| 1/1/1995 12:00:00 AM

NUEVO PLAN DE DESARROLLO: SALTO AL VACÍO

NUEVO PLAN DE DESARROLLO: SALTO AL VACÍO
En noviembre el gobierno dio a conocer las bases de lo que sería el plan de desarrollo para 1995-1998. Estos planes se han vuelto un ejercicio de buenas intenciones, donde se promete de todo y se cumple muy poco. Por eso estos documentos cada vez despiertan menos interés por parte de quienes están preocupados por escudriñar qué va a pasar en el cercano futuro. Mucho más importantes que el plan de desarrollo son las programaciones periódicas que realiza el Ministerio de Hacienda con la junta Directiva del Banco de la República, por cuanto ellas sí se ajustan a unas metas concretas y precisas,

Es parte de la ignorancia de nuestros legisladores pensar que se puede programar la economía a cuatro años. Si es prácticamente imposible hacerlo con una empresa a un año, ¿cómo se puede esperar hacerlo con toda una economía nacional a cuatro años? Pero el obtuso constituyente quiso que el plan quedara consignado en una ley, siguiendo esa costumbre muy colombiana de pensar que si las cosas quedan convertidas en ley, se cumplen inexorablemente. El resultado es un país que es el único en el mundo que consigna un plan de desarrollo a cuatro años en una ley, para que pase lo que ha pasado con todo ese manantial de bellas leyes que tenemos: simplemente no se cumplen.

Sin embargo, el plan reviste un interés y es el de exponer la filosofía económica del nuevo gobierno, que si se aplicara tendría profundas implicaciones sobre el desenvolvimiento de la economía. Lo de menos son las proyecciones del plan, pues ellas son completamente irrealizables, fruto de ese optimismo de los burócratas de escritorio que todo lo "cuadran" en su vívida imaginación.



Como los planes de desarrollo anteriores, el actual es ante todo un desordenado programa de gasto público donde nada suma con nada. La idea que subyace todo el plan es la de aumentar el gasto público a niveles sin precedentes. ¿Qué gasto público? Unos difusos programas de inversión "social" (palabreja esta que lo dice todo pero no dice nada) y que en su mayor parte es simple financiación de burocracia. La inversión en infraestructura prácticamente permanece en los mismos escasos niveles del cuatrienio anterior, a la espera cíe que sea el sector privado el que haga esa infraestructura (el plan no especifica el cómo). Por su parte, la inversión en defensa y seguridad cae, también, a la espera de que las "cooperativas" privadas de autodefensa pongan su granito de arena.

Pero lo peor de todo es la desfachatez con la cual el plan programa un déficit creciente en las finanzas del gobierno nacional y que puede llegara convertirse en la raíz de profundos desequilibrios macroeconómicos, incluyendo presiones revaluacionistas incontenibles. Ese déficit iría en aumento a- partir de 1995 hasta alcanzar en 1998 la escandalosa magnitud de 7.2% del PIB, ¿Cómo se piensa financiar semejante hueco? El plan anuncia no solamente mantener las tarifas actuales del impuesto de renta y de ventas que fueran aumentadas provisionalmente hasta 1997 en la reforma de Hommes de 1992, sino también medidas adicionales que eleven la tributación anual en la bobadita de 2.3% del PIB (casi US$2.000 millones anuales). Aparte de los mayores impuestos, el plan contempla privatizaciones que proporcionarían en promedio al año 0.8% del PIB de recursos adicionales (privatizaciones por un valor promedio de US$500 millones anuales), No se dice de cuáles privatizaciones se trata. Sólo se sabe que serían adicionales a las cuantiosas inversiones que supuestamente haría el sector privado en concesiones viales, en generación eléctrica y en el sector de hidrocarburos,

O sea que con privatizaciones y mayores impuestos se financiaría menos de la mitad del déficit del gobierno nacional. El cuantioso remanente sería financiado en su mayor parte por lo que el plan llama "desembolsos crédito interno por contratar", en el equivalente a un promedio anual de 3.5% del PIB. Es decir, desembolsos netos después de ,' pagar amortizaciones por la bobadita de US$2,700 millones anuales. ¿Será que los funcionarios de Planeación Nacional piensan que es viable colocar títulos de deuda pública interna con vencimiento de tres meses a tasas del 45% efectivo anual, hasta lograr levantar todos esos dineros? Esos mismos funcionarios no incluyeron en las proyecciones el , costo de esa financiación.

En resumen, se trata de un plan "inflado", altamente irreal, que no establece cuáles son las verdaderas prioridades del gasto público y que le asigna al sector privado un papel de segundón en el proceso de desarrollo de los próximos años.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.