| 10/24/2007 12:00:00 AM

Emprendimiento, desafío para América Latina

Son muchos los factores que determinan la prosperidad o crecimiento económico de un país o una región, pero tal vez uno de los más importantes es el nivel de empresarialidad, entendida como las tasas de nacimiento o creación de nuevas empresas, resultado de un conjunto de decisiones de política, de disponibilidad de factores y de prácticas empresariales, que integradas apropiadamente faciliten todas las etapas del proceso emprendedor.

Si observamos que solo tres empresas latinoamericanas hacen parte del grupo de las 500 empresas que relaciona la revista Fortune, como las más grandes y dinámicas, mientras que solo de Estados Unidos hay 185 compañías, de Europa hay 156, de Japón y los “Tigres Asiáticos” 130, y de China 12 ; y adicionalmente que las nuevas empresas asiáticas crecen 2,5 veces mas rápido que las latinoamericanas , se puede concluir que la región presenta un bajo dinamismo empresarial, y que necesita urgentemente de políticas que promuevan la empresarialidad en Latinoamérica. Existe una correlación positiva entre las tasas brutas de creación de empresas y el crecimiento del PIB en países que hacen parte de la OCDE . 
 

No debemos perder el enfoque práctico que caracteriza al emprendimiento, tratando de resolver el interrogante biológico o filosófico de si los emprendedores nacen o se hacen. Partamos de las evidencias que indican que el emprendedor está dotado de competencias como la capacidad analítica y la creatividad para resolver problemas, gestionar riesgos y encarar la incertidumbre, capacidades para trabajar en equipo como la diplomacia, la capacidad de negociación y las buenas relaciones interpersonales; y que como cualquier otra competencia estas se pueden desarrollar, lo que hace que sea más importante la aplicación de estrategias apropiadas para que las personas desarrollen las competencias que les permitan contribuir de manera eficaz al crecimiento de la “empresarialidad” del país y de la región.

En América Latina la mayoría de empresarios provienen de estratos medios y altos, que han tenido acceso a niveles de educación superior, lo que hace suponer que existe un alto potencial en estratos bajos, que requiere una política de impulso a la capacidad emprendedora que aumente la base y extracción social de los empresarios. Las empresas de América Latina crecen más lentamente que las del Este de Asia, son menos dadas a recurrir a redes de contactos para resolver problemas y al uso intensivo de tecnologías del conocimiento. Cerca de dos tercios de las nuevas empresas asiáticas pertenecen a sectores basados en el conocimiento, incluyendo software, telemática y servicios relacionados con internet, mientras que en América Latina solamente un tercio del total de las nuevas empresas hace parte de este tipo de emprendimientos.

La etapa de gestación de una nueva empresa, que comienza desde el momento que sienten el deseo de crearla, hasta la identificación de la oportunidad de negocio, es de entre cuatro y cinco años en el caso latinoamericano y entre dos y tres años en el caso asiático.

“La experiencia laboral es la fuente de movilización y creación de competencias empresariales más importante para los empresarios de ambas regiones.” En el caso de Asia del Este, los medios de comunicación juegan un papel muy importante en la sensibilización de la cultura de “empresarialidad”, con estrategias como la difusión de modelos de empresarios ejemplares que motivan a nuevos emprendedores. Desde la perspectiva de la educación universitaria, su incidencia en la generación de motivación y competencias empresariales es bastante limitada y seguramente tardía, ya que como cualquier otra competencia aquellas relacionadas con el emprendimiento obedecen a un proceso lento, que debe comenzar en etapas tempranas de formación básica, primaria y secundaria, donde el niño, además de recibir conocimientos, aprende hábitos que determinan en gran medida su carácter y personalidad.

 

Este proceso de desarrollo de competencias empresariales se debe extender hasta los primeros años de la vida laboral, donde el potencial empresario ya ha tenido la oportunidad de identificar ideas y oportunidades de negocio. Las universidades deben crear vínculos sólidos y estructurados con el sector productivo que permitan el acercamiento real de los estudiantes tanto a los empresarios establecidos, como a las mismas empresas, las cuales han demostrado ser una fuente importante de nuevas ideas. Otra oportunidad importante que tienen las universidades para el desarrollo de la “empresarialidad” es la incorporación de unidades transversales de emprendimiento y pensamiento estratégico dentro de sus planes de estudio, como lo está haciendo desde hace mas de cinco años la Universidad EAN, tanto en sus programas de pregrado como de postgrado.


Otro factor importante para el éxito de los emprendedores son las redes de contactos y relaciones con ejecutivos de otras empresas. En el caso de América Latina, el uso de redes de contactos comerciales es menor que en el caso de las firmas asiáticas, quienes desarrollan redes de contactos más estables a lo largo de todo el proceso emprendedor, muchos de los cuales luego pasan a ser clientes y socios de la nueva empresa. En las empresas latinoamericanas son más frecuentes los contactos del entorno social más cercano como amigos y parientes. La creación de redes empresariales, que tengan la capacidad de inspirar a los potenciales empresarios a través de foros o clubes de empresarios, facilita la formación de nuevas generaciones de gerentes.

El acceso a financiamiento es una de las mayores dificultades con las que tiene que enfrentarse el emprendedor, siendo los ahorros personales del empresario una de las principales fuentes de recursos para las primeras etapas del negocio, seguido por los préstamos bancarios, de amigos y parientes. Otras modalidades de financiamiento que utilizan los nuevos emprendedores son los créditos de proveedores, la compra de equipos usados, inversores privados, adelantos de clientes, sobregiros en cuentas corrientes, atraso en el pago de impuestos y capital de riesgo.

Para los nuevos emprendimientos no son tan comunes las actividades de planificación como la preparación de planes de negocios exhaustivos. En el Este de Asia solo el 60% de las nuevas empresas ha realizado la tarea del plan de negocio previo a la puesta en marcha de la empresa, mientras en América Latina solo el 50% de las empresas nuevas preparó el plan de negocio.

Una estrategia integral para el desarrollo de la “empresarialidad” requiere la conformación de una serie de programas articulados que faciliten cada una de las etapas del proceso emprendedor y que desarrolle cada uno de los factores que impulsan la “empresarialidad” en una región, como son, la educación temprana orientada hacia el desarrollo de competencias empresariales, la creación de redes de contactos, el uso intensivo de tecnologías de información y comunicaciones, el acceso real a fuentes de financiamiento innovadoras, el desarrollo de una cultura de planificación y preparación de planes de negocio, oportunidades para desarrollar experiencia laboral previa y la disminución de trámites para la creación de una nueva empresa, ya que el tiempo promedio en Colombia es de dos años, mientras que en Estados Unidos es apenas de dos meses.

Colombia ha dado grandes pasos para incrementar la “empresarialidad”, como por ejemplo, la Ley 1014 de 2006, de fomento a la cultura de emprendimiento, y cuenta con instituciones formales como organizaciones públicas, cámaras de comercio, asociaciones empresariales, universidades y centros de investigación, a las cuales se suman concursos nacionales de planes de negocios, como el que organiza desde el año 2000 la revista DINERO y el diario Portafolio, donde cada año participan en promedio 600 equipos de emprendedores, los cuales reciben capacitación, asesoría e incentivos económicos que facilitan el proceso emprendedor.

 

A pesar de lo anterior, un alto porcentaje de empresarios, mas del 85% , no identifica a estas instituciones como verdaderos generadores de valor y de asesoramiento necesario para resolver los problemas en cada una de las etapas de sus proyectos de emprendimiento, y esto puede ser debido a que cada una de estas instituciones esta orientada a diferentes etapas del proceso emprendedor, y no están claros o no existen mecanismos de integración de los esfuerzos de cada una de ellas, que le de mas visibilidad y credibilidad a la labor sistémica de todo el proceso.

Dentro de las decisiones de política que se deben tomar para el incremento de la empresarialidad, se deben incrementar y fortalecer los programas que apoyen la creación de empresas, deben desarrollarse mecanismos de integración de los esfuerzos de estas entidades, se debe consolidar la información con valor sobre las características y resultados de estos programas y ponerlos al alcance de toda la sociedad, implementando efectivos mecanismos de comunicación, como avisos por televisión, radio, medios escritos y oficinas locales que realicen seguimiento.

América Latina se encuentra ante uno de sus principales desafíos, como es, incrementar el dinamismo empresarial, que se traduzca en la creación de nuevas empresas y de nuevos empleos, en medio de un entorno globalizado y altamente competitivo, para lo cual debe ser consciente de la importancia de contar permanentemente con nuevos emprendedores los cuales deben ser considerados como “recursos humanos estratégicos” para el desarrollo de nuevas fuentes de empleo y la generación de riqueza y bienestar social.

[1] El BID y la promoción de la empresarialidad: Lecciones aprendidas y recomendaciones para nuevos programas. Por Pablo Javier Angelelli y Juan José Llisterri. Marzo 2003. Washington, D.C.
[1] Empresarialidad en Economías Emergentes: Creación y desarrollo de nuevas empresas en América Latina y el Este de Asia. DOCUMENTO COMPLETO. Banco Interamericano de Desarrollo, BID. Hugo Kantis, Masahiko Ishida y Masahiko Komori.

[1] Empresarialidad en Economías Emergentes: Creación y desarrollo de nuevas empresas en América Latina y el Este de Asia. RESUMEN. Banco Interamericano de Desarrollo, BID. Hugo Kantis, Masahiko Ishida y Masahiko Komori.

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