| 2/21/2003 12:00:00 AM

Juan Luis y su compromiso con Colombia

Guillermo Perry.
Desde cuando conocí a Juan Luis, cuando llegó muy muchacho, como él diría, desde Medellín a Fedesarrollo, me impresionó su energía, su creatividad, su curiosidad intelectual y su enorme competencia en todos los temas a los que se dedicó. Juan Luis combinó estas cualidades profesionales con una gran calidez y sencillez personal, que hizo que todos quienes interactuamos con él le cobráramos un gran afecto.

Juan Luis nunca se quiso matricular en la estéril discusión entre economistas "neoliberales" y "socialdemócratas" que tanto daño ha hecho al debate económico en nuestro país. Como investigador y como funcionario, se dedicó más que ningún otro a los temas de la política social y los abordó siempre con el objetivo de favorecer a los más pobres y con las herramientas de la economía moderna. Inauguró en Colombia el concepto de política social moderna, que combina la acción del Estado con mecanismos de mercado, tratando de alinear los incentivos de los actores públicos y privados en busca de resultados en materia de cobertura, eficiencia, efectividad y calidad de los servicios públicos básicos. Sus contribuciones analíticas en el estudio de la desigualdad y el mercado laboral trascendieron las fronteras patrias. Más importante aún, su legado en el campo de la salud, con la reforma de 1993 -la más ambiciosa puesta en práctica en América Latina, que ha permitido aumentar enormemente el cubrimiento de los seguros de salud en nuestro país-, y en materia pensional y laboral, con las reformas de diciembre pasado, lo sitúan como un reformador social por excelencia.

Sus planes eran, siempre, enormemente ambiciosos. Muchos amigos le aconsejamos no tratar de pasar a un tiempo la reforma laboral y la pensional, por temor a que se le enredaran en el Congreso. El insistió y las sacó ambas adelante. Para este año que comenzaba, esperaba poner en plena ejecución el paquete de programas que había venido diseñando para aliviar el desempleo, terminar un diagnóstico de los problemas que aún aquejan la implementación de la reforma al sistema de salud y poner en práctica los correctivos necesarios, culminar tareas pendientes de la Ley 100 de 1993 en materia pensional y terminar de armar el Sistema de Protección Social integrado con el que soñaba y que, una vez puesto en práctica, probablemente dejaría a Colombia con el mejor sistema de manejo de riesgos sociales en América Latina, después del chileno. Y, por supuesto, organizar el nuevo Ministerio de Protección Social y colaborar en la aprobación del Referendo que, entre otras cosas buenas, prohibiría que en el futuro haya colombianos de primera y de segunda en materia de derechos pensionales. Con todo el éxito que tuvo en el Congreso en diciembre, estaba frustrado por no haber podido arreglar el tema de la edad de retiro y por cuanto no había recibido suficiente apoyo para comenzar a establecer un seguro de desempleo moderno en el país. Todos deseamos que quien lo sustituya pueda llevar a buen término sus iniciativas en todas estas materias.

Por todo esto, el país estará siempre agradecido con Juan Luis. Pero, sobre todo, lo que más recordaremos de él es su amor y compromiso sin límites con Colombia. Pienso que ese amor era el que alimentaba su permanente interés por conocer todo lo que pudiera servir para comprender mejor y contribuir a desarrollar a Colombia y el que energizaba su legendaria hiperactividad. Es el mayor legado que deja a sus hijos y a sus amigos. Sus hijos siempre se sentirán orgullosos de haber tenido un padre así y sus amigos también guardaremos con orgullo su recuerdo.
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