| 8/13/2007 12:00:00 AM

Independencia es distinta a indiferencia.

En economía las leyes que rigen esa disciplina se caracterizan por el carácter relativo de las mismas, a diferencia de la química o la física donde si agregas determinados ingredientes y procesos obtienes un producto con características perfectamente predecibles.

El manejo económico es mas parecido a la alquimia, podría decirse que es “mas arte que ciencia” una de sus limitaciones es que la realidad del desempeño económico involucra muchas variables, algunas medibles y en algún grado controlables y otras absolutamente subjetivas como la confianza del consumidor por ejemplo. En las pocas décadas que tiene la economía como ciencia, ha logrado identificar algunas herramientas que de manera muy imperfecta parecen tener un efecto sobre la economía de un país.

En nuestro caso Colombiano, haciendo uso de gran prudencia el legislador le otorgo al Banco de la Republica el manejo de algunas de esas herramientas, entre ellas la fijación de una tasa mínima de interés y ciertas facultades para aumentar o disminuir la cantidad de efectivo que circula en el mercado con una misión muy especifica “controlar la inflación”.

El ejecutivo en cabeza del ministerio de hacienda y el mismo presidente, tienen el manejo de otras herramientas como el nivel de gasto público, la política de endeudamiento, las tasa de usura entre otros. Cuando las cosas van bien, los alquimistas disfrutan de su aparente éxito, cuando cambia el entorno y otras variables por fuera de su control aparecen en el horizonte, los alquimistas se ponen nerviosos, en algunos casos demasiado nerviosos.

Algunas de esas variables en los últimos tiempos han sido: Tendencias mundiales en la inversión, repatriación de capitales, perdida generalizada del dólar como moneda referente, aumentos en el consumo privado superiores al comportamiento histórico.

Dos tendencias aparecieron en el horizonte este año del 2007, devaluación e inflación, ambas muy preocupantes por los efectos devastadores en el llamado sector real y en el publico en general, el problema se enredo hasta convertirse en un nudo gordiano porque gobierno y banco de la republica se hayan enfrascados en una especie de pulso que no le hace ningún bien al país.

Empecemos por analizar el problema de la inflación, ante un escenario económico en que la inflación ha sido mayor de la esperada el banco de la republica en una forma, a mi modo de ver algo apresurada tomo medidas como drásticos aumentos de encaje y en la tasa mínima de interés de interés esperando con esto en teoría frenar la demanda agregada y limitar la inflación.

En la práctica ha tenido poco efecto, una cosa es la tasa de captación sobre la cual tiene influencia el banco y otra la que cobran los bancos en los créditos de consumo. En el caso nuestro, para un consumidor promedio pasar de pagar el 26 % de interés a un 28% posiblemente no sea un incremento tan alto que lo limite en sus decisiones de consumo, por lo tanto la efectividad de esta medida queda muy en entredicho.

Hay otras variables no controlables por el banco que han tenido en el caso colombiano una influencia mas directa en el incremento de la de la inflación como son el periodo de ajuste en que el mismo mercado amplia su capacidad para satisfacer ese aumento de la demanda, otra variable fundamental es el incremento en el precio internacional del petróleo y otras materias primas básicas en el mundo y algunas practicas monopolistas de gran impacto como fue el aumento desmedido de un material tan importante como es el cemento y el de la carne bobina causada por exportaciones a Venezuela.

Lo que si es muy claro es que esos mismos dos puntos aplicados a la tasa de captación si son un aliciente para incrementar el ingreso de dólares al país presionando fuertemente la reevaluación de la tasa de cambio. El segundo efecto muy delicado desde el punto de vista del consumidor es que los compromisos bancarios usualmente no son una tasa fija, si no que esta varia con base a la tasa de referencia fijada, este aumento en el interés aplicado sobre el saldo que se debe puede eventualmente poner en riesgo la capacidad de pago del consumidor.

Lo curioso del asunto es que en este momento coyuntural podrían tener efectos más impactantes sobre la inflación medidas que corresponden al poder ejecutivo, como mayor libertad de importar sin arancel productos de la canasta básica especialmente carne y un sano control al monopolio cementero y sobre la reevaluación una disminución significativa en las tasas de interés. Todo esto teniendo claro que la meta inflacionaria debe ser un propósito y no una estricta obligación obtenida a cualquier precio.

En manos de ambos, Banco de la Republica y Gobierno está el actuar enérgicamente en frenar inmediatamente la tendencia revaluacionista que amenaza con llevarse tantos empleos del sector real, con un agravante “empleo que se va no vuelve.”

Un país sobrevive frente a una inflación moderada pero si la reevaluación llega al punto de debilitar estructuralmente sectores sensibles como la cadena textil, flores y banano, el daño puede ser irreparable. Es cierto que en la reevaluación de nuestro país también hay factores externos como el aumento de la inversión extranjera en toda Latinoamérica y la debilidad del dólar Americano frente a otras monedas, pero en el caso colombiano este efecto revaluacionista excesivo se resume en una frase; es muy rentable prestarle al Estado colombiano porque paga caro y pide prestado mucho.

No pretendo que se elimine la autonomía del banco o del gobierno para tomar sus decisiones pero si, rogarles que en aras de esa independencia no se lleven al país por delante. Corresponde al Ejecutivo la responsabilidad de disminuir significativamente el gasto publico, de hecho con mejores controles administrativos es evidente que hay mucho espacio para hacer mas con menos.

También es tarea del ejecutivo autorizar rápidamente disminuciones en los aranceles que le permitan al sufrido consumidor colombiano aprovechar la fortaleza temporal del peso y reducir drásticamente la presión inflacionaria. Al Banco de la Republica reversar estos nueve aumentos que lleva en la tasa de referencia insistiendo en echarle gasolina al ingreso de capitales no productivos, mientras nuestros empleos continúan migrando a otras latitudes.

Colaborar, no es perder independencia, sobre todo si al final los beneficiados somos todos.

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