| 7/20/2006 12:00:00 AM

El problema

Aunque la inversión de Ecopetrol llega a US$1.405 millones este año, no es nada relevante frente a las necesidades y las oportunidades que se le abren a la petrolera.

El problema
El año pasado, Ecopetrol le transfirió al gobierno $1,3 billones de sus utilidades que quedaron en $3,25 billones. Con eso, su presupuesto de inversión para este año ascendió a US$1.405 millones, que, aunque es mucho mayor al de US$900 millones de 2005 y el de US$400 millones que en promedio manejaba antes de ese año, apenas alcanza para financiar algunas de las tareas que debería emprender.

Este año destinarán en líneas gruesas, entre US$600 millones y US$700 millones al mantenimiento de campos en producción, US$330 millones a exploración en Colombia y el exterior —que de paso es la primera vez que se aprueba la exploración fuera del país— y entre US$400 millones y US$500 millones a refinación y transporte.

Aunque las cifras de inversión puedan sonar importantes, no son para nada relevantes frente a las necesidades y las oportunidades que se le abren a la petrolera. Solamente los tres proyectos que emprenderá este año suman cuando menos US$3.300 millones. La refinería de Cartagena, un proyecto en el cual compiten BP, Petrobras, Marubeni y Glencore vale US$800 millones, el aumento de la producción del campo de Tibú que hoy produce apenas 2.000 barriles al día y que se adjudicará en septiembre entre Luke Oil, Vintage, Petrobras y Burlington, vale US$500 millones. El proyecto para aumentar la producción de crudos pesados de Castilla de 90.000 a 200.000 barriles diarios en los Llanos Orientales, puede valer entre US$2.000 millones y US$5.000 millones.

Pero hay oportunidades que no aprovechará Ecopetrol, no solo porque no puede usar completamente sus utilidades en nuevas inversiones, sino porque, al ser parte del presupuesto nacional, su deuda se contabiliza en las cuentas de la Nación. En la práctica, esto le cierra las puertas del endeudamiento. Tampoco puede usar nada de los $8,5 billones que mantiene en dineros a corto plazo y TES para cubrir el pasivo pensional.

La restricción presupuestal le impidió participar en la financiación del gasoducto con Venezuela que costaba US$300 millones y que pagará en su totalidad Pdvsa, ni podrá conseguir una participación importante en una planta de licuefacción de gas que podría valer cerca de US$2.000 millones. Tampoco podría aumentar su inversión en exploración. Todo eso lo tendría que hacer atrayendo socios que pongan el capital.

Además, por su naturaleza estatal, la petrolera tiene que asumir cargas que no tiene su competencia. De un lado, tiene que contratar con las disposiciones de la Ley 80, lo que la pone en desventaja frente a sus competidores nacionales e internacionales. De otro lado, tiene que pagar sueldos que se ajustan a las escalas del Ejecutivo.

En este tema, en los últimos meses se ha presentado lo que califican en Ecopetrol como una verdadera desbandada de profesionales hacia otras petroleras. "Departamentos claves como el de geología fueron virtualmente desmantelados", cuenta un vocero de la compañía. La razón no es otra que la remuneración. Mientras que un profesional recibe entre $2 millones y $3 millones en la firma colombiana, empresas como Aramco les reconocen hasta 10 veces ese salario.

Adicionalmente, hay un aspecto que afecta de forma crucial a la petrolera: la planeación. En muchas ocasiones, las necesidades fiscales de corto plazo obligan a sacrificar decisiones de crecimiento de largo plazo. En estas empresas se requiere que los dueños permitan planear a largo plazo porque en esta industria "cualquier proyecto toma entre 5 y 10 años", dijo recientemente un alto funcionario de la petrolera.
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