| 10/1/2004 12:00:00 AM

Controversia con Carlos Dávila

Lamento tener que controvertir públicamente la afirmación de mi querido y respetado colega Carlos Dávila, sobre la certera estocada que el trabajo de historia empresarial le ha puesto a "las teorías que afirman, y que se reviven periódicamente en algunos cocteles bogotanos, una supuesta falta de espíritu empresarial, por razones culturales, en estas tierras del trópico" (Dinero, 17 de septiembre de 2004, página 134). La evidencia sobre las razones culturales es contundente como lo demuestra Inglehart en su estudio mundial de valores. El problema en Colombia no es la existencia de unos casos excepcionales con capacidad empresarial, sino la ausencia de necesidad de logro y una racionalidad legal secular en lugar de una mágica. La tesis de Weber sobre el impacto de la ética protestante en el capitalismo se refería no a los ejemplos exitosos, sino a la generación masiva en toda la sociedad de una estructura simbólica que hacía que toda ella se vertiera sobre los negocios. En Colombia no tenemos esto. A decir verdad, la variable del logro es muy baja y alcanza niveles satisfactorios solo en los estratos altos urbanos. Adicionalmente, los colombianos no consideran la meritocracia un valor relevante. Y la consecuencia de esto son bajas tasas de crecimiento económico que además, por el bajo nivel de logro, pronostican tasas tan solo del 2,5% anual compuesto. Queremos el desarrollo sin la fase del ascetismo. Las "estocadas en el lomo" a estas teorías no les hacen mella, pues la evidencia a su favor es contundente. Por más que tengamos estos héroes empresariales, es necesario observar si la sociedad los ve como tales. Las mágicas peregrinaciones al mausoleo de don Leo Kopp en el Cementerio Central de Bogotá, donde la gente va a que les "haga su milagrito", son un ejemplo perfecto y no precisamente el mejor ejemplo de racionalidad.

John Sudarsky, Bogotá
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