| 5/28/2010 12:00:00 AM

Venezuela, la montaña rusa de la relación comercial

Medidas administrativas y restricción en la asignación de divisas por parte del gobierno de Hugo Chávez han generado la contracción en las exportaciones colombianas a Venezuela.

El tono amenazante con el que el 28 de julio de 2009 el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, hizo pública su intención de 'congelar' la relación diplomática con Colombia generó alarma entre algunos empresarios colombianos que por décadas habían mantenido una fluida relación comercial con el vecino país.

Aunque para muchos era una más de las 'pataletas' que han caracterizado al histriónico presidente venezolano desde su llegada al poder en 1999, y que había agudizado sus ataques políticos al presidente Álvaro Uribe tras la muerte del líder guerrillero Raúl Reyes, en marzo de 2008; para las más de 300 empresas colombianas instaladas en Venezuela desde comienzos de los 90 y las cerca de 4.000 que venden a ese mercado, generó inquietud pues han vivido en la última década los efectos de las variables medidas adoptadas por el presidente Chávez y los cambios en las reglas de juego.

Antes de 1990, solo un pequeño grupo de empresas colombianas había decidido probar fortuna en el mercado vecino. Distral, Legis, Caribú, Leonisa, Carvajal, Formacol y Susaeta hicieron parte de esta 'avanzada'.

Las condiciones de libre comercio generadas a partir de la década de los 90 entre los países de la Comunidad Andina auspició la llegada de compañías colombianas al mercado vecino a través de presencia propia con plantas de producción, agentes locales o ventas directas.

En este grupo se destaca Alpina, que entró en 1992 a comercializar arequipe, con tal éxito que terminó comprando en 1994 la planta que producía en Venezuela los yogures Yoplait, e integrando su operación productiva.

También se destacan las inversiones del Grupo Mundial, que compró la Corporación Grupo Químico de Venezuela consolidándose como uno de los principales productores de pinturas; del Grupo Corona que, ante la dinámica que ofrecía el mercado venezolano de construcción y remodelación, abrió centros de distribución.

Carvajal, Colombina y Cementos Argos también quisieron aprovechar las ventajas del libre comercio y el potencial de mercado de Venezuela, con la compra de plantas o unidades de producción en ese país. La participación de Noel en el negocio de galletas y la compra a través de Zenú de Hermo, una productora de embutidos, le dio espacio al Grupo Nacional de Chocolates para incursionar y expandirse en el mercado vecino.

En materia de comercio, las empresas colombianas también decidieron hacer su apuesta en Venezuela, desde cuando Cadenalco adquirió la cadena de tiendas Cada y Maxy's. Su posterior integración con Almacenes Éxito dio paso a un proceso de modernización y penetración en el comercio del vecino país.

Para 1995, datos del entonces embajador de Colombia en Venezuela, Guillermo Alberto González, daban cuenta de que para la época la presencia directa de empresas colombianas en el mercado vecino superaba las 300 y las inversiones podrían ascender a unos US$450 millones.

La llegada al poder del presidente venezolano Hugo Chávez no frenó este auge de inversión y comercio de las compañías colombianas en territorio vecino. Incluso, el año 2000 marcó un hito en las exportaciones colombianas a Venezuela, que por primera vez superaron la barrera de los US$1.000 millones, alcanzando un registro de US$1.308 millones de acuerdo con el Dane.

El anuncio del presidente Hugo Chávez -tras su llegada al poder- de introducir profundas reformas en el aparato productivo, de hidrocarburos y de tierras generó algunos sobresaltos en el empresariado. Pero fue solo hasta 2001 cuando comenzó a sentirse la presión sobre la propiedad privada y el intercambio comercial, luego que se aprobara la Ley Habilitante que le otorgó al mandatario facultades extraordinarias para expedir 49 leyes económicas que facilitaban la expropiación o el cambio de propiedad en el uso de tierras o instalaciones productivas.

Los paros organizados por grupos opositores al presidente Chávez en protesta contra las medidas que consideraban arbitrarias por atentar contra la propiedad y la libre empresa, y el posterior golpe contra el mandatario -el 12 abril de 2002- provocaron inquietud entre las empresas colombianas asentadas en el territorio vecino.

Un prolongado paro petrolero, la agudización de las protestas y la polarización política llevaron a que en 2003 cientos de empresas colombianas dejaran de vender en el mercado vecino o perdieran incluso el dinero de las ventas que habían hecho, lo que postró el comercio binacional y llevó a que las exportaciones colombianas, que llevaban tres años de auge, cayeran a un nivel de apenas US$693 millones.

El Gobierno también cambió el esquema cambiario estableciendo en 2003 un estricto control sobre las divisas que se utilizaban para importar los productos. Del mismo modo, fijó un control de precios que, para muchos empresarios, complementaba los mecanismos para 'atenazar' al sector productivo, tanto nacional como extranjero.

Sin embargo, el tono conciliador del presidente Hugo Chávez y el anuncio de medidas para reactivar la actividad económica generaron nuevas expectativas en los empresarios colombianos, que veían nuevas oportunidades de negocios en un mercado en crecimiento.

Para mediados de 2005, la relación política entre los dos países estaba en uno de sus mejores momentos, al punto que motivó a las entidades de promoción de exportaciones de los dos países, Bancoex y Proexport, a organizar de manera conjunta una macrorrueda de negocios que convocó más de 1.000 empresarios de los dos países para intensificar el comercio y la inversión. En enero de ese año, el presidente Chávez había expedido un decreto con beneficios tributarios para los empresarios que establecieran industrias alrededor de la frontera, lo que motivó a cerca de 30 inversionistas colombianos a establecerse pequeñas fábricas en el vecino estado de Táchira.

En 2005, las exportaciones pasaron la barrera de los US$2.000 millones y alcanzaron los US$2.098 millones, gracias al interés de los mandatarios por fortalecer su relación.

La euforia comercial era total. Muchas de las compañías colombianas aumentaron sus inversiones y planearon apuestas más agresivas para conquistar el mercado vecino. Solo en el caso automotor, las ensambladoras que operan en territorio colombiano, Sofasa, General Motors Colmotores y la Compañía Colombiana Automotriz iniciaron millonarias inversiones para ampliar sus plantas de producción a fin de atender la creciente demanda de vehículos que registraba el mercado vecino. Solo en 2007, los tres ensambladores colombianos lograron exportar cerca de 50.000 unidades a Venezuela, en momentos en que este país tuvo su mejor momento de ventas de vehículos con cerca de 490.000 unidades.

Sin embargo, la fiesta no duró mucho. En abril de 2006, y argumentando que el Tratado de Libre Comercio que habían negociado Colombia y Perú constituía una 'estocada' para la integración andina, el presidente Hugo Chávez decidió retirarse de la CAN. Las diferencias políticas entre los presidentes Chávez y Uribe eran cada vez más evidentes. Aunque se acudió a mecanismos de diálogo para sortear las dificultades y salvar el comercio, las pugnas continuaron.

Algunos empresarios se confiaron, pues pese a las disputas políticas, 2007 fue uno de los mejores años para el intercambio comercial. Colombia, que en 2006 exportó a Venezuela US$2.700 millones, prácticamente duplicó sus ventas y al siguiente año exportó US$5.210 millones. Aunque se agudizaron los anuncios de restricciones comerciales y amenazas contra la inversión, muchos pensaban que el tema político era ajeno al comercial. Ni siquiera el anuncio de la expropiación de la planta de Cementos Argos en Venezuela, por un lío judicial, logró empañar el buen momento.

Pero, en enero de 2008, la industria automotriz enfrentó una nueva realidad: el cierre del mercado venezolano para los productos colombianos. La adopción por parte del gobierno Chávez de medidas para restringir el acceso a las divisas para la importación no lograron frenar la euforia.

Los desencuentros entre Chávez y Uribe, luego del ataque en la frontera con Ecuador a un campamento del guerrillero Raúl Reyes, marcaron a partir de marzo de 2008 un nuevo hito en la relación.

Sin embargo, en 2008, las exportaciones colombianas llegaron a los US$6.095 millones, en un ambiente cada vez más hostil para las compañías colombianas. Las diferencias se agudizaron y siguieron las amenazas, que tuvieron su episodio más fuerte el 28 de julio de 2009, cuando Chávez anunció que 'congelaba' la relación.

La nueva realidad comercial

Diez meses después de este episodio, las amenazas pasaron al plano de los hechos, provocando el cierre del mercado venezolano para miles de empresas colombianas que habían encontrado en ese país oportunidades para sus productos.

 Los peores pronósticos comenzaron entonces a hacerse realidad. Al cierre de 2009, la caída en las ventas a Venezuela llegaba al 33%, al pasar de US$ 6.092 millones en 2008, a US$ 4.050 millones en 2009.

 La caída en las exportaciones a Venezuela marcó el comportamiento de buena parte de las 5.000 empresas más grandes del país, particularmente las de sectores como textil-confección, cuero y calzado, maderas, muebles, ganadería y lácteos, materias plásticas, productos químicos y papel y sus manufacturas, entre otros.

 La 'tenaza' utilizada por el gobierno venezolano para cerrar las compras de productos colombianos incluyó varios elementos: desde el establecimiento de cupos de importación hasta medidas administrativas discrecionales como certificados y vistos buenos que, incluso, bloquean el comercio o impiden la asignación de divisas para su importación.

 Magdalena Pardo, presidente de la Cámara Colombo-Venezolana, señala que si bien era de esperarse una baja en las exportaciones al vecino país en 2009 por efectos de la crisis de la economía mundial, esta resultó peor de lo esperado "por una restricción discriminatoria contra Colombia" generada a raíz de la politización del comercio binacional.

 El presidente de Acicam -gremio que representa a los productores de marroquinería y calzado-, Luis Gustavo Flórez, afirma que "el bloqueo comercial impuesto por Venezuela el año pasado impactó de manera grave la industria del cuero: para señalar solo una cifra, mientras en 2007 se exportaban a ese país 6,6 millones de pares de zapatos, en 2009 solo se exportaron 956.831 pares".

 Este sector, al igual que el de confecciones, se ha visto afectado por el bloqueo a la emisión de certificados de Sencamer, el instituto venezolano encargado de certificar que los productos importados cumplen con las normas técnicas y de etiquetado.

Fernando Ávila, director de estudios económicos de la Federación Nacional de Avicultores (Fenavi), explica que el mercado venezolano, que representaba cerca de US$50 millones de exportaciones para el sector avícola todavía no se ha sustituido y, aunque este no era un mercado maduro, representaba una alternativa para los productores avícolas.

 No hay mucho que esperar

 En el primer trimestre de 2010, la situación comercial con Venezuela ha empeorado. Al cierre de marzo la caída en las ventas al vecino país llegó a 72,8%, de acuerdo con datos del Dane, lo que ha llevado a Venezuela a pasar del segundo lugar como destino para las exportaciones colombianas, con una participación del 18,4% de las ventas entre enero y marzo de 2009, al sexto puesto en 2010, con solo un 4,2%.

 Este negativo comportamiento se ha dado en medio de un crecimiento total de las exportaciones colombianas de 19%, lo que ha llevado a muchos analistas a señalar que de alguna manera los empresarios han logrado reemplazar el mercado vecino.

 Pero ¿cómo están reaccionando las empresas colombianas frente a esta nueva realidad? Fernando Ávila señala que el frenazo en el mercado vecino ha llevado a los empresarios avícolas a avanzar en un proceso para adaptarse a estándares internacionales y llegar a nuevos mercados internacionales.

 Luis Gustavo Flórez señala que paulatinamente las empresas del sector de cuero y calzado han ido buscando nuevos mercados. De acuerdo con este experto, empresas como Curtiembres de Itagüí y Curtiembres Búfalo, que en 2008 exportaban el 45% de su producción a Venezuela, hoy no venden ni un pie cuadrado de cuero a ese país. "Ahora destinan el 80% de sus ventas a China, Italia, Estados Unidos, Perú, México, Guatemala y Rusia".

 El vicepresidente de Analdex, Diego Rengifo, cree que si bien el Gobierno y los empresarios avanzan en un gran esfuerzo para lograr una diversificación de mercados, los resultados no pueden esperarse en el corto plazo. "Estamos haciendo la tarea, buscando nuevos mercados en Brasil, Centroamérica, Caribe y Asia, donde antes no se colocaba ningún producto no tradicional, pero esto no se logra de un día para otro", sostiene.

 Para los expertos, la perspectiva no parece mostrar mayores variaciones hasta que termine el proceso electoral. Magdalena Pardo cree que, por ahora, "no se puede esperar nada, el mismo presidente Chávez lo ha dicho, y es que desafortunadamente quiere esperar el cambio de Gobierno. A nosotros nos parece que, independiente de los gobiernos, el tema se debería arreglar porque el comercio está muy postrado".

 El tema electoral sin lugar a dudas terminará por definir el futuro comercial. En Colombia, porque se definirá el reemplazo de Álvaro Uribe, y en Venezuela, porque la elección de legisladores, prevista para septiembre, permitirá saber si Chávez mantendrá las mayorías en la Asamblea Nacional. El vencimiento del plazo de cinco años para mantener la Zona de Libre Comercio con los demás andinos es otro escollo, pues no hay negociación y el plazo vence en abril de 2011, cuando Venezuela no tendrá ninguna obligación de mantener el libre comercio con Colombia.

 Más allá de las elecciones, lo que muchos empresarios esperan es que el panorama político despeje el camino que por décadas ha seguido el comercio binacional.

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