| 11/1/1995 12:00:00 AM

Violencia y pactos internacionales

Asociación de Bananeros de Colombia

En la actualidad, la actividad bananera colombiana, como muchas otras actividades económicas en el país, enfrenta una profunda crisis determinada fundamentalmente por dos factores: de un lado, la violencia que se vive en las dos regiones bananeras de Colombia, que, ante el acecho de diferentes grupos armados al margen de la ley, no encuentra posibilidad alguna de realizar nuevas inversiones tecnológicas, optimizar los recursos humanos y técnicos disponibles y aprovechar adecuadamente la producción existente, limitando su gestión administrativa a un mantenimiento inercial que no

avanza al ritmo que exige el competido mercado internacional; y la adopción de un nuevo modelo económico que no previó un tratamiento especial para sectores netamente exportadores, que tuvieron que entrar a cubrir las pérdidas que éste les genera, con un incremento considerable de su endeudamiento.

Esta situación puede ser fácilmente corroborada en un análisis rápido de variables económicas, agronómicas, políticas y sociales, que en forma directa inciden sobre la actividad.

En lo económico, la actividad bananera colombiana presenta en el primer semestre de 1995, frente al mismo período del año inmediatamente anterior, un decaimiento en el volumen y en el valor exportado de 15.4% y 4.7%, respectivamente.

En cifras equivale a decir que, mientras en el primer semestre de 1994 se exportaron 40.2 millones de cajas de 18.14 kilos por un valor de US$194.9 millones, en el mismo período de 1995 las exportaciones fueron 34 millones de cajas, por valor de US$185.6 millones. Pese al comportamiento descrito, que enseña una disminución en la productividad, se evidencia un incremento en el precio FOB del 12.6%, al pasar de US$4.83 a US$5.44, aumento que no logra compensar la disminución presentada en el volumen exportado. En lo que va corrido desde que se inició la crisis en 1991, es la primera vez que se presenta disminución en el volumen exportado.

En lo agronómico, por efectos de la ¡liquidez y de los altos índices de violencia, durante todo el tiempo de la crisis se han reducido de manera considerable todas las labores de mantenimiento de las instalaciones agroindustriales y ejecutado en forma parcial, o deficiente, las labores del cultivo, afectándose el estado agronómico de las plantaciones, y por ende la productividad. En este último aspecto basta mirar el nivel alcanzado en el primer semestre del año en curso que fue de 1.563 cajas/ha/año, frente a 1791 cajas/ha/año de nivel registrado en 1994, requiriéndose para alcanzar un punto de equilibrio, de acuerdo con los costos actuales, de una producción de 1.873 caja/ha/año, sin considerar el nivel de endeudamiento. Por cada millón de pesos que tenga de deuda debe producir 143 cajas de más.

No obstante lo anterior, en el presente año las condiciones del productor tendieron a mejorar con el manejo que hizo el gobierno de la devaluación, y con los efectos positivos del acuerdo marco que se han ido haciendo efectivos para todos los exportadores bananeros. En términos generales, por este último concepto, se vienen recibiendo 40 centavos de dólar por caja de banano exportada a cualquier destino del mundo, que si bien representan un alivio económico para el productor porque le mejora el flujo de caja, no alcanza a sanear la situación debido a los altos niveles de endeudamiento en que se encuentra.

En los campos político y social son múltiples los problemas que aquejan a las zonas productoras de banano, donde los grupos armados al margen de la ley luchan por el control económico y político de las regiones. La presencia del Estado en estas regiones continúa siendo débil a pesar de las intenciones del ejecutivo, y para el caso concreto de Urabá todavía no se cristaliza una política regional que ataque todas sus debilidades y destaque todas sus fortalezas. Urabá, aun hoy, no se analiza en su problemática ni se plantea en su desarrollo de manera global e integral. La falta de expectativas frente a un control efectivo en el orden público y a la ejecución de programas de infraestructura social recrudecen los problemas y estimulan las diferencias entre la población.

os retos del sector para 1996 están enfocados a nivel externo e interno. A nivel externo es necesario, de no lograr volver al libre comercio del banano en el mercado de la U.E., mantener el acuerdo marco y cumplir con las exigencias en él establecidas.

También adelantar gestiones en el campo diplomático, para lograr que los Estados Unidos reconozcan los perjuicios económicos y sociales que conlleva para Colombia la imposición de sanciones, dentro de la investigación adelantada bajo lo dispuesto en la sección 301 de la ley de comercio americana. No queda duda de que el sector debe establecer alianzas estratégicas que permitan el aprovechamiento de las ventajas competitivas que se tienen, en aras de que la actividad sea rentable, vía el mejoramiento en el precio internacional y la reducción de costos.

En conclusión, para poder entrar por el camino de la recuperación, el sector requiere de la adopción de una política gubernamental que consigne en forma puntual medidas de apoyo y fortalecimiento relacionadas con el endeudamiento, los subsidios (Cert), y la erradicación de áreas marginales, entre otros aspectos.

Las perspectivas del sector en el mediano plazo están también condicionadas al manejo que se haga del acuerdo marco suscrito con la UE; a las decisiones que se deriven de la aplicación de la sección 301; a las alianzas estratégicas que realicen las compañías comercializadoras de banano que operan desde Colombia en procura de minimizar costos y maximizar la eficiencia en la prestación de servicios al productor y a la agroindustria; y, finalmente, al establecimiento de unas condiciones adecuadas de orden público que permitan a los empresarios administrar directamente las plantaciones y optimizar los recursos tecnológicos que se tienen para alcanzar adecuados ni veles de productividad del nivel interno se requiere, en primera instancia, de unas condiciones mínimas de orden público, y de la realización de inversiones estatales que garanticen por lo menos la infraestructura básica para la sana convivencia de la población. Sin estos dos elementos no se logrará de nuevo un incremento de la inversión privada con miras al desarrollo económico regional. Además de lo anterior, es necesario que el gobierno nacional plantee una política de recuperación de la actividad bananera colombiana, buscando que los ingresos que ésta produzca se destinen de manera preferencial a la recuperación de la competitividad internacional, vía reducción de costos y altos niveles de productividad.
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