| 7/1/1995 12:00:00 AM

LA FAMILIA MICHELSEN

LA FAMILIA MICHELSEN

Lamento que el enfoque editorial sobre temas financieros de una revista tan importante siga supeditado a los muy particulares criterios y malquerencias gratuitas de sus colaboradores. Los prejuicios de los periodistas en relación con mi padre, Jaime Michelsen Uribe, y el caso del Grupo Grancolombiano están totalmente superados por los hechos. Le hago unas breves aclaraciones. El Grupo Grancolombiano no estuvo conformado por inversiones caprichosas orientadas a adquirir poder económico. Desafortunadamente este esfuerzo empresarial, uno de los más grandes de nuestra historia, fue destruido mediante una persecución política de la cual el país nunca se avergonzará suficientemente. En los Fondos Grancolombiano y Bolivariano ningún ahorrador perdió, ni se manipuló el dinero de los inversionistas. Su desmonte fue provocado por una medida adhoc e injusta, el artículo 9, ordinal c, del Decreto 384 de 1980, que los obligó súbitamente a liquidar a pérdida sus acciones de entidades financieras. El desmonte ocasionó por fuerza mayor un endeudamiento no operacional entre las compañías del Grupo Grancolombiano, antes de que el Decreto 2920 de 19821o penalizara, en medio de la grave recesión que vivió el país entre 1980 y 1985. En el peor de los casos, la Nación colombiana obtuvo una utilidad neta de $143.000 millones en la venta del Banco de Colombia. Esto es aceptando la afirmación de Fogafin en el sentido de que a valor presente la intervención del Grupo Grancolombiano le costó $268.000 millones. Pero este costo no fue causado por nuestra administración sino por varias arbitrariedades del propio gobierno de tumo. La más grave de ellas fue la mora en pagarle al Banco de Colombia obligaciones a cargo del Idema por más de US$200 millones, que finalmente canceló después de nacionalizar el Banco, sin intereses capitalizados. Cada día veo más difícil que Colombia supere su situación "dantesca", hasta que empiece por remediar en alguna medida injusticias como la que han cometido con mi padre y mi familia.



Pablo Micbelsen Niño, Bogotá

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