"Para que el sentimiento de recuperación del sector privado prospere, tienen que verse esfuerzos diarios para resolver el problema fiscal."

| 6/27/2003 12:00:00 AM

Vuelve la confianza

El presidente Alvaro Uribe Vélez, en entrevista exclusiva con Dinero, habló sobre las razones del optimismo y el retorno de la confianza en el país.

El cambio en el ambiente de los negocios en Colombia es palpable. Los empresarios hablan cada vez más de sus proyectos nuevos. Los capitales están retornando. Los principales indicadores de actividad económica y las encuestas de expectativas señalan con fuerza que las cosas están mejorando (página 38). El crecimiento del PIB de 3,8% en el primer trimestre, que sorprendió a todos, resulta de una tendencia generalizada en la que todos los sectores, excepto minería, están creciendo. A la gente ya no le da temor mostrarse optimista. ¿Qué está pasando en Colombia?

El país está atravesando un momento de oportunidad que, si se aprovecha bien, podría traducirse en un impulso genuino que se consolidaría en los próximos años. Se han unido dos grandes tendencias favorables. Por una parte, la economía de Estados Unidos está dando muestras de un crecimiento más sólido. Por otra, en Colombia el paquete legislativo del segundo semestre del año pasado creó las bases para la credibilidad del manejo económico, al tiempo que se ha avanzado en el frente de la seguridad, cambiando la percepción sobre este tema crítico. Los resultados se están viendo ahora en un retorno de la confianza.

En el centro de este proceso está la figura del Presidente de la República, Alvaro Uribe Vélez. Los colombianos ven a Uribe como un hombre comprometido con su proyecto de país, capaz de tomar decisiones extremadamente difíciles y de sostenerse en ellas en medio de la tormenta. Hay Presidente, y eso les gusta a los empresarios y a los ciudadanos.

Esto no significa que la victoria esté ganada. Hay muchas amenazas en el horizonte para nuestra economía, incluyendo la posibilidad de que no se complete el ajuste económico mediante un referendo, el impacto de la caída del mercado de Venezuela y la nueva intensidad de la competencia internacional que viene con el Alca. La gestión del Presidente en los siguientes tres años de su mandato tendrá que ser brillante. Además, tendrá que calibrar muy bien los atributos de su estilo personal para que no se conviertan en barreras al éxito. Así, la valentía que ha demostrado al liquidar a Telecom no debería expresarse como terquedad, al aferrarse a un modelo agrícola del pasado. El liderazgo personal que le permite desarrollar una ambiciosa agenda de reforma del Estado no debería implicar que el Presidente termine haciendo un micromanejo y dando órdenes sobre los más pequeños detalles en las entidades locales.

En entrevista exclusiva, Dinero habló con el presidente Alvaro Uribe Vélez sobre los retos que ha superado y sobre los que vienen ahora, sobre las facetas de su personalidad y su estilo de gobierno. En esta conversación surge un mensaje del Presidente a los empresarios para que crean en el país, inviertan y creen empleo, que es la misión que les corresponde en el desarrollo económico.



Señor Presidente, hay señales de que la reactivación está en marcha y los capitales están regresando al país. ¿A qué atribuye usted este cambio, así como el giro favorable en la percepción de los inversionistas y los propios colombianos?

Toda la política del gobierno está orientada a fortalecer una palabra en Colombia: confianza. El gobierno lo montamos en un andamio con varios pilares que conducen a la confianza, que son seguridad, estabilidad macroeconómica, transparencia y estabilidad en las reglas del juego. Y eso lo hemos desagregado en seis políticas, que son la política de seguridad democrática, de disminución de costos del Estado, de incremento de ingresos del Estado, el referendo, la reactivación económica y la reactivación social. Entonces, el gobierno está haciendo un esfuerzo para que todo eso funcione. Lo más importante que tiene Colombia es su gente, sus empresarios y trabajadores que, con un marco mínimo de condiciones, pueden producir un milagro para bien del país. Para que esta tendencia perdure, lo importante es que el gobierno no le estorbe al sector privado.



¿Qué hace falta para que el sector privado sienta que verdaderamente puede quedarse en Colombia?

Todavía falta mucho. Nosotros tenemos que producir mejores resultados en seguridad. Yo le pido al sector privado, y así lo ha entendido, que más que resultados grandes y rápidos, que son difíciles pues no hay milagros, es importante que haya una permanente determinación. En el tema fiscal, por ejemplo, nos hace falta mucho trabajo, pues a pesar de los grandes avances todavía estamos lejos de resolverlo. Para que el sentimiento de recuperación del sector privado prospere, los esfuerzos para resolver el problema fiscal tienen que verse todos los días.



Parte de la mayor confianza es que la gente siente que las condiciones de seguridad han mejorado. ¿Cuál es el balance?

Falta mucho, empiezo por reconocer eso, y tomará un trecho largo. Pero para enfrentar el reto, hay algunos resultados que son positivos, aunque insuficientes. En cuanto a la presencia del Estado, hoy tenemos muy fortalecida la seguridad en 450 municipios donde ya hay soldados campesinos. Este año, la Policía terminará de hacer presencia en 180 municipios que tenía abandonados. Tenemos más de un millón de ciudadanos informándole a la Fuerza Pública, ayudándola y eso está funcionando. El tráfico en muchas carreteras se ha recuperado en un 65% y eso produce un efecto en las empresas, reactiva la economía con el turismo, y crea confianza entre ciudadanía y Fuerza Pública. Si los empresarios saben que su camión puede llegar de Medellín a Bogotá, aumentan su confianza en la Fuerza Pública. Si las familias salen por las carreteras a hacer turismo, viendo a los policías y soldados sudando en la carretera, al sol y al agua, a la intemperie, haciendo ese sacrificio, se emocionan con su Fuerza Pública y se crea una gran confianza. Y cuando la Fuerza Pública ve que ese sacrificio se traduce en empleo y turismo, pues también se emociona y sabe que su sacrificio no ha sido en vano.



¿Y en cuanto a los homicidios y secuestros?

Los homicidios han disminuido en un 20% y los secuestros en un 32%, lo cual es bastante y es muy poquito. No debería haber ni uno solo. En últimas, hay una tendencia de mejor seguridad, con albores positivos. Pero no podemos estancarnos, sino hay que mantener la tendencia al alza de forma permanente.



Los colombianos han pagado más impuestos con una esperanza enorme de que mejore la seguridad. Si no hay un gran golpe contra la guerrilla, ¿no cree que perderá este apoyo?

En las acciones falta mucho, pues apenas estamos empezando. La recuperación de la seguridad en las carreteras, el hecho de que la guerrilla no ha consolidado la toma de un solo municipio durante este gobierno, la disminución del secuestro y el homicidio no se dan por azar. Es el resultado de acciones diarias y contundentes, que venimos mejorando. No es fácil erradicar a unos grupos violentos que han tenido tanto dominio sobre el país. Pero lo vamos a hacer y lo estamos haciendo, no les quepa la menor duda.



Una deuda pública de 53% del PIB y un bajo crecimiento implican que hay que ajustar las finanzas públicas, a pesar de las enormes carencias sociales. ¿Cómo concilia el ajuste fiscal con las necesidades de la población colombiana?

Hay una respuesta que se llama crecimiento económico. No puede haber ajuste fiscal sostenido en el tiempo sin crecimiento. En un país donde tenemos pobreza y empresas débiles, ya sobresaturadas de impuestos y exigidas por la inseguridad, el margen se ha venido perdiendo. La fórmula redistributiva tradicional de cobrar más impuestos ya no aplica. Al ritmo que vamos, de pronto lo que le pasará al país es que se quedará sin qué repartir. Por eso, tenemos que crecer para tener recursos que permitan un endeudamiento prudente y realizar inversión social. Con tanta pobreza, se necesitan unas inversiones sociales de emergencia. El gobierno está haciendo esfuerzos y tenemos múltiples proyectos en marcha. No obstante, tenemos que crecer más para hacerlos con la profundidad y sostenibilidad que se requiere.



¿Qué está haciendo el gobierno para que el país crezca más y se recupere la inversión?

Las acciones en materia de reforma del Estado dan gran tranquilidad a los inversionistas, porque les demuestran que sus impuestos no seguirán gastándose en sostener la ineficiencia y el derroche en la administración pública. Este es un importante factor de confianza. También creo mucho en una tasa de cambio competitiva y estable. Lo que no puede hacerse es tener rezagos revaluacionistas que después, tarde o temprano, se expresen en saltos devaluacionistas. Por otra parte, es fundamental una tasa de interés baja. Esto exige que la política monetaria sea juiciosa y no les dé la espalda a los sectores productivos, y un sistema financiero saludable.

Quisiera destacar, además, iniciativas del gobierno como utilizar vigencias futuras para financiar sistemas de transporte masivo en varias ciudades, la adjudicación de nuevas concesiones en vías y la recuperación de la navegabilidad del río Magdalena. Por otra parte, los estímulos tributarios creados por este gobierno buscan desarrollar renglones en los que el país tiene potencial, como en el sector forestal y la construcción. Lo último que aprobamos para la construcción fue una ley de arrendamientos más flexible, con incentivos tributarios para los que inviertan en vivienda para arrendarla.



¿Cómo puede conciliarse su afirmación sobre la necesidad de devaluación del peso, cuando comienzan a entrar los capitales por el cambio de percepción sobre Latinoamérica y Colombia?

La mayor garantía para esos capitales es que ellos no afecten la tasa de cambio, pues si la afectan, tarde o temprano pagarán la cuenta. Tiene que primar el talento sobre el mercado. Es decir, el talento del Banco de la República: su buen diálogo con el gobierno y su capacidad de escuchar al país. Hay que poner a trabajar la imaginación y estimular, por ejemplo, el ingreso de bienes de capital y no el de estos capitales de corto plazo, sobre todo en un proceso de recuperación.



Usted mostró coraje al liquidar a Telecom, pero la reestructuración del Estado genera desempleo en un momento en que el sector privado no puede absorberlo al ritmo que se requiere. ¿Cómo conciliar esta política con la necesidad de generar empleo?

El gasto público en burocracia no crea empleo. Yo creo en el gasto público en inversión, que mejore la competitividad y la equidad. El tradicional gasto público burocrático nos ha privado en el país de los recursos para inversión y no tiene multiplicador. Nosotros no escogimos el momento de Telecom, la realidad fue la que lo impuso. Estábamos en la fecha límite para poder pagarles la indemnización de $250.000 millones a los trabajadores. En enero de 2004, la caja de Telecom habría sido negativa. Así que, en el corto plazo, nuestro esfuerzo tiene que propender por que el sector privado sea el que haga esta absorción de mano de obra. Yo creo que estas reformas están coincidiendo con un momento de recuperación del sector privado. Y esto da para pensar dos cosas. Primero, que al hacer las reformas el sector privado mantiene el ánimo y ayuda a que la economía se recupere. Y, segundo, que habrá más oportunidades laborales pues el sector privado está mostrando una tendencia a la recuperación.



El comercio con Venezuela se desplomó y el presidente Chávez, en vez de mirar hacia Colombia, quiere integrarse con Mercosur. ¿Qué puede hacer el país para no perder el mercado venezolano?

Es una situación difícil y no quiero pecar de optimista. Pero en las últimas semanas algunos productos colombianos han sido incluidos dentro de las listas de productos preferenciales en el control de cambios de Venezuela. En medio de las malas noticias, esta es una buena. Quisiera enviar un mensaje al gobierno y al pueblo de Venezuela: durante los 12 años de integración ha habido más años de balanza comercial positiva para Venezuela que para Colombia. Yo le decía al presidente Chávez y a su equipo económico: '¿para qué van a afectar este proceso que ha beneficiado más a Venezuela? Arreglemos el problema, sobre todo ahora que Colombia se está recuperando y puede comprarles más productos a los venezolanos'. Yo creo que hemos cometido un error político en el país, pues nos quejamos mucho del daño que nos hace esta situación. Hay que decir, en cambio, que Venezuela se está haciendo daño al afectar a Colombia.



Al gobierno le fue muy bien en la pasada legislatura con los proyectos de ley que propuso. ¿Cuál es su balance de la que acaba de culminar el pasado 20 de junio?

Hay que entender que aquí ha habido un cambio político, más de fondo en la realidad que en el discurso. Estamos completando un año sin relaciones clientelistas y sin relaciones de auxilios con el Congreso. Eso tiene un precio: el Congreso se extrovierte en su crítica y cobra autonomía, lo cual considero que es bueno. Yo diría que el balance de la legislatura que acaba de terminar es positivo. Se aprobaron una gran cantidad de proyectos, como las leyes de responsabilidad fiscal y arrendamientos. La reforma política que se aprobó no es perfecta, pero finalmente el gobierno fue escuchado en muchos puntos y hay otro punto que puede resolverse con el referendo. En el tema del voto preferente opcional, el Congreso escuchó unos argumentos que propusimos respetuosamente y el Senado aprobó el texto en la conciliación. La verdad es que Colombia tiene que esmerarse por los proyectos que verdaderamente necesita. No podemos olvidar lo que decía Winston Churchill: "muchas veces los congresos obran mejor cuando atajan leyes que cuando las aprueban".



En The Economist lo criticaron por su estilo microgerencial, que mina la autoridad de sus subalternos. Pero hay decisiones, como el caso de Telecom, que lo muestran como un estratega. ¿Cuál es el estilo del Presidente que no hemos podido descifrar?

Colombia ha tenido para mí algo muy desconcertante: un excelente discurso macro y unos pésimos resultados. Eso indica que cuando uno se queda en el discurso macro y no se da a la tarea de llevarlo con acciones micro a la realidad, no hay resultados. Yo recuerdo que en un posgrado de administración, un profesor nos decía que después de la Segunda Guerra Mundial había en el mundo dos estilos de administración. El primero, el de un señor estadounidense, en un Cadillac, recorriendo la empresa a 200 kilómetros por hora, con una Coca-Cola con hielo. Y, el segundo, el de un japonecito, con un frasquito de aceite, unos alicates y un destornillador, mirando cuidadosamente todos los detalles de la empresa. Los dos compartían el mismo norte macro. Pero el japonecito estaba pendiente de los detalles y de que la empresa funcionara. En otras palabras, puedo decir que esto es como los sueños. Si uno sueña por la noche y no madruga a convertirlos en realidad, en sueños se le quedan. Si no se pasa de lo macro al trabajo de lo micro, se queda en el planteamiento macro sin recoger los resultados.
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