| 10/15/2005 12:00:00 AM

No es cuento Chino

Germán Becerra analiza los secretos del vertiginoso crecimiento de la economía China y las lecciones que se pueden aplicar a Colombia.

Hace algunos meses recibimos esperanzados la noticia del viaje del señor Presidente, Álvaro Uribe Vélez, a China; pero no tanto por la posibilidad de suscripción de nuevos tratados de libre comercio o de apertura de nuevos mercados como por el contacto directo del señor Presidente y su comitiva de funcionarios y empresarios con los sorprendentes resultados del país más poblado del planeta en la aplicación de políticas para lograr crecimiento y bienestar. Estos viajes permiten descubrir las cosas buenas de otros países y aprender sobre el camino que tuvieron que seguir para obtenerlas.



Todos los estudiosos del fenómeno chino han reconocido con asombro los importantes resultados de esas políticas: crecimiento anual del PIB superior al 10% entre 1980 y 1995, pasando de 451.8 miles de millones de yuans (o RMB) a 5,826 miles de millones de yuan (a precios constantes); crecimiento promedio anual de la industria cercano al 15%; crecimiento promedio anual de 4,810% (cuatro mil ochocientos diez %) de su ingreso "per capita" entre 1978 y 1995



El fenómeno chino no obedeció a la suscripción de tratados de libre comercio, sino en al establecimiento de cuatro zonas económicas especiales, cuyo montaje se inició en 1980, como parte de las decisiones adoptadas en la 11ª reunión del Partido Comunista Chino; tres de ellas localizadas en la Provincia de Guangdong: Shenzhen (cerca de Hong Kong), Zhuhai (cerca de Macao), Shantou y otra en Xiamen (Taiwán) en la Provincia de Fujian. Luego de algunos fracasos, crearon cinco nuevas zonas especiales en la Isla de Hainan en 1988. Todas estas zonas fueron localizadas a lo largo de la costa, en regiones con fácil acceso al transporte marítimo, con el objeto fundamental de atraer la inversión extranjera con menores impuestos, bajos aranceles, buena infraestructura, mercado laboral flexible, y menos trámites burocráticos (Panagariya, 1993). Luego, se crearon varias zonas en el interior del país.



De esta forma, China logró convertirse en el mayor receptor de inversión extranjera directa en el mundo en vía de desarrollo: US$128.000 millones entre 1979 y 1995, que equivalen al 40% de toda la inversión extranjera directa de los países en desarrollo en ese mismo período.



Las provincias con zonas especiales tuvieron tasas de crecimiento del PIB y de la industria muy superiores a los del promedio nacional, siendo éstas las que impulsaron el importante crecimiento de la producción nacional. Así, por ejemplo, el PIB de Fujian creció en promedio anual 23.9%, a la par que su industria creció el 26.9%, entre 1980 y 1995. (Tatsuyuki OTA, 2003)



Las exportaciones de las provincias con zonas especiales crecieron de US$9 millones en 1979 a USD US$28.667 millones en 1995, lo que significa un crecimiento promedio anual de 19.901%.



La deliberada atracción de la inversión extranjera con menores impuestos, mejor infraestructura y condiciones laborales flexibles, fructificó atrayendo flujos de capital de largo plazo, generando un sorprendente crecimiento del PIB, de las exportaciones y del empleo en zonas altamente deprimidas.



Así las cosas, ¿no será útil que el Gobierno colombiano enfoque sus esfuerzos a lograr que el Congreso expida una ley sobre zonas especiales, con todas las condiciones para atraer el capital nacional o extranjero hacia zonas de frontera para la generación de nuevas actividades productivas? Lo cierto es que se requerirá mayor esfuerzo que el realizado con el Proyecto de Ley No 247/04 - Cámara, que se hundió en la pasada legislatura por falta de consenso en el Legislativo e impulso por parte del Ejecutivo.



La nueva ley deberá estructurarse de tal forma que no sea contraria a los acuerdos internacionales. Habrá entonces, de condicionarse las ayudas estatales a la generación de empleo y no a las exportaciones como sucede con la Ley vigente. Debemos aprender también que los chinos lo hicieron de tal manera, que no tuvieron que desmontar la mayoría de sus subsidios para lograr su adhesión a la OMC (Report on Special Economic Areas of China, Wenger Vieli Belser Beijing Office, 2003).



Pero no sólo el Gobierno debe aprender de la experiencia china. El esfuerzo de los trabajadores fue definitivo para atraer la inversión que solucionó los graves problemas de subsistencia de vastos sectores de población deprimida. Sin embargo, los bajos salarios no perduraron; la afluencia de inversión volvió escasa la mano de obra calificada, por lo que los salarios reales crecieron por encima del promedio mundial, generando bienestar y riqueza para el pueblo chino. Esto obligó a los chinos a replantear su estrategia, aplicando mayores incentivos a las inversiones intensivas en tecnología pero que generan empleo indirecto. Esto explica, en parte, por qué hoy en día los chinos están cambiando sus bicicletas por lujosos autos.



Vale la pena impulsar la nueva ley sobre zonas especiales; pero sin mezquindades y sin la ingerencia fiscalista de la DIAN y MINHACIENDA, porque para atraer la inversión no basta otorgar estímulos sino que es necesario garantizar que éstos sean mayores que los que otorgan otros países. Cuanto más demora, menos efectividad, si se tiene en cuenta que Venezuela ha creado una zona especial en su región fronteriza cerca de Cúcuta, que ya empieza a atraer, incluso, a inversionistas colombianos.





Las opiniones aquí presentadas no comprometen la responsabilidad, opinión y políticas del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, ni del Gobierno Nacional
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