| 3/16/2001 12:00:00 AM

Cara y sello de las privatizaciones

Cara y sello de las privatizaciones
Bogotá y Cali son los dos ejemplos y extremos más claros de lo que ha pasado con la privatización de las empresas del sector eléctrico y de 8 años de aplicación de la Ley de Servicios Públicos en el país.



Mientras la capital no solo logró desmontarse de la enorme responsabilidad económica y social que le causaba mantener el control de la antigua Empresa de Energía de Bogotá (EEB), sino que consiguió beneficiarse de la privatización, hoy Cali tiene en duda sus activos en Emcali y está cada vez más cerca de sufrir un apagón.



Hace cinco años, la situación de las dos ciudades no era muy diferente. Antes de la privatización, la EEB tenía obligaciones financieras por US$541 millones y se estimaba un faltante de US$1.700 millones para el período 1995-2000. Con la decisión de la administración distrital, frente a la negativa del gobierno de refinanciar y responder por las obligaciones oficiales --tal como lo está pidiendo hoy el alcalde de Cali--, el 49% del negocio de generación de la empresa fue vendido al grupo Endesa Chile y Endesa España por US$951 millones, y el 49% del negocio de distribución y comercialización fue vendido a Enersis y Endesa España por US$1.226 millones, en 1997.



En este proceso, la empresa redujo sus deudas a cero y la nueva operación incrementó su gestión y eficiencia. Las pérdidas de energía pasaron de 22,25% a 12,98%, fueron legalizados 800 barrios y 360.000 clientes, entre otros. Lo mejor es que la ciudad ha recibido más de $1 billón que, en su mayoría, sirvieron para financiar obras de infraestructura e inversión social.



En Cali, la situación es de otro color. Emcali vive hoy la peor de sus crisis. Intervenida sin mayores resultados por la Superservicios desde hace un año, su futuro depende de una decisión política que este gobierno no ha querido tomar.



La empresa tiene con los pensionados, trabajadores, proveedores y con la banca obligaciones que superan los $2,6 billones, incluidas cuentas por pagar vencidas de más de $440.000 millones. ¿Quién la salvará?
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