| 3/23/2007 12:00:00 AM

Enfermedad europea afecta país latinoamericano

No es el virus H5N1 que produce la gripe aviar, ese es de origen asiático. Se trata de una enfermedad descubierta a mediados del siglo pasado en Europa, cuyos síntomas afectaron a toda una nación. Pérdida de la competitividad internacional, des-industrialización y aumento generalizado de los niveles de precios, son los fenómenos reveladores de la enfermedad. Su nombre, Enfermedad Holandesa.

Sucedió que un recurso natural se volvió en contra de la economía de un país cual enfermedad autoinmune, en la que el sistema de defensas del organismo se convierte en agresor, atacándolo en lugar de defenderlo. La nueva víctima: Venezuela.

La economía venezolana comienza a presentar los indicios claros de la enfermedad, aunque, por la particularidad con que es gobernado el País, entre otras circunstancias, podría hablarse de una variación de la misma.

No obstante, el padecimiento es innegable. Una fuerte demanda interna es un claro presagio. La des-industrialización, por su parte, ya está presente, manifestándose a través de una caída de la inversión privada y de la inversión extranjera directa, así como en un crecimiento constante y sesgado hacia el sector de bienes no transables. En cuanto a la competitividad, el gobierno mantiene una tasa de cambio subsidiada, que resulta haciendo más mal que bien en el largo plazo e imponiendo el único síntoma que, hasta el momento, había tardado en aparecer. Aunque la moneda parece no tener presiones alcistas (sino todo lo contrario hasta el momento), el gobierno mantiene artificialmente el poder de compra, acentuando el problema y evitando el efecto devaluacionista de la incertidumbre política y jurídica que, paradójicamente, aplazaría los síntomas catastróficos de la enfermedad.

La devaluación del Bolívar haría ganar competitividad internacional a las exportaciones venezolanas diferentes del petróleo, de manera que evitarla no hace sino aumentar la dependencia de éste. Según analistas, la devaluación la permitirá el gobierno sólo si el precio internacional del petróleo baja de 50 dólares por barril de crudo, pues allí comenzará el desajuste fiscal.

La enfermedad se encuentra en su fase de incubación y nadie está haciendo nada por evitarla. El síndrome se manifiesta completamente en el momento en el que el recurso se agota o bien pierde valor en el mercado internacional, según dice la teoría. Para Venezuela, con reservas de petróleo para unos 70 años más, las perspectivas son de largo plazo dependiendo de múltiples factores. Por una parte hay que considerar el orden (o desorden) internacional y, por otro, el desarrollo de fuentes de energía alternativas.

El tema internacional definirá cuánto impulsan los países desarrollados la utilización de fuentes de energía alternativa y, el empleo de una de estas, marcará el fin de la bonanza petrolera sin importar el tamaño de las reservas existentes. Ya sea por físico agotamiento o por sustitución, vendrá el día en que el petróleo no representará un recurso importante a nivel mundial, ese día debemos preocuparnos por los síntomas de la enfermedad que se está gestando hoy. Asimismo, hay que reiterar que, aun cuando el petróleo venezolano parece ser un recurso de largo plazo (lo que arrecia los riesgos de la enfermedad), las políticas macroeconómicas actuales tienen un efecto promotor de dichos síntomas. Recordemos que la competitividad de una economía no tarda mucho en perderse, pero puede tardar toda una vida en recuperarse.

Si el presidente Chávez permanece en el poder el tiempo suficiente y persiste en aplicar las medidas económicas actuales por medio de las cuales incentiva la apreciación de la moneda local, síntoma claro del padecimiento que nos ocupa, al mismo tiempo que despilfarra la oportunidad de oro de convertir a Venezuela en un país desarrollado, entonces, con seguridad, estaremos viendo no una manifestación alterna de la enfermedad holandesa, sino el nacimiento de la enfermedad venezolana.

ayolachris@yahoo.com

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