| 2/2/2007 12:00:00 AM

Desde la mina

Desde la mina
"No me interesa cambiar de trabajo"

Hace 23 años, Haroldo Aguilar maneja una camioneta blanca de doble cabina en la que recorre las carreteras empinadas que se han venido formando en la mina de El Cerrejón, para hablar uno a uno con los 20 trabajadores que tiene a su cargo. Su fiel compañero es el radioteléfono. "Pala uno llamando, pala diez pidiendo autorización, pala cuatro en terreno equivocado", suena todo el tiempo para pedir explicación sobre el trabajo de las grandes máquinas o buscar alguna autorización para iniciar la excavación. Vive hace 15 años en la mina, con su esposa y su hija, en un apartamento alquilado dentro de El Cerrejón.

“La calidad también es mi responsabilidad”

Luis Eduardo Márquez llegó hace 9 años a la mina de la Caypa, en la Guajira, para velar por la calidad del carbón. Las 12 horas de su jornada permanece en una estrecha cabina, donde cabe una sola persona y a pesar de que tiene aire acondicionado, el calor es superior a la temperatura fresca del aire. Sale de la cabina a las 12 del día para recoger al personal a su cargo y llevarlo al lugar de almuerzo. Tiene 45 minutos para alimentarse y descansar. A pocos metros de distancia de la cabina de Luis Eduardo, hay cuatro más para controlar la calidad del carbón que se lava. Las altas montañas de carbón apenas los deja verse y la comunicación se realiza por radioteléfonos de cabina a cabina.

“La concentración es indispensable”

Hugues Ortega ha operado distintos equipos en su vida como minero: buldózer, palas eléctricas y la dragalínea, un equipo de 6.800 toneladas, que tiene un balde que mueve 90 m3 en 45 segundos. “Es el más difícil de operar. Hay que tener control del balde en todo momento, porque si se lo suelta, se vuelve un trompo”, señala Ortega, quien es supervisor de dragalínea en la mina de Drummond. Para él, “el buldózer es el equipo más versátil, es esencial”. Sin embargo, la mayor responsabilidad la tiene el palero, porque a él se le mide por producción.

“Yo me busco las oportunidades”

Carlos Andrés Herrera era mecánico y entró hace año y medio a desempeñar oficios varios. Entre sus responsabilidades tiene que lavar los camiones. En tiempo de lluvia, cuando el barro se incrusta en los camiones, demora 105 minutos lavando cada camión. Cuando el tiempo está seco, 45 minutos. “Del buen lavado depende que el mantenimiento sea bueno y que haya mayor productividad”, explica.



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