Venezuela socio difícil

| 11/23/2001 12:00:00 AM

Venezuela socio difícil

El mercado venezolano ha sido una salida afortunada para los productos colombianos. Sin embargo, la incertidumbre económica y política indica que esta etapa podría estar llegando a su fin. ¿Qué esperar en Venezuela?

Para los empresarios colombianos, entender las perspectivas y las posibilidades de la economía venezolana se ha convertido en un ejercicio bastante difícil y contradictorio. Por un lado, los resultados de los negocios son extraordinariamente positivos, pues las exportaciones a Venezuela vienen en rápido crecimiento, tanto que el nivel alcanzado hasta septiembre de este año ya es similar al que se completó en los 12 meses del año 2000. Por otro, las variables más críticas hacia el futuro están afectadas por una enorme incertidumbre. ¿Se va a caer Chávez? ¿Cuál va a ser el precio del petróleo en el próximo año? ¿Cómo va a cambiar la política de Estados Unidos hacia Venezuela? ¿Hasta dónde llegarán las restricciones en el comercio con Colombia? La lectura de la economía venezolana es compleja y el debate va de lo técnico a lo esotérico, desde el seguimiento semanal de las reservas internacionales hasta el conteo de barrios de Caracas que participan en los "cacerolazos" cada vez que el presidente Hugo Chávez habla por televisión.



Venezuela es uno de los países más afectados por los atentados terroristas del 11 de septiembre. La recesión en Estados Unidos y en la economía mundial se alarga, el precio del petróleo se debilita y las perspectivas de ingresos externos para Venezuela, que por cada dólar de caída en el precio del petróleo pierde cerca de US$1.000 millones en ingresos anuales, se deterioran. Esto ocurre cuando la popularidad de Chávez baja, pues la bonanza petrolera de estos dos años no se tradujo en mayor bienestar. El desempleo supera el 14% y el empleo informal está por encima del 50%. Con petróleo y popularidad a la baja, Chávez tendrá que reacomodar su estrategia y plantear un nuevo juego frente a los distintos núcleos de poder.



Seguir de cerca las reglas de ese nuevo juego a medida que se van creando es fundamental para quienes tienen intereses en Venezuela. Son muchos los empresarios colombianos que forman parte de este grupo. Las exportaciones de Colombia a Venezuela acumularon US$1.249 millones entre enero y septiembre de este año. Se trata de unas ventas diversificadas que cubren más de 2.500 productos y hoy representan el 24% de nuestras exportaciones no tradicionales. Las inversiones de colombianos en Venezuela fluctúan entre US$50 y US$80 millones al año. Los giros de los expatriados colombianos en Venezuela, el comercio de las fronteras y otro comercio no registrado pueden sumar otros US$1.300 millones al año, según cálculos de la oficina de Proexport en Caracas. La perspectiva económica venezolana y la evolución de la política son, quizás como nunca antes, vitales para los intereses económicos colombianos. El reciente éxito en las ventas se debe en alta medida a la sobrevaluación del bolívar frente al peso, que hace que los productos colombianos sean especialmente competitivos en precio, y al crecimiento que ha tenido la economía venezolana en los últimos tiempos. La suerte de estos negocios depende de la forma como Chávez se ajuste a un escenario radicalmente diferente al que tuvo durante sus primeros dos años de gobierno, dentro de las restricciones que imponen el entorno macroeconómico y el equilibrio político.



Economía: alta tensión



Para los empresarios colombianos, hay dos preguntas centrales sobre la economía venezolana: ¿Se romperá la banda cambiaria y ocurrirá una maxidevaluación?, y ¿qué clase de crecimiento se puede esperar para el año 2002 y más allá?



La sobrevaluación del bolívar viene de una decisión política del presidente Chávez, quien cree en la importancia de mantener una tasa de cambio baja como ancla de la inflación. Esta sobrevaluación real ocurre cuando la devaluación es superior a la inflación. La magnitud de la sobrevaluación acumulada del bolívar varía dependiendo de quién la estime, pero la mayoría de los cálculos la ubican entre 40 y 55%.



La caída de los precios del petróleo crea nuevas presiones devaluacionistas. Sin embargo, hay suficientes divisas para evitar un colapso de la banda cambiaria en el corto plazo. En este año, el país tendrá cerca de US$5.000 millones menos en ingresos petroleros que los que esperaba al comienzo. Sin embargo, cuando se suman las reservas internacionales (que hoy superan los US$12.000 millones) y los recursos acumulados en el Fondo de Estabilización Macroeconómica, FIEM (más de US$7.000 millones), resulta que Venezuela tiene una protección sustancial ya que contaría con recursos suficientes para llegar al final del año 2002 dentro de una relativa estabilidad cambiaria. El Banco Mercantil estima que el gobierno central podría usar cerca de US$2.900 millones del FIEM, obtener casi US$1.800 millones en el mercado externo y captar el resto de sus necesidades en el mercado interno, lo cual no implicaría mayores problemas. Los principales analistas económicos predicen que el dólar estará como máximo en 890 bolívares al terminar el año entrante, lo que implicaría una devaluación cercana a 20% a partir de ahora, lejano a una maxidevaluación.



Aunque existen las reservas para responder, al menos la mitad del problema cambiario es psicológico y de expectativas. Si la gente cree que Chávez va a aplicar un control de cambios para evitar una devaluación (como sería de esperar según su vehemente discurso), cualquier evento negativo podría disparar una salida masiva de divisas y una crisis cambiaria para anticipar la decisión del presidente. En Venezuela, esperar una devaluación hace parte de la cultura. Las empresas se fondean en dólares y mantienen el mínimo indispensable de bolívares en caja. El 88% de los depósitos bancarios son a la vista y la fracción restante tiene plazos inferiores a los 30 días. La máquina siempre está lista para la fuga de capitales. Pero el gobierno ha demostrado ser efectivo para contrarrestarla en este año, sin tener que recurrir al control de cambios. En julio y agosto se presentó una fuerte fuga de divisas que redujo las reservas en cerca de US$3.000 millones. El gobierno acudió a una fórmula convencional en la cual redujo el circulante, aplicó encajes a los bancos y aumentó las tasas de interés. La crisis pasó y las tasas de interés han vuelto a bajar. Sin embargo, en el aire aún permanece el temor de que un nuevo y más fuerte episodio pueda ocurrir el año entrante.



En cuanto a las perspectivas de crecimiento, la vulnerabilidad se hará mayor a medida que avance el año 2002. El crecimiento económico, que fue de 3,2% en el año 2000, ha sido estimado entre 2,0 y 2,8% para el año 2001 y entre 1,5% y 2,0% para el año entrante. El deterioro obedece a que la economía entra en un patrón que no es sostenible, pues los menores precios del petróleo no son compatibles con el camino de expansión del gasto adoptado. El mayor peligro económico que enfrenta Venezuela, que se haría evidente a partir del año 2003, es la insostenibilidad del esquema fiscal.



El presupuesto del año 2002 supone un precio del petróleo de US$18,5 por barril, el cual es optimista a estas alturas. Pero anuncia un crecimiento en el gasto público de 14% nominal por encima del presupuestado el año pasado. Para financiarlo, será necesario aumentar impuestos y obligar a la petrolera PDVSA a entregar al gobierno prácticamente todas sus utilidades como dividendos. Estos son ingresos no recurrentes, mientras el gasto tiene un fuerte crecimiento inercial. El gobierno tendrá que aumentar su financiación en el mercado interno, lo cual elevará las tasas de interés.



Por otro lado, hay fuertes contradicciones en la distribución sectorial del crecimiento. La sobrevaluación ha significado una enorme crisis para la industria que compite con importaciones. "El uso de capacidad instalada de la industria está en 51%", afirma Lope Mendoza, presidente de Conindustria, el gremio que agrupa al sector manufacturero. Sin embargo, ha sido una auténtica bonanza para los productores de bienes no transables. Sectores como el comercio, las telecomunicaciones, la construcción de obras públicas, algunos bienes básicos, los bancos y el transporte están pasando una buena etapa. El país ha recibido sustanciales inversiones extranjeras este año, en sectores como comunicaciones, banca, alimentos y, por supuesto, petróleo y gas. La desigualdad en el crecimiento entre sectores y el aumento del desempleo y la informalidad crean un entorno de creciente tensión en el ámbito de los negocios dentro del país.



Política: río revuelto



La otra cara de la incertidumbre para los negocios en Venezuela es el complicado panorama político. La baja en la popularidad de Chávez y el conflicto del presidente con prácticamente todos los grupos de influencia en el país, desde los industriales hasta los sindicatos y la Iglesia, e incluso con algunos sectores militares, complican el panorama hacia adelante. Se ha anunciado un frente unido empresarial que realizaría un paro nacional en diciembre.



Hay incluso fuertes rumores sobre la posibilidad de que Chávez sea depuesto en un golpe de Estado. Esa posibilidad, empero, es remota. Una coalición efectiva de intereses contra Chávez está lejos de organizarse. Los partidos políticos tradicionales fueron vapuleados en las urnas. Los empresarios se mantienen atomizados y el propio modelo económico de Chávez se encarga de dividirlos por medio de los efectos de la sobrevaluación.



Otro grupo vital, los sindicatos, ha tenido fuertes enfrentamientos con Chávez, pero los ha venido ganando. El presidente intentó anular los resultados de las elecciones para la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV), con el fin de promover el ascenso de un candidato cercano a sus afectos. El esfuerzo acaba de terminar en un fracaso para Chávez. Por otra parte, los trabajadores del sector de hidrocarburos se anotaron una importante victoria al lograr que la nueva ley de hidrocarburos preserve en forma explícita sus prebendas laborales en materia de salarios, primas y pensiones. La fuerte posición de los sindicatos es una pérdida para las intenciones de Chávez, pero al mismo tiempo hace aún más lejana una hipotética alianza de sindicatos y empresarios en contra del presidente.



Un tercer frente es el de los militares.Un grupo importante de militares no está de acuerdo con las aproximaciones de Chávez a las Farc, ni con su manera de enfrentarse a Estados Unidos. Incluso así, es difícil esperar un golpe de parte del Ejército, pues los militares han sido los grandes beneficiarios en la cruzada del mandatario por ganar poder. Los militares, que en una sociedad tan clasista como la venezolana siempre habían tenido un papel limitado, están hoy presentes en muchas áreas de influencia, que van desde las empresas del Estado hasta las embajadas. Las brigadas militares en las provincias han llegado a manejar más presupuesto que las propias gobernaciones. La Fuerza Armada Nacional y la Guardia Nacional tienen amplios cupos reservados en el presupuesto del año entrante. Para el Ejército sería difícil tener tantas ventajas con cualquier otro mandatario.



Por otra parte, está la influencia de Estados Unidos en la situación. La tensión entre Estados Unidos y Chávez llegó a un punto sin precedentes con las declaraciones del presidente venezolano, cuando afirmó en televisión que Estados Unidos estaba respondiendo "terror con terror" en Afganistán. Chávez rectificó después. La verdad es que Estados Unidos tiene pocas opciones diferentes a soportar a Chávez, mientras sus actos se mantengan dentro de ciertos límites. Dada la institucionalidad consagrada en la Carta Democrática de la OEA, un golpe de Estado en Venezuela podría llevar a Washington a la misma situación que tuvo que enfrentar en Haití después del golpe contra Jean-Bertrand Aristide a comienzos de los años 90, pues se vería obligado a condenar el derrocamiento de un mandatario que detesta. La experiencia de Colombia en la época de Ernesto Samper tampoco es un buen precedente, pues ahí se demostró que asumir la oposición de alto perfil frente a un gobierno latinoamericano no garantiza su caída, por frágil que parezca su posición y, en cambio, sí exacerba el sentimiento antiestadounidense en la población.



Las salidas



"El problema de Venezuela hoy es que el gobierno piensa que es más fuerte de lo que es y la oposición cree que el gobierno está más débil de lo que está", dice Luis Vicente León, socio director de Datanálisis, una consultora especializada en economía y análisis de encuestas. Chávez se siente fuerte porque ha sido capaz de sortear enormes obstáculos, negociar y dividir a sus enemigos, ignorar a los empresarios y barrer a la clase política tradicional del poder. La oposición se siente fuerte por la caída del apoyo a Chávez en las encuestas. Esto puede hacer más difícil de lo necesario el logro de una salida de consenso para los problemas.



Chávez tiene dos opciones: o radicaliza su postura, o busca un acercamiento con sus opositores, en especial con el sector privado. La primera opción implica buscar la recuperación de su popularidad. Para este propósito podría servirle revivir los conflictos territoriales con Colombia o Guyana. Esta es apenas una hipótesis, pues aún no hay hechos concretos que apunten en esa dirección.



La otra posibilidad es buscar el consenso. El logro de un consenso mínimo es fundamental para dar un norte al país y para permitir la llegada de personas con mayor experiencia y capacidades al gobierno. La mediocridad de los cuadros medios encargados de las funciones del Estado ha sido un factor de enorme peso en los escasos resultados que el gobierno Chávez tiene para mostrar en su gestión, que dejó pasar la bonanza petrolera sin que ella se reflejara en una reducción del desempleo y la pobreza.



El escenario más probable es la permanencia de Chávez en el poder, en un entorno político cada vez más difícil, en el cual no se llega a los acuerdos necesarios para enderezar el rumbo de la economía dentro del tiempo que hay disponible. A partir de la segunda mitad del año 2002, la economía venezolana entraría en un ambiente de creciente incertidumbre, en la cual los amagos de fuga de capitales serían contrarrestados por políticas monetarias restrictivas, con tasas de interés al alza. En algún momento, tendrá que ocurrir una devaluación grande. A partir del último trimestre del año 2002 aumentará fuertemente la probabilidad de que esto suceda.



Para los colombianos, es urgente entender mejor lo que pasa en Venezuela y adoptar una postura más proactiva frente a su situación. Las medidas restrictivas al comercio de grasas que ha adoptado Venezuela, por ejemplo, han sido vistas por muchos en Colombia como otro acto populista de parte del gobierno venezolano, que buscaría la confrontación para ganar puntos. En realidad, el registro de esas decisiones en la discusión pública venezolana ha sido mínimo. No tiene sentido ampliar su significado más allá de la esfera comercial. Ver a Venezuela como un enemigo solo contribuirá a enrarecer el ambiente y a generar profecías autocumplidas.



El mercado venezolano tiene una enorme importancia estratégica de largo plazo para Colombia. Son economías complementarias y las oportunidades allí son grandes. Incluso si ocurre una fuerte devaluación, la experiencia de largo plazo indica que los precios aumentan de nuevo y la competitividad colombiana se recupera a la vuelta de corto tiempo. Venezuela no puede ser vista como un sitio para vender excedentes cada vez que el bolívar se revalúa, sino como una salida potencial para desarrollar cadenas productivas sólidas que soporten los vaivenes de la política y puedan aspirar a vender a terceros países. Los próximos 12 meses serán de creciente tensión en Venezuela, pero a quienes tengan paciencia y resistencia de largo plazo les esperan grandes beneficios.
Publicidad

¿Tienes algo que decir? Comenta

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.