clase. Supuso además que las propiedades de la tierra no eran uniformes, ya que unas requieren más capital y trabajo y otras menos esfuerzos y gastos.

Retomando estos planteamientos, puede afirmarse que el otro factor por el cual los precios del servicio de estacionamiento en Bogotá son tan elevados, tiene estrecha relación con la teoría de la renta de la tierra de este ilustre economista. ¿Por qué? Sencillamente porque los terrenos de algunos parqueaderos (indiferentemente de su fertilidad, porque este atributo no tiene relación con el presente análisis) tienen una ubicación privilegiada en zonas de elevada valorización y que además dichas zonas están plagadas de oficinas, entidades y centros comerciales, entre otros, cuyos usuarios presionan constantemente por conseguir un estacionamiento.

 

De igual manera existen parqueaderos en otras zonas de la ciudad que cobran tarifas relativamente bajas, similares a las de ciudades intermedias como Armenia o Pasto. ¿Por qué? Simplemente porque no tienen tanta demanda del servicio y/o no brindan las mejores condiciones físicas y de seguridad y/o son estacionamientos ilegales (en Bogotá se calcula que el 56% de los parqueaderos son ilegales).

La medida del exalcalde Garzón, al igual que el Decreto 019 del 31 de enero de 2008, firmado por el nuevo burgomaestre de la capital, son mecanismos utilizados para establecer precios máximos, es decir, por debajo del precio de equilibrio. En últimas, si el exalcalde Garzón no hubiera intervenido la tarifa fijando los precios del servicio de los parqueaderos, éstos -los precios- posiblemente hubieran sido superiores hasta en un 55 por ciento. Es prudente aclarar que, si el decreto se ha venido cumpliendo, la tarifa máxima de $1.300 por fracción de 15 minutos ($5.200 por hora) se debió aplicar en los mejores estacionamientos, es decir, en los que la renta de la tierra debe ser mayor (se dice que hay estacionamientos en donde cobran hasta $8.000 por hora!!!).

Y, el tercer factor, competencia imperfecta. Al parecer el de los parqueaderos en Bogotá podría ser un caso de competencia imperfecta, pues 14 empresas administran un poco más de la tercera parte de los estacionamientos capitalinos, la gran mayoría de ellos ubicados en las zonas de más alta valorización de la ciudad. Esta situación privilegiada podría permitirles a estas empresas ejercer una presión importante para fijar los precios que a ellas les convenga. En todo caso, los precios establecidos en el decreto eran vigentes hasta enero pasado. Durante este tiempo los empresarios de este sector pudieron estudiar la situación con más detenimiento y posiblemente estén más unidos que antes para presionar las decisiones del gobierno distrital.

Finalmente, y a pesar del decreto, tener un parqueadero normal es una inversión de bajo riesgo que además no requiere elevadas inversiones para su montaje. Los empresarios de los estacionamientos tendrán un tiempo considerable para determinar si el negocio sigue siendo rentable a pesar de la intervención del gobierno distrital, es decir, si lo que Keynes denominó “eficiencia marginal del capital”, en el caso de la operación de un parqueadero, es mayor que la tasa de interés o la tasa de ganancia de otras opciones de inversión que tienen sus propietarios. Estoy seguro que en el caso de los estacionamientos la primera es mayor que la segunda.

Ahora hay que esperar el nuevo debate que se plantea para que el cobro no se haga por fracción de 15 minutos sino por minutos.


* Economista. Docente de Planta de la Universidad del Quindío. Email: eitarapuez@uniquindio.edu.co

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