| 9/16/2005 12:00:00 AM

Vehículos

La presencia de las marcas más importantes, en el sector automotor colombiano, permitió el desarrollo de una industria con estándares universales en producción y administración.

Durante los años 50, el país fue testigo de muchos acontecimientos trascendentales. En ese entonces, la menor disponibilidad de divisas para importación, producto de la caída en los precios del café, fortaleció la implementación de una política de sustitución de importaciones y dio vida a varias industrias locales. Sin embargo, hubo una en particular que aparte de lograr su objetivo inicial terminó por enseñarles a los colombianos las mejores prácticas internacionales de producción masiva y de administración: la automotriz. Y todo porque nació bajo la supervisión directa de grandes multinacionales.

La complejidad de este negocio hizo indispensable desde un comienzo la presencia en el país de reconocidas marcas mundiales, pues solo con su aporte tecnológico, económico y de infraestructura era posible ofrecer al mercado colombiano productos de la misma calidad, desarrollo y características de los que poco a poco ya habían llegado del exterior durante la primera mitad del siglo XX.

Pero faltaba la coyuntura y se dio en 1956. Durante el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla, los incentivos tributarios para las industrias que consumieran material producido por Acerías Paz del Río, y la tendencia reinante hacia buscar y facilitar la sustitución de importaciones motivaron a un grupo de empresarios locales, liderados por Germán Montoya Vélez, a iniciar el ensamble de vehículos en el país. El 27 de julio de ese año fundaron la Fábrica Colombiana de Automotores (Colmotores).

De entrada, suscribieron un contrato con British Motor Corporation para producir con sus mismos estándares los camiones Austin para carga de 2,5 y 6 toneladas. Lo propio hizo la segunda ensambladora -fundada en 1960 y que años después se convirtió en la Compañía Colombiana Automotriz (CCA)-, ensamblando diferentes modelos del Jeep Willys, los camiones International y los automóviles Peugeot.

Así, iniciaron una historia de presencia multinacional en Colombia que a pesar de los altibajos del mercado interno ha logrado mantenerse por casi 5 décadas. "La empresa es colombiana en su idiosincrasia, pero el joint venture ha sido la base de su progreso", afirmaba hace unos años Germán Montoya, de Colmotores.



Socios estratégicos

El marcado proteccionismo estatal a la industria automotriz local fue una constante por varias décadas. Sin embargo, durante esos primeros años, esta práctica no fue garantía suficiente para la supervivencia de las compañías del sector automotor que hasta ese momento eran controladas por socios nacionales, los cuales no tenían la capacidad de inversión y exposición al riesgo requerida por este negocio. Las multinacionales, en cambio, no solo sí tenían esa capacidad sino que descubrieron en Colombia un mercado interesante por su naturaleza cerrada y poco desarrollo, y decidieron abordarlo de manera más directa.

Primero llegó Chrysler como accionista mayoritario de Colmotores (1965); luego, Renault entró como socio de Sofasa -la tercera ensambladora del país- (1969); después Fiat hizo lo propio en la CCA (1973) y General Motors en Chrysler Colmotores (1979), y por último Mazda compró acciones de la CCA (1983) y Toyota, de Sofasa Renault (1989).

Con el tiempo, el proteccionismo fue disminuyendo y dio paso a una competencia más abierta e internacional, que también ha permitido el contacto de los ejecutivos colombianos con las mejores prácticas mundiales de comercialización, posventa y servicio al cliente, traídas tanto por los ensambladores -ante la creciente competencia- como por los importadores de vehículos. "La tendencia clara hacia la globalización permite hoy que en Colombia se ofrezcan prácticamente todas las marcas conocidas en el mundo, con redes de servicio y repuestos que en la mayoría de los casos son adecuadas", afirma Carlos Manrique, gerente de Motorysa.

Incluso, una multinacional como el grupo Daimler Chrysler decidió hace unos años operar directamente en el mercado colombiano, importando sus vehículos de marcas Mercedes-Benz, Jeep, Chrysler y Dodge, entre otros. "El respaldo es clave y nuestra red está entrenada con estándares mundialmente avalados. En los últimos 3 años, hemos invertido en el país $15.000 millones; hoy tenemos 360 empleados y nuestro enfoque estratégico es el servicio al cliente, pues sabemos que solo así tendremos más éxito que nuestros competidores", anota Patricio Stocker, presidente de Daimler Chrysler Colombia.

El aporte de las multinacionales del sector a las empresas del país es indudable. Y eso sin contar el desarrollo que han generado en industrias afines como la de autopartes. Sin duda, son y seguirán siendo el motor de este negocio.
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