| 5/4/2007 12:00:00 AM

Guia para mejorar su liderazgo personal

Le propongo transitar el fascinante recorrido desde donde usted está, hasta el auténtico liderazgo, tanto en su vida personal como profesional. En un escenario global tan cambiante, dinámico e interdisciplinario como el que nos toca vivir, existe una verdadera y urgente necesidad de líderes en cada campo de actividad. Líderes que puedan gestionar el cambio y crear el futuro. Prepárese, entonces, para ser uno de ellos.

Preparación de los jugadores
Nos encontramos en el inicio de nuestro camino. Antes de poner a prueba las herramientas que nos conducirán al liderazgo, deberemos aprender ciertas reglas, y ejercitarnos un poco. Tenemos algo de tiempo para ello. Cerca nuestro, otros juadores ya se preparan, pero eso no debe importarnos. Nos acercamos a nuestro salón de entrenamiento. Allí no hay ningún equipo sofisticado, y a primera vista podría sorprendernos que, en medio de la sala, sólo exista ese espejo de cuerpo entero. Estamos frente a él. Completamente solos. El entrenamiento comienza.

El espejo
Pero... ¿puede haber algo más absurdo que un salón de entrenamiento totalmente vacío? Cuidado. No hay que anticiparse. Nuestro entrenamiento, como líderes, pasará por la mente. Y es por ello que no precisamos complemento alguno. Salvo, claro está, este espejo. Él nos devolverá nuestra imagen actual como punto de referencia.
¿Qué ve? ¿Logra acaso percibir a nuestro mayor adversario? No, no busque cerca suyo. No es ningún competidor que haya visto cerca, pujando por lograr también el liderazgo. Mire nuevamente al espejo. Le tiene delante de sus ojos. ¿Logra ver sus propios miedos? Tal vez no esperaba esa pregunta, lo sé. Pero en realidad allí reside su peor adversario. En usted mismo. Por ello, lo primero que haremos será mirar hacia nuestro interior, a fin de dejar atrás miedos, preconceptos y prejuicios.

Enfrente sus temores
El miedo, como el resto de nuestras emociones, reside exclusivamente dentro de nuestra cabeza. No lo busque en otro lugar, pues está engendrado y alimentado por usted mismo. Si nos damos cuenta de ello, también deberemos admitir que sólo nosotros podemos darle fin. Imagínese ahora que ya no teme lo que tanto le asusta. Mire a su alrededor. El mundo le está esperando (en realidad, siempre estuvo allí, a su alcance, para que usted lo disfrute y llene de proyectos; el problema era que sus miedos le impedían ver eso) Ahora sienta la sensación de libertad que le da su nuevo estado. Los miedos no pueden acabar con usted, si usted no lo permite. Recuerde eso.


Muchos miedos se gestan en nuestra propia inseguridad, fomentada a veces por influencias, comentarios, o hasta una educación que nos dice “Cuidado, no cometas errores”. Pero una persona que teme cometer errores, o que teme no poder hacer las cosas que desea, ya ha fracasado. Su miedo anticipó (y consolidó en él) el resultado que tanto temía, sin darle siquiera una oportunidad de lograr el éxito. Le ató al suelo, y no lo libera. Por ello, deberá previamente librarse de sus falsos temores. ¿Que con el correr de los años fracasa en algunos proyectos? No hay nada de malo en ello; todo el que avanza alguna vez se cae. Observe a los niños: para poder caminar, deben caerse algunas veces. Pero no por ello cejan en su empeño. Si así fuese, todavía estaríamos gateando en cuatro patas... Lo importante no es evitar equivocarse, sino aprender de los errores y seguir adelante.

-Aleje sus miedos
Nadie tiene esa enorme capacidad de hacerle abortar proyectos enteros, como puede hacerlo usted en un abrir y cerrar de ojos. Sus miedos e inseguridades se conjugan con mayúscula. Si les deja obrar, ellos desharán rápidamente todo el camino que usted se empecinó en recorrer.

Rompa sus paradigmas

Porque no sólo sus temores le anclarán innecesariamente. Su manera de ver la vida puede hacer lo propio. Analicemos juntos algunas suposiciones, aceptadas por la mayoría como ciertas, a pesar de que se demostró hace tiempo que dejaron de serlo.

No se atenace a su pasado
Hay dos cosas de las que podemos estar seguros. La primera es que el futuro todavía no existe como algo tangible (está, sí, en nuestra cabeza) Y la segunda, que nuestro pasado jamás volverá, ni podremos modificarle (aunque tenazmente se esfuerce por aparecer, también en nuestra cabeza) Y aquí debo confesarle algo, y es que el pasado y las semillas del futuro pueden entrelazarse. Lo hacen a través de un puente cotidiano: nuestro presente.

 

Si vivimos de cara al pasado, amargándonos por lo que hicimos o dejamos de hacer, por las oportunidades perdidas, por los proyectos malogrados, lo único que conseguiremos será condicionar nuestro presente. Le restaremos vida, le amargaremos o lo que es aún peor, le tornaremos inoperante. Si esto ocurre, nuestro futuro (suma potencial de todos nuestros esfuerzos presentes) se verá condicionado también. Lejos de ser lo que desearíamos que fuese, se convertirá en una continuación de nuestras frustraciones.

Por ello, aprenda de su pasado, pero déjelo atrás, sobre todo emocionalmente. Los errores existieron, es cierto, pero su única utilidad, aquí y ahora, es la de darle a usted experiencia, brindarle una nueva forma de ver y encarar mejor las cosas. Si desecha esto, y sólo toma la dosis emocional que le produce el recordarlos, pierde toda posibilidad de dejar de cometerlos, y sobre todo, de avanzar. Avanzar hacia nuestra meta: ser mejores líderes y personas. Ser, no simplemente parecer. Porque por supuesto, no es lo mismo. Lo uno es esencia y lo otro, una imagen que desprovista de contenido, se volverá contra nosotros.

¿Ser o parecer?
Un auténtico líder, profesional y personal, busca siempre “ser” y no sólo “parecer”. Hay una notable diferencia entre ambos estados. Actuar “como los demás” no lo convierte en “los demás”. La diferencia reside en la esencia misma de nuestros actos, más que en los actos en sí. Primero hay que forjar la convicción de que algo es realmente necesario para nuestra vida, sea ésta personal o profesional. Luego, hay que integrar esta convicción al resto de nuestros valores, para lograr así una actitud adecuada. Finalmente, resta producir un comportamiento coherente con esta actitud. Por ende, pretender “parecer” sin realmente “ser”, no nos conducirá a buen puerto. Es muy factible que desemboquemos en la frustración.

Veamos un ejemplo. ¿Qué va mejor con usted? ¿Un ambiente de trabajo y desarrollo más en solitario, al estilo de un hombre o mujer-orquesta, que valore la autonomía? ¿O uno grupal, rodeado de pares con los que intercambie ideas? Ninguno de los dos es el “mejor para todo”. Son, sencillamente, distintos, con sus facetas positivas y negativas. Ahora imagine que usted debe, ya mismo, asumir el rol contrario. Tratar de “parecer” lo que no se “es” le llevaría a conflictos internos. Desempeñarse en roles para los que, al momento, no cuente con disposición personal (al no haberse adecuado al cambio) sólo produce pobres (y conflictivos) resultados. Si debe “parecer”, entonces también debe “ser”.

Cree imágenes positivas

Para liderar su vida personal y profesional, nada mejor que motivarse con imágenes positivas de lo que espera conseguir. Veamos un ejemplo. Usted está en una agencia de viajes, observando con detenimiento ese afiche que anuncia unas maravillosas vacaciones en el Caribe. Hay algo que ha llamado su atención, y ahora observa la imagen de una playa de suave arena, bañada por un mar cristalino. Usted ya se imagina allí, disfrutando del sol. Le agrada lo que imagina, y de hecho, ya está mirando con atención el resto de imágenes que componen el cuadro. Desea enterarse de los beneficios y condiciones porque sus vacaciones se acercan y usted considera que se merece esto. ¿Lo ve? Así actúan las imágenes positivas, trasladándole por anticipado, motivándole a lograr lo que desea. Y esto se aplica a todo en la vida.

Pase delante suyo imágenes positivas de aquellos logros alcanzados, para sortear momentos difíciles del presente. Piense: “Si llegué hasta aquí, ¿qué me impide continuar y lograr lo que deseo?” Cree otras imágenes donde se vea logrando lo que quiere, disfrutando a pleno de sus beneficios. Ello le ayudará a motivarse a sí mismo, y a no desfallecer cuando los obstáculos (inevitables siempre) aparezcan en su camino.

Asuma nuevos desafíos y riesgos
La vida misma es el mayor de los desafíos, y si hablamos de “riesgos”, dígame usted si alguien le aseguró que vivirá hasta los cien años. Nadie, ¿verdad? Pues bien, si la vida misma no está asegurada, ¿puede sorprendernos que, para vivir, debamos asumir desafíos y riesgos? Pretender conservar las cosas inmóviles, y con ello escapar a los desafíos, o a los cambios y sus riesgos, es totalmente absurdo.

Todo cambia. Nosotros mismos lo hacemos a diario sin darnos cuenta. Y todo lo que emprendamos involucra cierto riesgo. Pero el nivel de riesgo depende de nuestra capacidad para acotarlo. ¿Cómo? Mediante nuestra experiencia y formación, una sólida actitud para enfrentar las cosas sin miedos injustificados (si algo falla, ya lo arreglaremos, pero si nunca nos animamos, jamás sabremos si no lo hubiésemos logrado), y por supuesto, el consejo de quienes pueden saber más que nosotros sobre el tema, además de analizar (o dejar que otros lo hagan por nosotros) toda la información disponible para tomar una decisión fundada en certezas.

Cierto es que decidir sobre algo sin bases firmes, o en total desconocimiento sobre lo que se decide, es riesgoso. Pero como puede verse al analizar el párrafo anterior, no lo es cuando se cuenta con apoyo. Si carecemos de preparación, toda decisión en nuestra vida se convertirá automáticamente en riesgosa. Busque entonces el nivel de preparación suficiente para que la sensación de riesgo deje de paralizarle. Pero luego actúe.

Cree su futuro

En el mundo hay dos tipos de personas: quienes reaccionan a los cambios (algunas veces, luego de cierto tiempo), y quienes los producen o se anticipan a ellos. Los primeros son reactivos, y los segundos proactivos. Tórnese proactivo, porque el futuro lo construyen las personas dinámicas, que establecen las circunstancias para que éste ocurra de acuerdo a sus expectativas.

Los grandes líderes, a lo largo de milenios, han establecido las condiciones para que ocurrieran los cambios. Usted puede (y debe) provocar las circunstancias que motiven el futuro que desea para su profesión y persona. Crear el futuro consiste en eso: crear los caminos para llegar a lo que ansía. Nunca quedarse esperando a que la oportunidad llame a su puerta; hay que poner la puerta delante de la oportunidad que usted haya concebido.

Si el camino ya está, muy bien, a seguirlo. Si no está, a construirlo. Haga que las cosas pasen, porque el que espera simplemente, es aventajado por el que construye sin cesar, día a día, hora a hora. Transfórmese en un generador de circunstancias, y haga de eso su llave maestra para lograr sus metas.

Paciencia y perseverancia
Hemos llegado al final. Ya ve, hay algunas cosas sobre las que trabajar, día a día. Pero contamos con las herramientas necesarias. Esas herramientas son los conceptos que he puesto a su disposición. Pero permítame agregar algo sobre dos grandes amigas que harán mucho por usted: la paciencia y la perseverancia.

Sin ambas, cualquier proyecto personal o profesional tiene buenas probabilidades de fracasar. Dígame, ¿hay algo más duro que una piedra? ¿Y algo más suave que el agua? Sin embargo, una gota de agua, tenaz y perseverante, a lo largo del tiempo puede horadar la piedra. Sea como el agua: tenaz, persistente, paciente. Una de las diferencias entre Oriente y Occidente es justamente ésta: la paciencia. Su culto, tan venerado en Oriente, se ha embebido en todas sus artes. Aprenda de ello.

Nada se logra sin paciencia. Los cambios de la noche a la mañana nunca funcionan.

Las dietas “milagrosas” de una sola semana son un fracaso. Los caminos cortos son sólo eso: caminos muy cortos. En la vida no existen atajos para hacer las cosas. Todo camino necesita su tiempo para ser recorrido. Y la perseverancia de dar cada día el número de pasos necesarios para llegar a la meta.

Paciencia y perseverancia: la una es espera confiada en los frutos de la otra...

(*) Juan Javier Alvarez
Director de liderazgosuperior.com. Su reciente libro se titula “Cómo desarrollar un liderazgo superior”.


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