| 8/11/2006 12:00:00 AM

Filantropía: La última moda

En fechas recientes, Warren Buffet, el segundo hombre más rico del planeta, con un patrimonio personal estimado en US$44.000 millones (115 millones de millones de pesos), anunció que donaría buena parte de su fortuna (cerca de 84%, US$37.000 millones) para obras de caridad a través de la fundación de Bill y Melinda Gates.

 

Esta ha sido la contribución más grande que se haya conocido en la historia de la filantropía, superando incluso la contribución del mismo Bill Gates, el hombre más rico del planeta y hasta hace poco cabeza de Microsoft, que ronda hasta el momento los US$31.000 millones.

 

Y es que estas escandalosas cifras que alcanzarían para saldar por completo la deuda de casi cualquier país pobre, incluyendo Colombia, no son la única evidencia de que la filantropía esta ganando adeptos alrededor del mundo.

Grandes estrellas del espectáculo como Angelina Jolie y Brad Pitt (por mencionar sólo dos de alto perfil), han hecho a un lado el glamour de Hollywood para trabajar por los más necesitados del mundo.

 

Jolie, en menos de cinco años, ha emprendido 30 misiones humanitarias en diversos países (Sierra Leona, Tanzania, Namibia, Camboya, Pakistán, Tailandia), labor que realiza para la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), un organismo que actualmente presta asistencia a 20 millones de refugiados en unos 120 países y que la nombró en 2001 embajadora de buena voluntad.

 

Tal es su interés por la filantropía que dos de sus tres hijos los adoptó, uno en Camboya y otro en Etiopía, y el tercero lo dio a luz en Namibia mientras realizaba su trabajo para la ONU. Admirable.

 

El astro internacional del rock, Bono(Paul Hewson), vocalista de la legendaria banda irlandesa U2 también es ya conocido por sus generosas contribuciones caritativas e incansables gestiones ante instituciones oficiales internacionales como el Banco Mundial (BM) y Fondo Monetario Internacional (FMI) con el fin de condonar parte de la impagable deuda de los países tercermundistas, además, se ha entrevistado personalmente con líderes mundiales que van desde los presidentes de las potencias hasta figuras del orden mundial como Kofi Anan, Nelson Mandela, la Reina Isabel, José Manuel Barroso, entre otros, en favor de acabar el hambre en el mundo.

 

Su mayor contribución filantrópica (Junto con Bob Geldof) fue sin duda la memorable avalancha de conciertos alrededor del mundo con el evento denominado “live 8”, que se llevó a cabo mientras simultáneamente los presidentes del G8 se reunían en Perthshire, Escocia (2 de Julio 2005), para discutir el cambio climático y la pobreza en África y que tuvo un poder de convocatoria entre participantes y espectadores estimado en cerca de 2 mil millones de personas, según la pagina oficial del evento,http://www.live8live.com/.

 

Aunque no era un evento para recaudar dinero, la presión política que generó provocó que la ayuda de estos países para con el tercer mundo se duplicara pasando de US$25,000 millones a US$50,000 mil millones hasta el 2010.

 

La preocupación y fascinación por la filantropía ha llegado a tal punto que incluso existe un reality show en televisión con este propósito. La cadena de televisión por cable A&E ha creado un formato llamado “random 1” que consiste en un par de amigos (John y André) que pasean por las ciudades de Estados Unidos buscando un blanco para su benevolencia.

En su primer capitulo, se toparon con el equivalente aquí en Colombia a un indigente y le consiguieron una prótesis de US$20,000 ya que era discapacitado, además de un empleo permanente en el sector de la construcción.

 

Aunque éste relativamente nuevo patrón de conducta de los magnates es para aplaudir, el creciente interés popular por el tema y el flujo de recursos asociado puede traer problemas que no se han considerado, ya que claramente es algo que no cuenta con precedentes. Se conocen casos en los que las organizaciones caritativas otorgan escandalosos privilegios a sus “voluntarios” siendo la cuota burocrática la que más pesa dentro del presupuesto de gasto.

 

Por ser una actividad que cada vez maneja más dinero, esto inevitablemente se traduce en conflictos políticos y como la filantropía involucra una movilización masiva de recursos y decisiones, cada vez es más largo su radio de operación, lo que puede sobrepasar los límites.

 

En 2004, Bob Geldof, uno de los gestores de live 8, manifestó que la reelección deYoweri Museveni como presidente de Uganda era un obstáculo en lucha contra la pobreza, lo que generó la movilización de simpatizantes en contra del presidente y que en principio fue visto por sus seguidores como una intromisión extranjera en los asuntos internos del país.

 

Pero realmente el desafío que enfrenta la filantropía es el de asignar eficientemente los recursos, ya que por lo general la manera de operar de estas organizaciones es con esfuerzos asistencialistas y que realmente no impactan la vida de los receptores, convirtiendo estos recursos en un montón de millones echados al bote. De hecho, cuando el señor Buffet decidió dar su generosa contribución a la fundación de Bill y Melinda Gates, manifestó que lo hizo porque “por dólar, era la más efectiva”.

 

Un consultor interno de la fundación de Bill y Melinda Gates también ha declarado que se enfrentan grandes problemas al momento de entregar los recursos, ya que no existe gente capacitada para ejecutar los programas de manera efectiva. En sus palabras, “es sorprendentemente difícil encontrar grupos competentes que puedan tomar US$10 millones de los nuestros y hacer algo con ese dinero”.

 

Y aunque es difícil asignar los recursos para la caridad de la nueva generación de filántropos, más difícil es entender las razones por las cuales estos individuos se desprenden de sus privilegios con tanto entusiasmo.

 

Algunos argumentan que tal vez es la culpa que llevan dentro por el modo en que han establecido sus fortunas, o que tal vez es la necesidad de sentirse admirados por el resto de la gente y figurar en los diarios como gente “buena”. Tal vez es el mismo ego que los impulsó a construir sus imperios el que los lleva a emprender nuevos proyectos donde la gratificación es la virtud.

 

Cualquiera que sea la razón, bienvenido sea este nuevo “filantrocapitalismo” que muchos desearían tuviera eco en América Latina y en Colombia principalmente, donde el crecimiento económico de los últimos años coincide por desgracia, sólo con el crecimiento de las fortunas de los más adinerados de nuestro país, quienes no muestran aquel entusiasmo filantrópico que todos quisiéramos ver. Esta es una moda que sí vale la pena seguir.


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