| 8/28/2006 12:00:00 AM

Artesanías: un campo por explotar

Este sector tiene un alto potencial de crecimiento, pero es importante organizar y formarlizar el trabajo.

Hablar del sombrero vueltiao elaborado en las sabanas de Córdoba y Sucre, de las hamacas de San Jacinto Bolívar, del chinchorro guajiro, de la filigrana momposina, de la mochila aruaca elaborada por los indígenas de la sierra nevada de Santa Marta y otros productos artesanales más de la gran variedad que se encuentran en nuestro país, y que son el sustento de miles de personas que se dedican a esta actividad, resulta familiar y hasta agradable por el gran tesoro cultural y autóctono que representan.

En el mundo, las artesanías colombianas son reconocidas por sus variados diseños, su colorido exótico y la calidad que le imprime el artesano en su elaboración hecha a mano. Es tanta la creatividad apreciable en estos productos que diseñadores de modas de la talla de Silvia Tcherassi y Hernán Zajar, por citar solo dos, se han inclinado por incluir en sus colecciones collares, bolsos, pulseras y otros accesorios artesanales elaborados por tejedores y artesanos de municipios como Usiacurí y Mompox. Además, vale la pena mencionar el esfuerzo que hacia esta dirección han realizado algunas instituciones gubernamentales que en los últimos años le han dado un empuje a este sector para que se convierta en una alternativa económica representativa de empleo y de desarrollo social.

Sin embargo, en este campo es mucha la tela que queda por cortar. Según artesanías de Colombia, 260.000 personas están vinculadas directamente al sector artesanal en calidad de artesanos, cifra que representa el 15% de la población de la industria manufacturera; además, 120.000 están relacionados con el sector ya sea como artesanos de dedicación temporal o como agentes comerciales, de prestación de servicios de desarrollo y otros aspectos de la actividad artesanal, pero factores como el bajo nivel de escolaridad, la mínima participación de asociación gremial y la falta de organización empresarial han marginado durante mucho tiempo a los artesanos del país de participar más activamente en los mecanismos de impulso al desarrollo, lo cual limita su capacidad de gestión y negociación.

Las cifras son claras y revelan las principales limitaciones que truncan a que la actividad artesanal alcance mejores niveles de desarrollo y contribuya con propiciar un mejor nivel de vida para los artesanos. Según el último censo económico del sector, el analfabetismo ascendía a 17% y su mayor concentración corresponde a los departamentos de Córdoba, Sucre, Guajira, Cesar y Bolívar, los cuales representan el 32.81% del total de la población artesanal del país, la mitad de la población no ha terminado la primaria y únicamente el 8% ha logrado cubrir la educación secundaria. La organización gremial también presenta problemas, pues solo el 17% de la población participa en ella y escasamente el 7% recibe capacitación en las técnicas artesanales a través de cursos y talleres.

Hay que echar una mirada hacia las artesanías y al gran potencial de crecimiento económico y de estabilización que representan para las zonas rurales en las cuales se encuentran asentamientos de artesanos y cuyos índices de desocupación y subempleo son significativos. Artesanías de Colombia y la red de solidaridad social han venido acompañando a varias asociaciones de artesanos que se han ganado el reconocimiento por la calidad y la creatividad de sus muestras; tal es el caso del programa nacional de conformación de cadenas productivas para el sector, iniciativa que pretende integrar todos los eslabones de la cadena artesanal reportando hasta el momento resultados superiores a las expectativas. Sin embargo, esta iniciativa solo alcanza a cubrir un mínimo porcentaje de la población dedicada a esta actividad en el país y no es suficiente para proveer adecuadamente los recursos necesarios para que estos puedan cubrir satisfactoriamente sus necesidades básicas en materia de salud, vivienda y educación.

En lo que atañe a producción, existen limitaciones en la oferta de determinado tipo de artesanías, tal es el caso de algunos productos provenientes de la tejeduría, los cuales generalmente se producen por pedido, y por la deficiente sincronización logística, la entrega es lenta dada la lentitud del proceso productivo. Además, la escasa división del trabajo, la informalidad y la inestabilidad presente en la alta rotación del personal generan una aguda tendencia hacia otras actividades económicas.

Para que exista una adecuada y eficiente organización de la producción, es necesario organizar talleres y que exista una división funcional del trabajo con especialización en las diferentes etapas del proceso productivo. El compromiso en este sentido lo deben asumir primeramente las alcaldías de las diversas localidades en donde existen centros artesanales, a través de la búsqueda de mecanismos y de capitales que propicien el fortalecimiento organizacional y productivo de esta actividad, y creando alianzas con las embajadas y las organizaciones dedicadas al fomento de la iniciativa empresarial y las exportaciones. Igualmente es necesario seguir fortaleciendo la labor que el SENA adelanta mediante la capacitación que brinda en estas zonas en gran variedad de oficios artesanales.

La estrategia para alcanzar el desarrollo de esta actividad tiene que ser conjunta entre todos los organismos estatales y las administraciones de las diferentes entidades territoriales, para que los resultados sean sostenibles y contribuyan con el mejoramiento de la calidad de vida del artesano colombiano.


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