| 5/27/2003 12:00:00 AM

"La estrategia es fomentar la agricultura convencional"

Carlos Gustavo Cano, ministro de Agricultura y Desarrollo Rural.
Carlos Gustavo Cano, ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, habló con Dinero sobre su visión de la política para el sector agropecuario colombiano. Respecto a la política comercial, el Ministro defiende el sistema de protección arancelaria que tiene Colombia y estima que, ante el problema de desplazamiento, la lucha contra el narcotráfico y las desmovilizaciones de grupos alzados en armas, la prioridad de su cartera es generar empleo en el campo. Enfatiza que, si bien el Ministro de Comercio tiene la vocería en el tema comercial, la línea la define el Presidente de la República.



¿Es usted proteccionista?

Cuando hablo de proteger, no hablo de productos como la carne, el algodón o el maíz. Hablo de defender el empleo rural y abrir espacios económicos y sociales a lo que se nos viene encima. Va a haber una desmovilización masiva de las AUC en los próximos días y a mí eso no me deja dormir. Ya se han entregado cerca de 1.500 muchachos desde que comenzó este gobierno, de los cuales 84% viene de las FARC, 64% tiene entre 14 y 23 años, 90% es de origen y vocación campesina. A mí no me sorprendería que antes del 30 de junio, pasemos a 3.000 y a 31 de diciembre a casi 5.000. Tenemos a estos 1.500 en albergues, la mayoría en Bogotá, y necesitamos reincorporarlos a lo que ellos quieren, el campo. No podemos dejar que se mueran de tedio jugando ping-pong. Si fallamos en la absorción de esos muchachos, se nos devuelve el proceso.

¿Cuál es la estrategia para darles empleo?

La estrategia es fomentar la agricultura convencional mucho más fuertemente que cualquier otra consideración de tipo ortodoxo. Hay dos millones de desplazados deambulando por Colombia. Además, estamos desplazando mano de obra por las fumigaciones y la lucha contra los cultivos ilícitos. Mientras las áreas de ilícitos caen, el desempleo crece en Ibagué, Neiva, Pasto, Tumaco y Cúcuta. El gobernador de Putumayo afirma que la migración de su departamento es increíble. El Guaviare sufre un fenómeno similar. El trance que vive el país hace que la agricultura tenga un valor más geopolítico que económico.



¿En qué está entonces la política de desarrollo alternativo en estas zonas?

La verdadera política de desarrollo alternativo es la generación de empleo en la agricultura convencional. Los planes en este tema han cambiado.



¿Hay cultivos lícitos que pueden rentar lo que renta la droga?

Sí, como el cacao. La rentabilidad de la droga no está tanto en manos del jornalero. El comprador es quien se la gana, como en todo negocio de la agricultura. De modo que nosotros tenemos que brindarle al cocalero un flujo de caja. No es tan exigente la cosa. Ellos no se han ganado todo el dinero del mundo. Necesitan una ocupación, empleo.



Si la prioridad es empleo, ¿se está trabajando en generarlo en zonas que verdaderamente requieren más mano de obra y que tienen posibilidad de acceso a mercados?

Uno podría tener el criterio de generar empleo por el número de jornales por hectárea que determinado renglón tiene y decir que eso es lo que hay que proteger e impulsar. La acelga, los berros, los caracoles o los champiñones generan muchos jornales por hectárea. Pero, ¿qué cabida en número de hectáreas me permite el mercado? La ganadería, la palma, el arroz o el maíz generan menos jornales por hectárea, pero el tamaño del mercado, tanto el nacional como el externo, me permite un hectareaje enorme. Entonces, tengo que multiplicar el número de jornales por hectárea por el número de hectáreas posibles. Y mirar el empleo total.



En Colombia comer es un lujo. En los estratos bajos, los alimentos ocupan hasta 80% del ingreso total. ¿Qué hacer para que la gente pueda adquirirlos a precios más bajos?

El problema no es de precios, sino de ingresos. Para defender los intereses de los consumidores, hay que crearles empleo a ellos. Un consumidor sin empleo no es consumidor. Si no, ¿cómo consume? Hay que crear empleo.



¿Esto soluciona el problema de precios relativos distorsionados por la actual protección vía precios?

Tenemos que duplicar nuestros esfuerzos en tecnología para ser más eficientes y competitivos. Por razones de presupuesto, en los últimos 12 años, en los que se redujo la producción agrícola, también se vino a menos la inversión en ciencia y tecnología. Hoy es apenas el 0,12% del PIB, lo cual es patético. Hay tecnología disponible en esta segunda revolución verde mundial, como los transgénicos en maíz, algodón y soya. En eso estamos trabajando.



En las negociaciones comerciales como la que se adelanta para conformar el ALCA, usted ha afirmado que el Ministro de Comercio tiene la vocería. ¿Cuál es su papel?

Cierto, el vocero en las negociaciones comerciales es el Ministro de Comercio. Pero el diseño de las mismas no las hace ese Ministerio, sino el Consejo Superior de Comercio Exterior, donde tomamos asiento varios ministros. No hay que olvidar que ese Consejo es presidido por el Presidente de la República. Allí se diseña la política y la vocería la tiene el Ministro de Comercio.



¿Qué le preocupa de estas negociaciones?

Que nos olvidemos de que no son un fin en sí mismo, son un medio. El fin es el hombre colombiano, el desarrollo humano de los colombianos. Yo pienso que la gestión internacional no debe medirse por el número de tratados internacionales que firmemos por semana. Más bien, los resultados que se obtienen sobre el empleo y sobre la equidad social, que son los objetivos de la política integral del gobierno. La eficacia de cualquier acción del Estado tiene que ser medida en términos de empleo. Así lo ha planteado el Presidente. Lo que planteo es la instrucción del Presidente.



En este Consejo Superior, ¿el Presidente es muy activo?

Mucho. Además de Presidente, es un gerente de tiempo completo.



¿Qué factores le preocupan por el efecto que tienen sobre su cartera?

De gran sensibilidad para el sector están el orden público, la tasa de cambio y las negociaciones comerciales. Pues si estos fallan, los logros de la política sectorial quedan sin ningún valor. Sin seguridad no hay confianza, sin confianza no hay inversión, sin inversión no hay crecimiento y sin crecimiento no hay empleo. Tan sencillo como eso. Ahora bien, la tasa de cambio tiene un impacto enorme sobre la agricultura. Por eso, este Ministerio acompañó inmediatamente el llamado del Presidente respecto a la preocupación por la revaluación. Aquí no se pueden confundir fines con medios. El fin del Estado es el hombre y en términos económicos, el hombre está referido a empleo.



¿Cuáles son los instrumentos a su discreción?

Tenemos un Ministerio muy bien armado, pero muy pobre. El trance fiscal se refleja en un presupuesto de 2003 que es en términos reales un 86% menor al de 1996. Estamos trabajando con menos plata, pero de manera focalizada, para evitar lo que el Presidente Uribe describe como la escopeta de regadera, que impacta pero no penetra. El papel que se le ha dado a este Ministerio en este gobierno es el de asfalto social de la vía que nos ha de conducir a la seguridad democrática, que tiene que concentrarse en el campo. Allí es donde con mayor crudeza se ha venido descomponiendo el país.



Carlos Gustavo Cano, ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, habló con Dinero sobre su visión de la política para el sector agropecuario colombiano. Respecto a la política comercial, el Ministro defiende el sistema de protección arancelaria que tiene Colombia y estima que, ante el problema de desplazamiento, la lucha contra el narcotráfico y las desmovilizaciones de grupos alzados en armas, la prioridad de su cartera es generar empleo en el campo. Enfatiza que, si bien el Ministro de Comercio tiene la vocería en el tema comercial, la línea la define el Presidente de la República.



¿Es usted proteccionista?

Cuando hablo de proteger, no hablo de productos como la carne, el algodón o el maíz. Hablo de defender el empleo rural y abrir espacios económicos y sociales a lo que se nos viene encima. Va a haber una desmovilización masiva de las AUC en los próximos días y a mí eso no me deja dormir. Ya se han entregado cerca de 1.500 muchachos desde que comenzó este gobierno, de los cuales 84% viene de las FARC, 64% tiene entre 14 y 23 años, 90% es de origen y vocación campesina. A mí no me sorprendería que antes del 30 de junio, pasemos a 3.000 y a 31 de diciembre a casi 5.000. Tenemos a estos 1.500 en albergues, la mayoría en Bogotá, y necesitamos reincorporarlos a lo que ellos quieren, el campo. No podemos dejar que se mueran de tedio jugando ping-pong. Si fallamos en la absorción de esos muchachos, se nos devuelve el proceso.



¿Cuál es la estrategia para darles empleo?

La estrategia es fomentar la agricultura convencional mucho más fuertemente que cualquier otra consideración de tipo ortodoxo. Hay dos millones de desplazados deambulando por Colombia. Además, estamos desplazando mano de obra por las fumigaciones y la lucha contra los cultivos ilícitos. Mientras las áreas de ilícitos caen, el desempleo crece en Ibagué, Neiva, Pasto, Tumaco y Cúcuta. El gobernador de Putumayo afirma que la migración de su departamento es increíble. El Guaviare sufre un fenómeno similar. El trance que vive el país hace que la agricultura tenga un valor más geopolítico que económico.



¿En qué está entonces la política de desarrollo alternativo en estas zonas?

La verdadera política de desarrollo alternativo es la generación de empleo en la agricultura convencional. Los planes en este tema han cambiado.



¿Hay cultivos lícitos que pueden rentar lo que renta la droga?

Sí, como el cacao. La rentabilidad de la droga no está tanto en manos del jornalero. El comprador es quien se la gana, como en todo negocio de la agricultura. De modo que nosotros tenemos que brindarle al cocalero un flujo de caja. No es tan exigente la cosa. Ellos no se han ganado todo el dinero del mundo. Necesitan una ocupación, empleo.



Si la prioridad es empleo, ¿se está trabajando en generarlo en zonas que verdaderamente requieren más mano de obra y que tienen posibilidad de acceso a mercados?

Uno podría tener el criterio de generar empleo por el número de jornales por hectárea que determinado renglón tiene y decir que eso es lo que hay que proteger e impulsar. La acelga, los berros, los caracoles o los champiñones generan muchos jornales por hectárea. Pero, ¿qué cabida en número de hectáreas me permite el mercado? La ganadería, la palma, el arroz o el maíz generan menos jornales por hectárea, pero el tamaño del mercado, tanto el nacional como el externo, me permite un hectareaje enorme. Entonces, tengo que multiplicar el número de jornales por hectárea por el número de hectáreas posibles. Y mirar el empleo total.



En Colombia comer es un lujo. En los estratos bajos, los alimentos ocupan hasta 80% del ingreso total. ¿Qué hacer para que la gente pueda adquirirlos a precios más bajos?

El problema no es de precios, sino de ingresos. Para defender los intereses de los consumidores, hay que crearles empleo a ellos. Un consumidor sin empleo no es consumidor. Si no, ¿cómo consume? Hay que crear empleo.



¿Esto soluciona el problema de precios relativos distorsionados por la actual protección vía precios?

Tenemos que duplicar nuestros esfuerzos en tecnología para ser más eficientes y competitivos. Por razones de presupuesto, en los últimos 12 años, en los que se redujo la producción agrícola, también se vino a menos la inversión en ciencia y tecnología. Hoy es apenas el 0,12% del PIB, lo cual es patético. Hay tecnología disponible en esta segunda revolución verde mundial, como los transgénicos en maíz, algodón y soya. En eso estamos trabajando.





En las negociaciones comerciales como la que se adelanta para conformar el ALCA, usted ha afirmado que el Ministro de Comercio tiene la vocería. ¿Cuál es su papel?

Cierto, el vocero en las negociaciones comerciales es el Ministro de Comercio. Pero el diseño de las mismas no las hace ese Ministerio, sino el Consejo Superior de Comercio Exterior, donde tomamos asiento varios ministros. No hay que olvidar que ese Consejo es presidido por el Presidente de la República. Allí se diseña la política y la vocería la tiene el Ministro de Comercio.



¿Qué le preocupa de estas negociaciones?

Que nos olvidemos de que no son un fin en sí mismo, son un medio. El fin es el hombre colombiano, el desarrollo humano de los colombianos. Yo pienso que la gestión internacional no debe medirse por el número de tratados internacionales que firmemos por semana. Más bien, los resultados que se obtienen sobre el empleo y sobre la equidad social, que son los objetivos de la política integral del gobierno. La eficacia de cualquier acción del Estado tiene que ser medida en términos de empleo. Así lo ha planteado el Presidente. Lo que planteo es la instrucción del Presidente.



En este Consejo Superior, ¿el Presidente es muy activo?

Mucho. Además de Presidente, es un gerente de tiempo completo.



¿Qué factores le preocupan por el efecto que tienen sobre su cartera?

De gran sensibilidad para el sector están el orden público, la tasa de cambio y las negociaciones comerciales. Pues si estos fallan, los logros de la política sectorial quedan sin ningún valor. Sin seguridad no hay confianza, sin confianza no hay inversión, sin inversión no hay crecimiento y sin crecimiento no hay empleo. Tan sencillo como eso. Ahora bien, la tasa de cambio tiene un impacto enorme sobre la agricultura. Por eso, este Ministerio acompañó inmediatamente el llamado del Presidente respecto a la preocupación por la revaluación. Aquí no se pueden confundir fines con medios. El fin del Estado es el hombre y en términos económicos, el hombre está referido a empleo.



¿Cuáles son los instrumentos a su discreción?

Tenemos un Ministerio muy bien armado, pero muy pobre. El trance fiscal se refleja en un presupuesto de 2003 que es en términos reales un 86% menor al de 1996. Estamos trabajando con menos plata, pero de manera focalizada, para evitar lo que el Presidente Uribe describe como la escopeta de regadera, que impacta pero no penetra. El papel que se le ha dado a este Ministerio en este gobierno es el de asfalto social de la vía que nos ha de conducir a la seguridad democrática, que tiene que concentrarse en el campo. Allí es donde con mayor crudeza se ha venido descomponiendo el país.

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