| 11/21/2007 12:00:00 AM

¡A metros!

Desde la campaña y con el triunfo de Samuel Moreno en Bogotá, ya no se habla de más. Que 50, 75 y más de 100 millones de dólares por kilómetro de metro; que más de 2 billones de pesos para reparar la malla vial bogotana, que Transmilenio no cabe por la séptima, etc.

Samuel, demagógicamente, lanzó la propuesta del metro. Ahora, con un Presidente que angustiado salió a prometerlo, le tocará sacarlo adelante porque de lo contrario arruinaría su más preciado tesoro: sus aspiraciones presidenciales.

Lo terrible de todo esto no es el tema, sino el tratamiento, los personajes involucrados y cómo se soslayan asuntos imprescindibles para su desarrollo.

Para empezar, es claro que Samuel no tiene ni idea del tema como quedó en evidencia en cada discurso, foro o comercial publicitario en los que participó. Ahora empieza a recabar información y trata de hilar un discurso más o menos coherente a partir de la información que los actuales funcionarios de la alcaldía aspirando a no perder el puesto, le proveen.

Por otra parte, el Presidente, sintiéndose desconectado de un tema aparentemente generador de votos, sale a prometer metro muy a su estilo del “sí, pero no”: sí habrá metro, pero condicionado a que salga gratis; sí al contacto de Chávez con las Farc, pero sin los salvoconductos obvios; sí quiero, pero con hecatombe, en fin… parece que la “inteligencia superior” es esa, la del merodeo, la de la determinación meliflua, la del quien recula todo el tiempo porque se muestra tajante en el parloteo, pero indeciso en los actos, fuerte con el débil y débil con el fuerte. Después de haberse ido de frente contra la opción de Samuel a la alcaldía y, vía Ministro de Hacienda, embolatarle la financiación al metro, ya empezó a inscribirse, sin comprometerse, en la idea del ganador para que aquellas banderas sean suyas para las elecciones del 2010.

Esos son los personajes. En cuanto a los temas, lo primero es decir que el metro, como la mayoría parece intuirlo, es necesario y urgente en Bogotá, no sólo por los evidentes problemas que muestra Transmilenio, sino porque, a diferencia de éste, es modular; más rápido, menos contaminante, predecible y por ello controlable; no interactúa con los semáforos, vías y otros vehículos y es más seguro. Pero sobre todo, ninguna comparación con otras ciudades de similares características justifica su ausencia en nuestra capital. Nuevamente, la intuición de quienes sin más argumentos dicen que “si Medellín pudo, por qué Bogotá no”, es acertada.

Respecto a Transmilenio por la séptima, ¿cómo hacemos para explicarle a Moreno que al optimizar el número de pasajeros, este sistema no sólo ocupa menos espacio que la suma de vehículos particulares y buses, sino que disminuye las variaciones de flujo que hacen impredecible el caos por la séptima? No parece posible que lo entienda y esperemos sólo que la sensatez y el respeto por lo planeado primen para tener el Transmilenio en la séptima lo antes posible.

Finalmente, no sólo hay que proseguir con el Transmilenio, sino empezar el metro ya y a eso sumarle la reparación de la malla vial cuyo principal problema no es, como dicen alcaldes, ex alcaldes y otros políticos, el costo, sino la patética planeación, definición de prioridades y calidad de las obras. Bogotá es la única ciudad en donde los reparcheos no duran un mes y donde se parchan huecos superficiales de calles interbarriales a 10 metros de cráteres descomunales de vías arterias que, en caso de reparar, tampoco duran un año. Si resultaran los dos billones hoy y se reparara toda la malla vial, en dos años serían necesarios otros dos billones ¿Porqué se oculta este aspecto? ¿Quiénes se están beneficiando de este negociado? ¿Será que esta alcaldía seguirá redefiniendo los términos como Peñalosa que nos convenció de que un parque no es una zona verde con árboles sino un planchón de cemento de medio metro de alto con esculturas y sillas de cemento? Ningún peaje, sobretasa o nuevo impuesto alcanzará.

Cuando los personajes, los temas y las preguntas no son las correctas, los autores, las obras y las soluciones tampoco lo serán. Y saber que existen soluciones prácticas, económicas con efectos sensibles que se pueden implementar ya. Si tengo la oportunidad, más adelante hablamos de eso.


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