| 5/27/2003 12:00:00 AM

"También tenemos que preocuparnos por los consumidores"

Jorge Humberto Botero, Ministro de Comercio, Industria y Turismo.
En entrevista con Dinero, el ministro de Comercio, Industria y Turismo, Jorge Humberto Botero, comentó acerca de las negociaciones del ALCA respecto al sector agrícola. Enfatizó que los consumidores son los grandes desprotegidos por las distorsiones que contiene el actual esquema de protección al agro.



En las negociaciones comerciales del ALCA, ¿cuál es la posición de Colombia en el tema agrícola?

Las negociaciones para conformar el ALCA son complejas. En la más reciente plenaria realizada en Quito en noviembre pasado, Colombia y otros países expresaron su seria preocupación por las distorsiones generadas por subsidios y ayudas internas a los productores que los países desarrollados practican. Tendríamos que avanzar en la corrección de esas distorsiones para poder discutir la liberación de los productos agropecuarios más sensibles, que son los que están en el sistema de franjas de precios. No podemos abrirnos unilateralmente.



¿Cuál es su expectativa en este frente en la próxima cumbre de ministros de Comercio de la OMC?

Aspiro a que en la Cumbre de Cancún en agosto de este año se logren avances en esta materia. Estados Unidos es menos proteccionista que Europa, y creo que estaría dispuesto a avanzar concertadamente con Europa. Pero no creo que Estados Unidos esté dispuesto a negociar en el ALCA, sin que se logren avances en la OMC.



Algunos sectores expresan su preocupación por los cambios que implicará el ALCA sobre las estructuras productivas del país. ¿Qué opinión le merece esto?

Es imposible pensar que un proceso de apertura económica no genere transformaciones en los aparatos productivos, sean ellos agrícolas, agroindustriales o industriales. Las aperturas se hacen justamente para que los países se especialicen en aquello en que son competitivos y abandonen, así sea gradualmente, aquello en que no lo son. Persistir en producir aquello que no es competitivo impone un lastre sobre los consumidores e impide el desarrollo de los sectores que podrían florecer si los incentivos fueran otros.



Varios estudios muestran que hay excesos en la protección agrícola bajo el actual sistema de franjas de precios. ¿Los consumidores están desamparados ante estos excesos?

La legítima preocupación por el sector agropecuario debe ser complementada con una preocupación igualmente rigurosa sobre los consumidores y empresarios. Los excesos de protección que se transmiten a los precios domésticos disminuyen las posibilidades de consumo de los sectores populares. Quiero señalar que la imperfección de la democracia sin partidos fuertes, es que los intereses más globales de la sociedad quedan desprotegidos. En este caso, los consumidores se pueden comparar con los ahorradores del sistema financiero. Nadie se ocupa de ellos, mientras que sí hay defensores políticos de los prestamistas del Upac. Estos últimos eran 800.000, comparados con 5 millones de ahorradores. Quiero decir que esos intereses globales de la sociedad están desguarnecidos en sociedades en que los intereses sectoriales son tan poderosos y en que la representación política del Congreso carece de una visión de interés estrictamente público.



¿Cómo se traduce esta protección en la producción del sector agrícola?

La agroindustria ve limitadas sus posibilidades de desarrollo, si no puede adquirir materias primas a costos competitivos. Esta es la razón de la existencia del Plan Vallejo, al amparo del cual se pueden importar insumos que el país produce. Si los costos fueran inferiores en nuestro país, la materia prima nacional podría servir de base para la transformación agroindustrial.



También se utiliza el argumento de pobreza y generación de empleo para justificar una mayor protección del agro. ¿Qué opina?

Hay que manejar con mucho rigor los argumentos de pobreza. Mirar, por consiguiente, cómo se distribuye la pobreza rural y urbana y dónde están realmente las grandes masas de pobres. El 70% de los pobres de este país está en las zonas urbanas y la actividad agropecuaria genera solo el 12% del PIB. Ahora bien, la paz del campo obviamente está asociada al empleo, pero no necesariamente en el sector primario sino en actividades de transformación, en el sector de servicios.
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