| 12/9/2008 12:00:00 AM

"Los Pararrayos"

Lo que más impresiona de Álvaro Uribe es su capacidad para dar con personas dispuestas a hacer cualquier cosa legal, ilegal, fea o bonita para beneficiarlo, sin relacionarlo, en caso de que algo salga mal, con ningún pecado. Esbirros, puede ser la palabra justa para nombrarlos, pero en Colombia se les llama fusibles porque se queman para evitar el daño de la maquinaria. Para ir con la época y el fenómeno político, podemos llamarlos simplemente para-rrayos. En este caso los esbirros, fusibles o para-rrayos, lo son sólo para el presidente porque entre ellos no dudan un segundo en devorarse a dentelladas.

Así, Sabas Pretelt y Diego Palacio están acusados de comprar votos para aprobar la reelección de Uribe, pero aún a punto de ser colgados esgrimen la pureza de su jefe; Yidis sabe que el beneficiario principal de sus fechorías es Uribe, pero es a los ministros a quien ataca de frente. Teodolindo, ni hablar, aún probada la trampa, sigue escondiendo la mano y dice que fue Yidis. Tasmania contradijo la acusación de Uribe Vélez al magistrado Velásquez, pero culpa al tal “Tuso” de haberlo presionado; Noguera culpa al fiscal de todos sus males, pero no lo relaciona con Uribe, quien lo pasó de viceministro a fiscal; por su parte, Iguarán, como un juglar, no se cansa de cantar las fechorías de Noguera, pero es precisamente por sus actuaciones que éste está libre, como no queriendo que el golpe de la sentencia afecte la nueva campaña del reelecto.

Los medios no ayudan mucho, algunos periouribistas (esto de los términos en combo da para todo) como Maria Isabel Rueda, barren el piso con ministros, directores de departamentos administrativos y congresistas uribistas, mientras intacto, sino más limpio que antes, queda quien los nombró o ayudó a elegir.

En general aún los más responsables comunicadores no dudan en decir que hay un choque de trenes por un desacuerdo del presidente con la sala penal de la corte. Olvidan que no son 2 trenes, sino un tren de cien vagones contra un Simca mil, a lo sumo. Porque quien se mete con el presidente se mete no solo con el 90% de los encuestados, sino con la mayoría del senado, fuerzas armadas de todo tipo, las otras 3 cortes y todo el ejecutivo, incluyendo descentralizados, banco de la república y hasta comisión de televisión (y nunca es bueno meterse con quien controle la televisión).

Es completamente injusto darle categoría de enfrentamiento a una determinación de la más alta instancia judicial del país. El enfrentamiento tiene lugar antes de la sentencia, pero una vez dictada esta, se debe respetar o apelar, si hay lugar, en las mismas instancias judiciales que puedan conocerla, no en los medios y mucho menos a través de mecanismos demagógicos como el del referendo propuesto.

El papel de pararrayos usado desde los medios es sin duda el más preocupante. En vez de inventar un debate, es deber de los medios explicar que lo que la corte dijo es que el mecanismo para lograr que el congreso aprobara la ley que le permitía al presidente presentarse a reelección fue ilegal, es decir, que de haber sido legal, tal vez nunca se hubiera aprobado la reelección y Uribe no hubiera podido postularse de inmediato. Eso no quiere decir que la corte ponga en duda la votación obtenida por él ni su actual popularidad que es en lo que quiere crear confusión el presidente. No hay tal enfrentamiento, la corte dictó sentencia sobre un acto de cohecho y punto.

Si el presidente quiere gastarse el presupuesto, digamos de unas escuelas, haciendo un referendo que apruebe gastarse otra parte del presupuesto, digamos de unos hospitales, para reelegirlo, bien puede hacerlo si su conciencia se lo permite. Pero eso ningún efecto puede tener sobre la sentencia. No es aconsejarle al presidente desistir del referendo, es exigirle respeto a las leyes que rigen para todos, incluido él.

Pero esto los medios no lo hacen. Por el contrario, nos asustan con quiebres institucionales y crisis de gobernabilidad, como seduciéndonos a no tomar partido, a no pensar en lo justo o, peor, insinuando que la corte prendió las velas de ese entierro, dividiendo en dos, la culpa de la pataleta de este presidente irresponsable.

Y yo sigo preguntándome cómo es que este señor logra esa complicidad tan nociva, qué fines lo justifican y porqué todos parecen pelearse por cubrirlo de los rayos que el mismo cultivó en sus absurdas tormentas megalómanas. Aún personas en las que alguna esperanza de crítica constructiva esperábamos como Lucho Garzón o Sergio Fajardo, parecen despertarse cada día más motivados para ser ungidos sucesores en una suerte de avasalladora alianza ultra-derecho-izquierdista moderada.

Es curioso incluso que en Medellín, donde es tan normal pagar vacunas a los paras para tener un puesto de cualquier cosa en “el hueco” o en Itagüí o en envigado, ningún ciudadano se haya atrevido a denunciarlo, a pesar de que la consolidación de ese proceso se haya dado precisamente en la gobernación de Uribe Vélez. El mismo Sergio Fajardo debe saberlo, si hasta lo sé yo que no vivo allí, y sin embargo, no lo dice.

No se dice o se dice como no es o se culpa al que no es o se dice y se culpa, pero no a todos, falta uno. Pero nadie lo dice. Todos lo quieren proteger ante los rayos.

Es como si todos tuvieran algo que perder que es dado directamente desde la presidencia, el puesto en el sanandresito, la chiva desde palacio, la carreterita a la finca o la seguridad para ella, el contratito, el puestito, el votico, la notaría, la unción, el consulado y hasta el simple saludo o la sonrisita. Y va uno a ver y sí, todas esas cosas se dan desde una presidencia en Colombia, pero antes dependían de más personas y las más honestas compensaban en alguna medida a las más corruptas, las más preparadas a las más políticas. Hoy sólo hay espacio para Obdulios, Nogueras, Londoños, Yidis, etc.

¿Sería tan despreciable el poder extra de un reelecto como lo dictaminó la corte constitucional, para orondamente saltarse el principio de separación de poderes que a todas luces quedó hecho trizas con su aprobación de la reelección?

Ah, perdón, olvidaba que ellos también reciben algo desde presidencia: sus puestos.

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