Socios para siempre

| 11/5/1999 12:00:00 AM

Socios para siempre

Este año fue difícil para la integración entre Colombia y Venezuela. El comercio que creció aceleradamente desde los acuerdos comerciales de principios de los 90 se desplomó, generando desconcierto a ambos lados de la frontera. Con las inversiones pasó algo similar. Para algunos todo indicaría que la integración se frenó en seco.



Nada más lejano a la realidad. La integración no tiene marcha atrás. Lo que pasó este año es algo puramente coyuntural que se explica en los problemas económicos de cada país y en que los dos países estrenaron gobierno en el último año. Hacia adelante, el intercambio y la inversión se perfilan con grandes oportunidades de crecimiento. Además, los empresarios de ambos países ya están saliendo de su estupor y se están preparando para retomar la dinámica de la integración.



Desde la perspectiva de un colombiano, la adopción de las exportaciones como motor de desarrollo económico y el reciente ajuste cambiario hacen este momento ideal para aumentar las ventas al mercado vecino. En efecto, esto ya se está viendo.



En Venezuela las cosas también van a mejorar. La mayoría de los analistas económicos prevén un crecimiento económico positivo en el año 2000 que, aunque impulsado por el gasto del gobierno, permitirá aumentar la capacidad de consumo de los venezolanos. Además, desde la perspectiva de un inversionista, no hay mejor momento que el actual para invertir en Colombia no solo porque el ajuste cambiario que se esperaba ya se dio y se prevé estabilidad en el mediano plazo, sino por la debilidad en que se encuentran muchas empresas.



En el futuro, a ambos lados de la frontera, al mirar hacia atrás, 1999 aparecerá simplemente como un año difícil para la integración, del cual se salió con un gran impulso para fortalecerla.
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