Revista Dinero

| 5/29/2006 12:00:00 AM

El cuatro por mil

Esto fue lo ocurrió con el impuesto del dos por mil, ahora Gravamen a los Movimientos Financieros (GMF)(4 por mil), el cual, a pesar de haber mejorado las finanzas del Estado, ha causado gran impacto negativo en el desarrollo y crecimiento de nuestra economía.

por Ernesto de Francisco Lloreda

 

La gran industria se vio obligada, en su momento, a pagar por este concepto sumas exorbitantes, lo que obligó a las tesorerías a tomar medidas urgentes para no continuar haciendo las mismas operaciones de transacción.

 

Conocí el caso de una compañía que operaba en la forma que tradicionalmente lo venía haciendo debería tributar anualmente por este concepto, (2 por mil), una suma equivalente al 30% de las utilidades de ese año, situación desde todo punto de vista absurda. Este resultado sumado los demás impuestos existentes (renta, IVA, ICA), daba una tasa efectiva de tributación superior al 57%.

 

¿Qué industria legalmente constituida puede tributar a tasas efectivas del 57%? En países como Canadá, que se precian de utilizar los impuestos como mecanismo de redistribución del ingreso, las tasas impositivas efectivas no alcanzan tan altas proporciones.

 

Como consecuencia, el camino lógico que siguieron tanto las empresas como los particulares, fue buscar mecanismos de des-intermediación financiera, o dicho en otras palabras informalizar el flujo de dinero para evitar el pago del GMF.

 

Los efectos no se hicieron esperar, en primer lugar se incrementaron las operaciones en efectivo, que valga la pena anotar, contribuyen a la evasión fiscal, igualmente se incrementaron las operaciones con cheques, los cuales nunca se cobran sino que se endosan numerosas veces, prestándose estas operaciones a riesgos mayores entre los involucrados, pues muchos de ellos ni siquiera se conocen entre si, por último y el efecto más importante contribuyó a la reducción de la economía formal lo cual reduce su crecimiento sostenido como consecuencia de la dinero circulante dentro de los canales institucionales.

 

Esta situación en los últimos años ha producido, además, una inseguridad por el incremento de las operaciones por fuera del sistema financiero y el aumento del manejo del efectivo. El remedio puede ser peor que la enfermedad.

 

Lo mismo ocurre con el impuesto al patrimonio, una vez establecido los particulares buscan por todos los medios esconder o disminuir el valor de su patrimonio a fin de pagar menos impuestos. Estas acciones son de la naturaleza humana.

 

La otra cara de la moneda es que el impuesto al Gravamen a los Movimientos Financieros es un excelente mecanismo de recaudo de recursos para el Estado, lo que a su vez impide el desmonte de este impuesto.

 

El Gobierno Nacional debe evaluar el perjuicio que se ha venido causando a la economía nacional y el que se causará de no desmontar el GMF en la próxima reforma tributaria; pues el impacto que causa en los actores productivos de la economía en el mediano y largo plazo constituye un verdadero obstáculo para el desarrollo formal de la economía.

 

Una solución de tránsito puede ser que se reconozca el GMF como un impuesto deducible de la renta durante el primer año, lo que permitiría diferir al Estado Colombiano en un año el recaudo frente a la aplicación que puedan hacer los particulares y posteriormente eliminarlo definitivamente del ordenamiento tributario. Ello permitirá una acción vigorosa del sistema financiero y un crecimiento acelerado de la economía.

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