| 8/1/1995 12:00:00 AM

NI UN DAMNIFICADO

En mi condición de apoderado de Eurovalores, he intervenido, hasta donde se me ha permitido hacerlo, ante la Superintendencia de Valores y ante la Bolsa de Bogotá. En los próximos días presentaré una demanda de tutela para exigir la protección de mis derechos constitucionales y los de mis clientes, a un proceso debido. Le llamará a usted la atención, y sorprenderá sobre todo a sus asesores jurídicos, que a estas alturas Eurovalores y su apoderado no hayan tenido ocasión de conocer ni siquiera en su apariencia física externa, el expediente que la condujo a su extinción y a sus socios a la deshonra. Como creo que estas cosas no pueden ocurrir en un Estado de Derecho, aspiro a que la jurisdicción revierta el proceso administrativo y ordene que se me permita intervenir en su trámite, rebatir las pruebas recogidas y pedir y presentar las que a ese efecto me parezcan conducentes.

A los hechos anteriores, de vieja data conocidos por la opinión pública, le ruego sumar uno nuevo de singular importancia. Como es de obligación legal, el liquidador de Eurovalores ordenó la comparecencia de cuantos tuvieran derecho cierto o eventual contra la compañía. La comparecencia tenía que producirse dentro de plazo perentorio, sancionado con la pérdida de los derechos del reclamante en la liquidación. Vencido el término aludido, puedo informarle que no hay una sola reclamación contra Eurovalores que indique la inconformidad de uno de sus clientes, o de un tercero, por una operación grande o chica, registrada o sin registro y de cualquier naturaleza. En suma, que estamos ante el más extraño escándalo bursátil de todos los tiempos que es éste que culmina sin un solo damnificado. Por la forzosa bilateralidad de estos negocios, cuando nadie ha perdido dinero que quiera recuperar, es porque Eurovalores no tomó para sí centavo alguno de lo ajeno.

No voy a negar ahora, cuando lo acepté tantas veces, que ciertos ejecutivos de Eurovalores, distintos de su presidente, incurrieron en equivocaciones de procedimiento y violaron reglas de conducta bursátil. Le agrego, como también lo hice siempre, que no fueron estas transgresiones peores que otras muchas de otros muchos corredores, cuyo examen ha quedado pospuesto o será pretermitido. Lejos de mí restarle importancia al orden y al cuidado con que deba comportarse un comisionista de bolsa. Pero hay lugar para cada cosa y castigo apropiado para cada infractor. Ese será tema de próximos debates ante las autoridades competentes y juzgo de escaso interés para la gente común el trámite y el desenlace de esa discusión. Lo que a la gente sí le interesa, sin duda, es saber en qué paran los hechos que se denuncian y presentan como defraudaciones en grande escala contra el patrimonio y la seguridad de muchos. Por eso, cuando los tozudos hechos confirman que en medio de este torbellino que mereció tal publicidad oficial y privada nadie perdió un peso, sólo me queda exigir que la opinión sepa la verdad verdadera que es tan simple como la expuesta: los errores procedimentales de Eurovalores no la enriquecieron ni empobrecieron a nadie. Y dudo mucho, insisto, que un problema técnico disciplinario, que a eso queda reducido el que nos ocupa, valga para tanta televisión y tanta tinta.

Le agradezco la hospitalidad que le dé a esta mi carta y a la que me ofrezca cuantas veces alguien intente refutar las aseveraciones contundentes que en ella se contienen.



Fernando Londoño Hoyos, Fernando Londoño Abogados Asociados

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