| 9/18/2007 12:00:00 AM

Agua y aceite

Amigo lector, el experimento es sencillo; puede realizarlo usted en el silencio de su casa con unos espurios y escasos elementos: una cucharilla, un vaso de cristal, agua, sal, azúcar y aceite. Trate de mezclar los ingredientes. Inténtelo nuevamente. Una vez más. Si desea puede probarlo un par de veces más. El resultado siempre será el mismo. La sal y el azúcar se diluyen en el agua; el aceite no. Si aun cree que es posible lograrlo, bátalo imperturbablemente con una licuadora. El aceite permanecerá fiel a sus principios, incorruptible, incontaminado, in-mezclado. Me olvidaba decir que la cucharilla utilizada en mi experimento fue una herencia familiar con el sello de “Alianza para el progreso” enmarcada en un circulo que encierra una mano portando una antorcha con tres flamas en el horizonte indescifrable de una pirámide. En nuestra niñez las reconocíamos con el apelativo de “las cucharas de Pastrana”; tal vez porque fue durante su administración que tardíamente llegaron a nuestro barrio en una vieja camioneta que nos despertó de nuestro letargo infantil para recogerlas a manotadas, por cientos, como lluvia metálica que nos hacía creer que el progreso llegaba para América Latina gracias a la ayuda del coloso país del Norte. Pero no, el hambre siempre estaba en nuestras mesas bajo la mirada inquisitiva de las cucharas y su incesante anuncio de “ALIANZA PARA EL PROGRESO”.

Ni Kennedy ni Pastrana lograron su cometido. Pero eran otros tiempos y otros espacios. Me queda mi “cuchara de Pastrana” que enseño a mi hijo para ilustrarle la paradoja de las alianzas con gobiernos extranjeros que roban y saquean al tiempo que ofrecen ríos de leche y miel. Algo similar a lo que ocurre con el Plan Colombia que promete salvarnos del hambre y la miseria al tiempo que arrasa con la vida y los cultivos del campesino colombiano. O la paradoja de una apertura económica que pregonaba bondades por todos sus poros y que a la postre significó la ruina del campo y del campesino colombiano. O de un TLC que esgrimen nuestros gobernantes para hacernos entender las bondades de una economía abierta al mercado mundial y que luego de algunos lustros será la misma hambre para el pueblo colombiano. Pero son alianzas necesarias para mantener la esperanza, la estúpida esperanza de ascenso y redención como se pregonó hace más de tres décadas en las cucharas de “Alianza para el progreso”.

Y con la misma cucharilla continúo batiendo el agua y el aceite en un desesperado intento de fundir en un solo ser sus propiedades. ¡Imposible¡ Como quimérico unir ideologías de dos orillas distintas que se rechazan mutuamente en una interacción programática y social. Uribistas y antiuribistas tratando de fusionar sus pensamientos en aras de un triunfo electoral. Agua y aceite teorizante que dará a luz a un moderno Frankestein doctrinero con el lema imperturbable de “Alianza para el progreso” como en los días de Kennedy y Pastrana (el viejo por supuesto).

Por más que lo intente, amigo lector, las diferencias entre las sustancias serán notorias. Y si usted muere en el intento es por la sencilla razón que es un soberano pendejo. No hay cucharilla que valga, ni molde ni receta que lo resista. Lo mismo ocurre en política y no se puede ser a la vez uribista y antiuribista es decir, apoyar a un candidato que está con las tesis de Uribe y al mismo tiempo sufragar por quien proclama lo equivocado de ellas. Eso se llama oportunismo, mamagallismo, arribismo o, en el peor de los casos, estulticia. Sería como bajar para arriba o subir para abajo; lenguaje de leguleyos maquiavélicos que suman cuando restan y restan cuando suman. O una de dos: o son tontos hasta la coronilla o astutos viles que juegan con el hambre del pueblo colombiano. Entiende uno aquí la ecuación perversa del ”te doy cuando te quito” de quien aprueba un recorte a las transferencias a los entes territoriales y sale a los cuatro vientos a decir que al dar menos y sustraer incrementó la calidad de vida de los colombianos.

Pero tal vez en política no funcionan de la misma manera las leyes naturales; arriba es abajo, abajo es arriba, más es menos, quitar incrementar y rechazar aceptar. Ese es el mundo de nuestra clase dirigente la que reza para matar a su compatriota mientras la pala y el azadón duermen el sueño de los justos por culpa de una “Alianzas para el progreso” que los han sumido en el hambre y la desolación.

peobando@gmail.com

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