| 10/31/2003 12:00:00 AM

Cambio de reglas

Clemente superintendente de Valores.
En pocos días se le presentará al Congreso una reforma a la Ley de Valores que le permitirá a la Superintendencia de Valores ejercer una supervisión más completa del mercado. Así, por ejemplo, vigilará la intermediación de títulos hecha por cualquier agente, formal o no. Hasta ahora, solo vigila a los corredores de bolsa y a otras entidades financieras.

También se endurecerán los estándares en materia de transparencia para los emisores, en particular en cuanto a la revelación de información y la independencia de las juntas directivas. Serán obligados a tener un comité de auditoría, a reforzar los requisitos de control interno y a nombrar un defensor del cliente, como ya lo tienen los vigilados por la Superbancaria.

El nuevo régimen de sanciones tipificará algunas faltas graves contra el mercado, como el uso de información privilegiada, la ejecución que contraríe las órdenes de los clientes, o el uso indebido de los activos de los clientes. También aumentarán las sanciones, que hoy llegan hasta $45 millones. Con la nueva Ley, podrán subir hasta $600 millones o al doble de la utilidad indebidamente apropiada, o al doble del monto de la operación.

De otra parte, se generarán nuevas figuras para facilitar las negociaciones como la novación (renegociación de un contrato) y se les dará mayor tranquilidad a los inversionistas, al establecer mecanismos de autorregulación y de administración de carteras colectivas.

Las normas del mercado de valores están desactualizadas. La mayoría son de los 60 y los 70, cuando no había sistemas electrónicos de información y negociación de valores. Ahora es importante regular temas como la seguridad en las comunicaciones, las condiciones para la custodia o la compensación electrónica de títulos, que antes no existían. "El mundo ha cambiado mucho y la regulación ha quedado obsoleta", afirma Juan Fernando Lucio, superintendente delegado de Valores.



Reglamento único

El gobierno avanzó al eliminar el arbitraje de regulación generado en el manejo de portafolios por la existencia de normas distintas en la Superbancaria y la Supervalores. Las dos entidades unificaron las reglas sin eliminar la doble vigilancia, un hecho que algunos analistas consideran bueno por cuanto se puede mantener una sana competencia en la supervisión. Así, dicen sus partidarios, se acelera el diseño y adopción de normas que se pueden trasladar de un intermediario específico a otros actores del sistema y se corrigen los errores con mayor facilidad.

Sus enemigos piensan que la competencia crea posibilidades de arbitraje de supervisión, incrementa los costos de vigilancia y favorece -aunque sea temporalmente- a unos vigilados sobre otros.
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