| 3/12/2007 12:00:00 AM

CU - Consultoras Universitarias

La propuesta es pensar en la academia como la fuente de soluciones a esos problemas cotidianos de las empresas que para una organización son muchas veces difíciles de solucionar por asegurar la operación diaria.

Un tema que se ha discutido en varias oportunidades ha sido la conexión necesaria, pero de muy poca frecuencia y duración, entre la academia y la industria. Sin entrar en detalles, la relación más directa que debería establecerse es que la formación en las aulas universitarias debe ser congruente con las necesidades de la industria, y a su vez la industria debe estar abierta a nuevas teorías y desarrollos que la hagan más competitiva. Un esquema cooperativo que debería funcionar sin mayores inconvenientes.

Sin embargo, la realidad difiere fuertemente de ese esquema cooperativo y estable. Muchas de las facultades de ingeniería, administración y economía del país se han esforzado por incluir en sus programas espacios semestrales para que algunos de sus estudiantes realicen practicas empresariales como un primer acercamiento al ejercicio profesional. Al mismo tiempo algunas compañías se han comprometido con esta iniciativa y han diseñado cargos y roles especiales para practicantes, en algunos casos de forma exitosa en muchos otros no.

Esta iniciativa aunque importante y por muchas razones necesaria, no es suficiente. Alejar al estudiante de su ambiente académico rompe las relaciones que ha construido durante toda una carrera y con su ruptura se pierden las sinergias y ventajas logradas en los grupos de trabajo con estudiantes de otras especialidades y en algunos casos de otras carreras, en su relación con profesores e investigadores, y en la exposición diaria a conferencias, foros y actividades académicas que enriquecen su criterio y le dan herramientas de trabajo.

Por esto y para no dejar la sensación de crítica sin construcción, se pueden evaluar diferentes alternativas que a futuro ayudarían a construir ese esquema cooperativo entre la academia y la industria. Una alternativa puede ser el concepto de “Consultoras Universitarias”, al nivel del estudiante.

La consultoría desde las universidades no es algo nuevo, se hace y es en términos generales muy exitosa. Sin embargo esta consultoría como está enfocada hasta hoy va dirigida a la realización de proyectos grandes, muy particulares a un área del conocimiento en donde hay dos o tres especialistas por lo general profesores con estudios doctorales y una gran trayectoria de investigación, o en el mejor de los casos hacia los grupos de investigación en donde se desarrollan por lo general proyectos a mediano y largo plazo. En muy pocas ocasiones, la oportunidad de desarrollar proyectos bajo este esquema de consultoría va dirigida a los estudiantes como ejecutores y responsables directos de los proyectos.

La propuesta entonces es diferente desde su esencia, aunque mantenga el esquema de consultoría. Es pensar en la academia como la fuente de soluciones a esos problemas cotidianos de las empresas que para una organización son muchas veces difíciles de solucionar por asegurar la operación diaria. Esos pequeños problemas de manejo de inventarios, de generación de desperdicios o de asignación de turnos de trabajo, que al decir pequeños no quiere decir que no sean importantes, pero son proyectos que se pueden en la mayoría de los casos solucionar en dos o tres meses de trabajo conjunto entre un grupo de estudiantes próximos a obtener sus grados y el apoyo de la compañía.

Entonces la idea se traduce en la constitución de un centro de proyectos especiales bajo un esquema de consultoría. Centro en donde dirigidos apropiadamente por profesores y algunos consultores experimentados los estudiantes de últimos semestres sean los socios temporales de la consultora, y bajo unos criterios bien definidos se armen los grupos de trabajo según las necesidades de cada proyecto que llegue al centro, aprovechando la oportunidad de que estos grupos estén constituidos por estudiantes de diferentes especialidades.

Para que un modelo de este tipo funcione debe existir en primer lugar un voto de confianza de la industria hacia las capacidades reales de la academia. Segundo, un compromiso serio de las universidades por fortalecer las competencias de sus estudiantes para que puedan enfrentar retos de este tipo, y tercero una mentalidad abierta de ambas partes para brindar las herramientas, los espacios y recursos para que el proyecto evolucione y se mantenga en el tiempo. Esto incluye altos niveles de exigencia para los estudiantes, una remuneración justa por su trabajo, y una constante delegación de situaciones problemáticas de la industria hacia estas consultoras universitarias.

Habría con seguridad muchos detalles que planear y diseñar para poner a funcionar un modelo de este tipo. Sin embargo, lo mas importante es que tanto la industria como las universidades empiecen a creer en este tipo de iniciativas que los acerque un poco más. Proyectos como este le da la oportunidad a los estudiantes de adquirir experiencia real antes de salir al mercado y a las empresas de contar con profesionales mejor preparados para enfrentar los problemas reales del día a día.

Es cierto que en la mayoría de los casos habrá un momento en que todo estudiante debe romper esas relaciones académicas y entrar de lleno al mercado laboral, pero mientras eso ocurre porque no aprovechar las capacidades de los estudiantes y los recursos universitarios al servicio de la industria bajo un esquema justo de cooperación.


*Ricardo Javier Hernandez Pardo, Profesor de Cátedra, Facultad de Ingeniería
Universidad de los Andes




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