| 3/30/2007 12:00:00 AM

Venezuela, cuál es la verdad

La incertidumbre en el sector privado venezolano crece y los empresarios salen a montar sus empresas en el extranjero. Entre tanto, Chávez busca la polarización de la población con medidas cada vez más extremas. El modelo económico está llegando a su límite.

"Usted sabe ¿por qué hay tanto venezolano en Bogotá?", pregunta Elmer Ávila, un pintor que expone sus cuadros en el mercado de las pulgas de Usaquén. "En las últimas semanas les he vendido cuadros a cinco venezolanos, y eso es raro. La mayoría de extranjeros que vienen por acá son chilenos y gringos". La percepción de Ávila es compartida por muchos colombianos que hoy reciben propuestas de negocios de empresarios venezolanos. En otro extremo del país, Tatiana Orozco, directora ejecutiva de Probarranquilla, cuenta que "desde 2003 hemos apoyado 53 empresas venezolanas en el desarrollo de agendas en la ciudad. De esas, atendimos 20 el año pasado. Se han instalado cuatro empresas y hay cuatro con la decisión tomada de ubicarse en Barranquilla, cuyas inversiones son superior a US$30 millones".

Discretamente, tratando de hacer el menor ruido posible, muchos empresarios venezolanos están estudiando la posibilidad de localizar sus actividades en otros países. Ismael Pérez, presidente ejecutivo de Conindustria (Confederación Venezolana de Industriales), afirma que: "sabemos que los empresarios se están yendo, pero no sabemos cuántos lo están haciendo". Informaciones de prensa en Venezuela hablan de 870 familias que se han establecido en Panamá este año. No son solo los empresarios locales quienes piensan en reubicarse, sino también lo hacen las multinacionales. Procter and Gamble, por ejemplo, está trasladando el manejo de algunas categorías de Caracas a Chile.

Un empresario del sector plástico, que decidió montar su plataforma de exportación a 53 países en Colombia y dejar en Venezuela únicamente la estructura indispensable para atender el mercado interno, explica su decisión: "El dólar oficial está estancado bajo el control de cambios desde hace más de dos años. Estamos subsidiando clientes en el exterior para no perderlos. Ya no es rentable exportar desde Venezuela". Este empresario considera que en los próximos meses habrá una ola de industriales venezolanos viniendo a Colombia, porque la incertidumbre en Venezuela ha tomado un nuevo carácter.

Las medidas que adoptó el gobierno de Hugo Chávez al comienzo de este año, que incluyeron nacionalizaciones de grandes empresas y el anuncio de una reforma constitucional que daría nuevos poderes al Presidente, han cambiado la forma como los empresarios venezolanos evalúan el largo plazo. El nuevo estado de ánimo es de temor. La mayoría de los inversionistas que han buscado invertir en Colombia ha puesto como condición para tratar con esa organización que se mantenga su identidad en secreto. Temen que si el gobierno venezolano se entera de que están trasladando parte de sus industrias a Colombia, tomaría algún tipo de acción en su contra, como cerrarles la importación de materia prima o dificultarles el acceso a divisas.

Dinero viajó a Caracas para conocer de primera mano qué está sucediendo con la clase empresarial en Venezuela. Empresarios, dirigentes gremiales, economistas, sociólogos y columnistas, hablaron con nosotros. Algunos de ellos quisieron dar su nombre, otros no. Es necesario advertir que fue imposible para esta revista hablar con fuentes del gobierno. A pesar de que se solicitaron citas por el canal oficial (el Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, que centraliza la información para la prensa extranjera) y se llenaron los formularios exigidos, no hubo respuesta. Esta actitud hacia la prensa es común, según corroboran los corresponsales extranjeros en Venezuela.

Como resultado de esta investigación, se revela el cuadro de un medio empresarial sumido en la incertidumbre. Hasta ahora, Chávez ha utilizado la ambigüedad como un efectivo instrumento de control político. Ha sido típico de él que un discurso extremista sea seguido por acciones más bien apaciguadoras, lo que había llevado a los empresarios a pensar que la situación no era extrema y que habría un espacio para ellos en un país dominado por la Revolución Bolivariana. Sin embargo, los anuncios de comienzos de este año y el temor al uso de instrumentos del Estado para administrar acciones en contra de empresarios percibidos como opositores, están llevando a muchos a replantearse su futuro en Venezuela.

Abundancia y escasez
La incertidumbre económica se siente antes de la primera entrevista, desde el momento en que el viajero logra salir del muelle internacional del aeropuerto de Maiqueitía, tras hacer una larga cola en inmigración. Las distorsiones que genera el control de cambios hacen parte de la vida cotidiana de ricos y pobres. Quien tiene acceso al mercado negro, hace un buen negocio. Quien tiene que sujetarse a la tasa oficial, pierde plata. Un taxista se acerca para ofrecer el servicio hasta Caracas y de paso promociona, con el mayor sigilo, el cambio de dólares. Sin embargo, la desconfianza que llevó a contratar un servicio de transporte particular desde Bogotá, como aconsejan los caraqueños, obliga también a aceptar los $2.150 bolívares del cambio oficial en el aeropuerto. El taxista, que ofrecía $3.000 bolívares por dólar, puede vender después los dólares a $3.900 bolívares, la tasa paralela.

El viaje hasta Caracas dura dos horas, pues la vía expresa sigue suspendida mientras se construye un nuevo puente para reemplazar al que se cayó. Los carros y camiones tienen que circular por una carretera que en algunos tramos se reduce a un carril. La charla con el conductor tiene como tema la extraña mezcla de abundancia y escasez que vive Venezuela. La gente tiene plata en el bolsillo, pero no consigue lo que busca. Hay escasez de alimentos básicos como azúcar blanca, carne, pollo y, lo peor de todo, caraotas, los fríjoles venezolanos que son parte de la dieta diaria de millones de personas. El gobierno ha tenido que importar, ante la ausencia de producción nacional. Todo está carísimo. El tráfico en la ciudad es imposible, debido al aumento en la venta de vehículos (en 2006 se vendieron 343.352 vehículos, 50,3% más que en el año anterior, y quien quiere un carro nuevo debe esperar meses para la entrega). La inflación llegó a 17% el año pasado y en 2007 se espera que cierre en un nivel similar.

El problema es que "la capacidad adquisitiva no corresponde con la capacidad productiva", como dice Ismael Pérez, presidente ejecutivo de Conindustria. De hecho, las importaciones pasaron de USS$17,3 millardos en 2004 a US$32,2 millardos el año pasado, en un intento por compensar la falta de producción nacional.

La incertidumbre se nota en la calle. Los empresarios que hablan con Dinero piden reserva absoluta de sus nombres y limitan la conversación telefónica al mínimo indispensable. Hay un sentimiento generalizado de temor entre ellos por el futuro y, sobre todo, por las posibles represalias que pueda generar un pronunciamiento en contra del presidente Chávez. Nadie se atreve a dar ejemplos de represalias, pero todos temen que un comentario desfavorable sea seguido por una auditoría de la administración de impuestos o de la oficina del trabajo. "El sector público tiene mayor ingerencia y poder coercitivo frente a los empresarios", explica Moisés Bittán, expresidente de la Cámara de Integración Económica Venezolano Colombiana, quien se retiró para vincularse a la campaña de Manuel Rosales, el candidato opositor a Chávez.
Una encuesta realizada por Datanálisis, una de las principales firmas de investigación de mercado en Venezuela, muestra que el 53,7% de los encuestados siente algún grado de temor de expresar sus opiniones políticas, mientras que solo el 37,6% considera que habrá mucha libertad para expresar sus opiniones el próximo año.

La charla cotidiana vuelve al tema en forma recurrente. Entre las familias de estratos altos en Caracas, se habla de lo que va a ocurrir cuando se cierre el actual año escolar. El anuncio del presidente Chávez de imponer un permiso del gobierno para que los menores de edad puedan salir del país, ha prendido las señales de alerta. Muchos preparan la salida de sus hijos de Venezuela tan pronto cierren el año académico, especialmente en los casos de los muchachos que terminan el bachillerato y se preparan para entrar a la universidad. El plan es lograr que estudien en el exterior y, si pueden, se queden allá. El éxodo de jóvenes que cuentan con altos niveles de educación es uno de los grandes costos que enfrenta Venezuela en esta etapa. "El costo para el país de la emigración de la generación joven es incalculable. Los jóvenes tienen una alta probabilidad de no volver jamás", alerta Raúl Maestres, Senior Client Partner de Korn/ Ferry Internacional.

La incertidumbre
Las medidas anunciadas por Chávez en enero, cayeron como un baldado de agua fría sobre una clase empresarial que, la verdad sea dicha, se había adaptado bastante bien a la situación.

Los resultados económicos tenían felices a los empresarios. La economía venía creciendo por encima del 10% anual desde 2004; el consumo creció 18% el año pasado y los empresarios estaban incrementando sus inversiones. De hecho, la formación bruta de capital fijo en la economía creció 27% en 2005 y 30% en 2006. Juan Vicente Zerpa, country manager de IPSOS, una prestigiosa firma de investigación de mercados, afirma que "muy pocos de mis clientes estuvieron por debajo de sus objetivos en 2006. La sensación de éxito de 2006 fue extraordinaria y la situación no ha variado". En el primer trimestre de 2007 aumentó casi el doble la cantidad de estudios de evaluación de nuevos productos y conocimiento del cliente encargados a IPSOS, frente a igual período del año anterior. Por su parte Paul Van Hauw, de Poli-Química, empresa distribuidora de materias primas para la industria química, corrobora esta visión "Las ventas crecen de manera bárbara, los clientes pagan mejor que antes", afirma.

En muchos sentidos, el gobierno de Chávez no había sido particularmente diferente de sus antecesores desde el punto de vista económico. Quienes han manejado negocios en el largo plazo en Venezuela, saben que buena parte del éxito en ese país consiste en aprovechar al máximo las bonanzas petroleras y acumular durante ellas, para luego poder soportar las crisis que vienen cuando cae el precio del hidrocarburo.

La forma como se maneja la actual bonanza no es distinta de la tradición en Venezuela. "La euforia consumista actual es muy parecida a la que ocurrió en el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, donde hay más autos lujosos y el comercio es floreciente. Hay una sensación de piñata, de que hay que agarrar al máximo, sobre todo en el sector comercial y de servicios, donde se concentra la mayor euforia económica, antes de que venga la crisis", explica el sociólogo venezolano Tulio Hernández.

Incluso, la estatización de las actividades productivas tampoco es nueva. Como lo explica Efraín Velásquez, presidente del Consejo de Economía Nacional, "lo que está ocurriendo es una profundización de un modelo económico que se ha utilizado en Venezuela desde la década de los 70, donde las decisiones económicas están en el poder de financiamiento del Estado".

Sin embargo, los anuncios del Presidente al iniciar el año trajeron un cambio radical en el estado de ánimo. "El empresariado estaba listo para hacer grandes inversiones después de la elección de Chávez, pero aparecieron los decretos de estatización de CANTV y Electricidad de Caracas, y se frenó el ambiente de inversión", explica José Antonio Gil Yepes, presidente de Datanálisis.

Lo que resulta más inquietante para los empresarios es la forma como Chávez está utilizando algunas leyes, en especial las tributarias y las laborales, para hacer sentir su presencia. Estas leyes buscan reducir la evasión de impuestos y actualizar las normas de seguridad industrial. El problema de fondo no está en la intención de las leyes, sino en vacíos en su redacción que dan un amplio margen de interpretación a las agencias del Estado encargadas de vigilar por el cumplimiento de las normas y, de esta forma, se convierten en una "espada de Damocles", como las bautizó un empresario que pidió a Dinero mantener su nombre en reserva. La percepción es que la administración de impuestos es particularmente severa en auditorias a los contradictores del gobierno. "Una de las cosas que tenemos que lograr es que la relación entre sector privado y público no sea antagónica, de suspicacia, de recelo. Tenemos que trabajar juntos", advierte Antonio Herrera-Vaillant, dueño de ICAN, empresa de relaciones públicas corporativas y responsabilidad social corporativa que se acaba de incorporar a Colombia como afiliada al grupo Ogilvy.

Adicionalmente, la creación de esquemas de cogestión en las compañías (asociación entre el propietario de la compañía y cooperativas de trabajadores), empresas de promoción social (son las que asumen un compromiso social en las zonas donde operan) y cooperativas, son miradas con desconfianza por el empresariado tradicional, así como el anuncio de nuevas formas de propiedad. Finalmente, medidas como la inamovilidad laboral, que impide despedir a trabajadores que ganen menos de dos salarios mínimos básicos; el control de precios; y el aumento del salario mínimo, que creció el 30% nominal en 2003 y 2004, y alrededor de 26% los dos últimos años, generan sobrecostos.

A la luz de la nueva actitud del gobierno, las preocupaciones por el futuro de la economía aumentan en importancia. Todos saben que la bonanza actual es pasajera. A pesar de los petrodólares, el gasto fiscal incontrolado hace que el modelo económico actual sea insostenible y se anticipan problemas en el futuro. De acuerdo con la Cámara de Comercio e Integración Colombo Venezolana, el gasto público ha crecido 51,4%, mientras que los ingresos tan solo lo han hecho 40,3%. La presión del gasto estimula la inflación, que es, de lejos, la más alta de América Latina.

En la medida en que el precio del petróleo haya encontrado una estabilidad en niveles inferiores a los de los dos años anteriores, el modelo económico de Chávez va a sufrir. El control de cambios mantiene el bolívar en un nivel artificial, pero una devaluación de la cotización oficial es inevitable y probablemente ocurrirá en el año 2008. Además, el déficit se ha financiado con crédito externo e interno, pero las condiciones de endeudamiento serán menos favorables en el futuro debido a la decisión de Standard & Poor´s de reducir la perspectiva de las emisiones de Venezuela de positiva a estable, después del anuncio de la nacionalización de empresas.

La inseguridad jurídica y económica explica por qué, a pesar del crecimiento económico, la mayoría de empresas solo está invirtiendo lo indispensable para aprovechar el boom de consumo actual. "En Venezuela las inversiones son defensivas para mantenerse en el mercado, pero no para generar más empleo", advierte Ismael Pérez, de Conindustria. "Las empresas están migrando de industriales a comerciales, porque ante la incertidumbre, la movida económica correcta es no invertir, pues no se sabe qué va a pasar de aquí a 5 o 10 años. En cambio, migrar a capital de trabajo solo tiene el riesgo de tener inventarios", afirma Guido Conterno, vicepresidente ejecutivo de El Universal. "Algunos inversionistas están mudando la teneduría de sus inversiones a través de holdings en otras jurisdicciones, ya sea creadas para ese propósito específico o consolidándolas con otras ya existentes", señala Guillermo de la Rosa, abogado socio de la firma Torres Plaz & Araújo.

Por su parte, la pequeña y mediana empresa se siente mejor tratada que en gobiernos anteriores. "Hay un ascenso de la pyme. Las tasas de interés, el financiamiento, la asistencia técnica. Hay muchas normas que apuntan a fortalecer el número de pyme. La política del gobierno es fortalecer el capital nacional y la pyme, no el monopolio ni el oligopolio", argumenta Miguel Pérez, presidente de Fedeindustria.

La política
Por todo lo anterior, lo que ocurra en el frente político en los próximos meses será decisivo para la estabilidad de Venezuela.

Chávez ha manejado como un maestro la ambigüedad en sus planteamientos para mantener el dominio de la situación política. La bonanza económica le permitió neutralizar la clase empresarial, mientras se ganaba el apoyo de las clases populares. "La oposición subestimó a Chávez. Es un excelente político. Su juego es presentarse como socialista y luego como todo lo contrario. Su discurso es contradictorio, pero exitoso. La oposición no sabe si se enfrenta a un dictador o a un demócrata", señala Fausto Andrés Maso, columnista de El Nacional.

Las llamadas Misiones, que son programas asistencialistas basados en el gasto público, han sido esenciales para mantener el apoyo popular al Presidente. Se trata de programas médicos, educativos y de alimentación que dan ayuda directa a las clases populares. La misión de educación, por ejemplo, remunera a quienes asistan a los cursos que allí se dictan, lo que le representa un ingreso adicional a cada uno de los participantes. Como ventaja para el Presidente, las misiones funcionan por fuera de las instituciones tradicionales del Estado y dependen directamente de su despacho.

El resultado es una polarización en el estado de ánimo. Una encuesta de Datanálisis muestra cómo los estratos bajos se sienten hoy más tranquilos, alegres y satisfechos, y tienen mayor confianza, paz y seguridad, que los estratos altos (ver gráfico). Por su parte, las familias de mayor poder adquisitivo sienten más desconfianza, tristeza, angustia, miedo, frustración y rabia que las familias pobres.

"Chávez ha logrado darle a la gente pobre orgullo y valor. Todos los días les demuestra que se interesa por ellos", advierte Fausto Andrés Maso. "El hombre y la mujer de la calle que logran beneficios de la misión, están contentos. A ellos no les interesa la incertidumbre, pero sí los servicios del Estado como seguridad, facilidad de conseguir vivienda, educación, alimentos y los productos de consumo masivo", señala Edmon J. Saade, presidente de la Junta Directiva de Datos, una reconocida firma de investigación de mercados que acaba de comprar el 50% de Tempo, en Colombia.

La mayor polarización y los nuevos planteamientos del presidente Chávez han transformado también la evaluación de la situación política. Cuando la oposición decidió marginarse de las elecciones parlamentarias por falta de garantías (lo que hoy lamentan), le entregó la Asamblea a los chavistas. Eso fue determinante para que el Presidente lograra las atribuciones que tiene hoy, que incluyen la posibilidad de legislar directamente sobre distintos temas a través de la ley habilitante y hacer una reforma constitucional a puerta cerrada. Para nadie es un secreto que Chávez quiere la reelección indefinida. "La situación es muy diferente a la de hace 5 años. En ese entorno había oposición. Hoy, la Asamblea es afecta al gobierno y hay una avanzada en el dominio de todos los poderes públicos", explica Moisés Bittán.

En este escenario, Chávez enfrenta una carrera contra el tiempo para consolidar su proyecto. Los precios del petróleo dejaron de aumentar, mientras que el de-

saforado gasto público llevará a que el modelo económico entre en problemas. En algún momento la incoherencia de la economía hará que los programas asistencialistas, que hoy son el fundamento del apoyo popular, pierdan eficacia.

De hecho, el impacto real de esos programas es hoy cuestionable. La escasez de alimentos y la inflación causada por el gasto público son muestras de los problemas, pero hay más. Los economistas Daniel Ortega, Francisco Rodríguez y Edward Miguel han mostrado cómo los programas de la Misión Robinson (la misión de alfabetización, realizada con el apoyo de Cuba) no han tenido prácticamente ningún efecto sobre los niveles de alfabetización de la población, al mismo tiempo que han implicado costos muy superiores a los estándares internacionales. Una estimación conservadora de los costos los ubica en US$536 por estudiante. Entre tanto, un estudio de la UNESCO en 29 países estimó el costo de programas de alfabetización exitosos en niveles que van de US$30 en Asia y US$61 en América Latina.

El problema es que el apoyo popular a Chávez es más pragmático que ideológico. Una encuesta reciente de Hinterlaces, donde cerca de tres cuartas partes de la muestra correspondían a estratos populares, encontró que 69% de la muestra no está de acuerdo con la nacionalización de las empresas de servicios públicos. La experiencia histórica de los usuarios no ha sido positiva cuando el gobierno se encarga de esos servicios. El 45% de los entrevistados no están de acuerdo con el planteamiento socialista, mientras que el 33% lo soporta y el 22 no ha definido su opinión. En suma, el apoyo a Chávez está directamente ligado a su capacidad para entregar resultados en términos de mejor calidad de vida a las clases populares.

Con los anuncios de comienzos de año, el presidente Chávez dio un paso decisivo en la búsqueda de su modelo socialista. Esta definición le puede resultar costosa en términos de la actividad económica y la inversión privada, la cual es indispensable para mantener el crecimiento de la economía. A su vez, una economía pujante, donde sea posible gastar en programas asistencialistas, es fundamental para mantener el apoyo popular. La contradicción en que se ha metido el gobierno es evidente.

A medida que descienda el dinamismo económico, Chávez tendrá que tomar una nueva decisión: o busca tender de nuevo puentes hacia los empresarios, para mantener la salud de la economía, o se lanza en una cruzada de polarización definitiva, buscando apuntalarse en las emociones de las clases populares y en un cambio extremo del modelo económico y político, para sobrevivir en medio del desajuste económico. Lo mejor para todos sería el primer camino. Sin embargo, es posible que cuando quiera buscar a los empresarios, no los encuentre, pues a muchos de ellos se les habrá acabado la paciencia y capacidad de soportar la incertidumbre a que los ha sometido el actual modelo económico.
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