| 6/23/2000 12:00:00 AM

Críspulo Hernández

Críspulo Hernández
Este profesor de artes y educación física en el colegio nacionalizado José María Córdova en Guamal, Meta, trabaja desde hace 18 años en el campo de las artes. Tiene claro que para hacerlo se necesita pasión y esto lo difunde en todos sus estudiantes, que son unos expertos en el folclor llanero, en especial en la práctica del joropo. Con empeño y amor por su cultura, Críspulo ha logrado que la pasión por la música y el baile llegue a todos sus alumnos y que ellos, a su vez, se conviertan en multiplicadores de su conocimiento.



¿Cuál ha sido su experiencia personal más significativa?



Hay varias. La primera es que estudié en el Espinal, Tolima, y allá había estudiantes de todas las partes del país. Ahí conocí la cultura colombiana y empecé a madurar y explorar lo que en este momento estoy haciendo. Allá conocí la danza, el canto y los instrumentos. Otra experiencia importante fue haber pertenecido al Consejo Departamental de Cultura del Meta, por cinco años. Así conocí los problemas culturales de la Orinoquia y vi que todos eran comunes.



¿Qué es lo mejor que le ha pasado a la educación en los últimos diez años?



La autonomía del profesor, es esa responsabilidad que nos han dado y de esa manera, nosotros retomamos la parte universal y la ubicamos en el aula. Así estamos respondiendo a los problemas del estudiante. Antiguamente, nos trazaban directrices y no tenían en cuenta a la región. A mí me parece que esa autonomía que nos han dado hoy, la debemos aprovechar para resolver los problemas de nuestra región. En esto se ven los trabajos de los 18 nominados. Cada uno de ellos responde a los problemas y necesidades de la comunidad.



¿Cuáles son sus expectativas a diez años?



Lo que hay que hacer es recobrar la sensibilidad por medio de los valores. Tenemos que darle más importancia a lo nuestro: no solo en lo cultural, sino en la parte económica. Hay que reconocer que el trabajo que hacen nuestros compañeros también vale. Nosotros no valoramos a las personas que tenemos al lado y siempre pensamos que todo tiene que venir de fuera, que nosotros no podemos proporcionar nada.



Si a usted le dieran la posibilidad de ser durante dos años Ministro de Educación, ¿qué haría?



Empezaría a educar a los padres de familia. El problema está en que nosotros hablamos de unos valores y en la casa nos los están cambiando. Si no hablamos el mismo idioma, las cosas se truncan y no llegamos a ninguna parte.
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